Kenji Nakamura (*)
De una profesión impensada a un servicio cada vez más
aceptado
Si alguien hubiera imaginado esta situación hace cincuenta o sesenta años, probablemente habría generado sorpresa o incluso rechazo social. En las décadas de 1950, 1960 e incluso buena parte de los años 70, la idea de que un hombre se dedicara profesionalmente a brindar masajes a mujeres fuera de un hospital, una clínica o un consultorio médico habría sido vista con desconfianza en gran parte de Occidente.
Las costumbres sociales de la época eran muy diferentes. El
contacto físico entre personas de distinto sexo estaba rodeado de fuertes
prejuicios culturales y morales. En muchos países, una mujer difícilmente
hubiera acudido sola a un gabinete donde un hombre le realizara un masaje, y un
profesional que ofreciera ese servicio habría encontrado importantes barreras
para desarrollar su actividad.
Con el paso de las décadas, la sociedad comenzó a
transformarse. La incorporación masiva de la mujer al mundo laboral, el
crecimiento de la industria del bienestar, la difusión de disciplinas como la
fisioterapia, la masoterapia y las técnicas orientales de relajación, junto con
una mayor igualdad entre hombres y mujeres, modificaron profundamente la
percepción de esta actividad.
Hoy, en ciudades como Buenos Aires, Madrid, Londres, Nueva
York o Sídney, resulta cada vez más habitual encontrar hombres que trabajan
como masajistas atendiendo a clientas. Para muchas personas, el criterio
principal ya no es el sexo del profesional, sino su formación, experiencia,
ética y capacidad técnica.
Al mismo tiempo, internet y las redes sociales han dado
visibilidad a una amplia variedad de servicios. En ese contexto conviven la
masoterapia estrictamente profesional con otras propuestas orientadas al
entretenimiento o a experiencias para adultos, lo que hace necesario distinguir
claramente entre unas y otras para evitar confusiones.
Más allá de estas diferencias, el crecimiento de hombres
dedicados a la masoterapia para mujeres constituye un ejemplo de cómo las
profesiones evolucionan junto con la sociedad. Lo que décadas atrás podía
parecer impensable, hoy forma parte de una realidad cotidiana en muchas de las
grandes ciudades del mundo occidental.
Durante décadas, la imagen tradicional del masajista estuvo
asociada, en muchos casos, a mujeres atendiendo tanto a hombres como a mujeres.
Sin embargo, en los últimos años ha comenzado a consolidarse una tendencia
diferente: el crecimiento de hombres que se dedican profesionalmente a brindar
masajes exclusivamente a mujeres.
Lejos de tratarse de una curiosidad pasajera, esta actividad
se ha expandido en muchas ciudades donde numerosos profesionales ofrecen
servicios de masoterapia, relajación muscular, masajes deportivos, terapéuticos
y de bienestar orientados al público femenino.
Especialistas en bienestar sostienen que el fenómeno
responde a una transformación social. Muchas mujeres buscan profesionales con
sólida formación técnica, sin importar su género, mientras que otras
manifiestan sentirse más cómodas con la fuerza física que algunos masajistas
pueden aplicar en tratamientos descontracturantes o deportivos.
Al mismo tiempo, cada vez más hombres eligen estudiar
carreras vinculadas a la estética, la rehabilitación física y la masoterapia,
rompiendo antiguos estereotipos laborales.
En la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense han proliferado centros de estética, spas y consultorios donde trabajan masajistas varones atendiendo principalmente a clientas. Muchos desarrollan además su actividad de manera independiente, ofreciendo atención a domicilio o en gabinetes privados.
Quienes ejercen esta actividad destacan la importancia de la
formación académica, la higiene, el respeto por la privacidad de las personas y
el cumplimiento de estrictas normas éticas.
En la mayoría de los casos se trata de profesionales
certificados en masoterapia, kinesiología, técnicas orientales o tratamientos
corporales, cuya finalidad es mejorar el bienestar físico y emocional de
quienes los consultan.
El envejecimiento de la población, el aumento del estrés
laboral, el sedentarismo y la creciente preocupación por la salud física hacen
prever que la demanda de masajes terapéuticos continuará creciendo durante los
próximos años.
En ese contexto, la presencia de hombres dedicados
profesionalmente a atender mujeres ya forma parte del paisaje cotidiano en
muchas ciudades occidentales. Más que una novedad, representa el reflejo de una
sociedad donde las profesiones dejan de estar condicionadas por el género y
pasan a valorarse por la capacitación, la experiencia y la confianza que
inspiran.
En definitiva, la masoterapia es hoy una actividad en plena
evolución. La incorporación de hombres especializados en la atención de mujeres
constituye una muestra más de cómo cambian las relaciones laborales y los
servicios vinculados al bienestar, en una sociedad que privilegia cada vez más
la profesionalidad por encima de los antiguos prejuicios.
Cuando el servicio trasciende el masaje
Aunque la inmensa mayoría de los profesionales ofrece
exclusivamente masajes terapéuticos, deportivos o de relajación, también existe
un segmento del mercado donde algunos prestadores anuncian experiencias de
carácter más íntimo para personas adultas, siempre que exista consentimiento
mutuo y dentro del marco legal aplicable en cada jurisdicción.
Las plataformas digitales y las redes sociales han
facilitado la difusión de este tipo de ofertas, que suelen diferenciarse
claramente de la masoterapia profesional y de los servicios brindados por
kinesiólogos, fisioterapeutas o masajistas matriculados. Por ello, quienes
buscan un tratamiento con fines terapéuticos o de bienestar deben verificar la
formación del profesional y el tipo de servicio que contratan.
Este fenómeno refleja la diversidad de ofertas que hoy
conviven en las grandes ciudades occidentales y la importancia de distinguir
entre un servicio de salud o bienestar y otros de naturaleza diferente, para
evitar confusiones tanto para los profesionales como para los clientes.
(*) Kenji Nakamura es periodista especializado en tendencias sociales, cultura contemporánea y transformaciones urbanas. Formado en Ciencias de la Comunicación en Japón, ha colaborado con diversos medios internacionales analizando los cambios culturales en Asia, Europa y América. Desde 2026 integra el equipo de colaboradores de Magazine Observador, donde escribe sobre fenómenos sociales, nuevas profesiones, innovación y estilos de vida, aportando una visión comparativa e internacional basada en la investigación periodística.
