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24 marzo 2026

JAIME LUIS ENRIQUE PERRIAUX: EL IDEOLOGO DETRÁS DEL GOLPE DE 1976

Por Aurelio Nicolella

Cuando se habla de que el golpe de estado que sufrió la Republica Argentina en 1976 no fue un golpe cuartelero, sino que intervinieron muchos personales ajenos a lo castrense como el caso de Jaime Luis Enrique Perriaux nacido en 1920, fue un abogado y pensador argentino cuya influencia combinó lo intelectual con lo político, dejando una marca profunda y polémica en la historia del país. Discípulo del filósofo español José Ortega y Gasset, Perriaux desarrolló un pensamiento político conservador y de derecha, centrado en la idea de ordenar la sociedad argentina según líneas que él consideraba “racionales y modernas”.

Aunque sus cargos públicos se concentraron entre 1970 y 1971, Perriaux mantuvo influencia decisiva en la planificación y orientación del golpe de 1976 y en los primeros años del Proceso de Reorganización Nacional.

Su obra más conocida, “Las Generaciones Argentinas”, analiza la historia y evolución de la sociedad argentina a través del concepto de generaciones. Perriaux sostiene que los grupos de individuos nacidos en distintas épocas poseen valores, hábitos y visiones del mundo particulares, y que estas diferencias determinan el rumbo político, económico y cultural del país. Desde su perspectiva conservadora, critica lo que él consideraba decadencia de ciertas generaciones y propone un orden social basado en autoridad, disciplina y liderazgo intelectual, reflejando su intento de conectar pensamiento filosófico con planificación política y social.

En 1949, en Madrid, conoció al filósofo Julián Marías, con quien mantuvo una profunda amistad, consolidando su formación filosófica y su capacidad de articular ideas en torno a la política y la economía.

Tuvo u rol en el poder de facto de Argentina, así Perriaux fue Ministro de Justicia durante la presidencia de facto de Roberto Levingston (1970-1971) y continuó en el cargo bajo Alejandro Lanusse. Más allá de su gestión formal, su verdadera influencia radicó en el liderazgo del “Grupo Perriaux”, un núcleo de empresarios, técnicos y pensadores que orientó políticas económicas y sociales, acercándose a militares que compartían su visión, entre ellos Jorge Rafael Videla, quien más tarde se convertiría en presidente durante la dictadura.

Es considerado, aunque pocas personas lo reconozcan como el ideólogo del golpe cívico-militar-eclesiástico de 1976, Perriaux promovió la articulación de sectores civiles y militares para consolidar un cambio de régimen. Entre sus propuestas más controversiales se encuentra la llamada “Cámara del Terror”, un proyecto que planteaba la creación de tribunales especiales para juzgar a militantes políticos y opositores con procedimientos sumarios y penas extremas, incluyendo la muerte. Este proyecto anticipaba muchas de las políticas de terror estatal aplicadas durante la dictadura.

UNA DEMOCRACIA FORJADA EN LA DERROTA Y LA URGENCIA

Por Aurelio Nicolella

A lo largo del siglo XX, Argentina atravesó una serie de rupturas políticas y económicas que marcaron profundamente su desarrollo. Entre los episodios más citados como puntos de inflexión se encuentran el golpe de Estado de 1930, el de 1955, el de 1966 y la crisis económica conocida como el “Rodrigazo” de 1975. Analizar estos hitos permite entender cómo se fue configurando un ciclo de inestabilidad institucional y deterioro económico.

El primer gran quiebre se produjo con el Golpe de Estado en Argentina de 1930, que derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen. Este hecho inauguró la intervención sistemática de las Fuerzas Armadas en la política. A partir de allí, se debilitó el orden democrático y se consolidó una lógica de poder basada en la proscripción, el fraude electoral y la tutela militar. Además, coincidió con el impacto de la crisis mundial de 1929, lo que agravó la situación económica del país.

El segundo hito clave fue el Golpe de Estado en Argentina de 1955, que expulsó del poder a Juan Domingo Perón. Este episodio no solo interrumpió un proceso político con fuerte base social, sino que también profundizó la polarización. La proscripción del peronismo durante casi dos décadas generó un sistema político incompleto, incapaz de canalizar plenamente la representación popular, lo que derivó en conflictos recurrentes y falta de estabilidad.

El Golpe de Estado en Argentina de 1966, encabezado por Juan Carlos Onganía, buscó instaurar un modelo autoritario de largo plazo que eliminara la competencia política. Se intervino la universidad (como en la “Noche de los Bastones Largos”) y se reprimió la actividad sindical y estudiantil. Este período deterioró aún más la vida institucional y alimentó la radicalización política, sentando las bases para la violencia de los años siguientes.