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16 julio 2021

EL VERDADERO FIN DE LA REVOLUCIÓN CUBANA LA CONSTITUCIÓN DE 1940

Por Aurelio Nicolella

El destino primordial y poco difundido de la llamada Revolución Cubana era reimplantar la Constitución de tinte liberal-progresista de 1940, que había estado vigente hasta 1952 cuando Fulgencio Batista tomó el poder el 10 de marzo de 1952. Se la llamaba la “Constitución de la Cuba Libre” ya que reemplazó a la Constitución de 1901 impuesta por los Estados Unidos. Ampliamente considerada una de las constituciones más progresistas de su época, contenía elementos como la reforma agraria, educación pública, salario mínimo y otros programas sociales.

El dictador Batista para ser ver que no se perpetuaria en el poder, llama a elecciones y en junio de 1952 Fidel Castro Ruz se presentó para ser diputado por una rama del Partido Ortodoxo (de tendencia liberal) lo hizo como independiente y por la circunscripción de La Habana, aunque fue elegido el  Golpe de Estado del general Fulgencio Batista anuló dichas elecciones, no pudiendo asumir su cargo de diputado, lo que produjo que iniciara una férrea oposición a este llegando a tomar las armas, quedando arrestado en el Asalto al Cuartel Moncada en 1953 y que fuera amnistiado meses después de su arresto por la dictadura de Batista y partiendo al exilio en México donde concreto alianza con lo más variopinto del espectro político opositor a Batista.

En 1953, el manifiesto de Fidel Castro "La Historia me Absolverá" declaró la restauración de la constitución de 1940 como uno de los principales objetivos de su movimiento revolucionario, también lo dijo en 1957 en el "Manifiesto de la Sierra Maestra" su intención de restaurar dicha constitución, si lograban derrocar la Dictadura de Batista.​ Pero Fidel Castro jamás cumplió esa promesa.

Pero los comandantes que acompañaron el inicio y el trayecto de la Revolución Cubana hasta su triunfo entre ellos Camilo Cienfuegos (desaparecido trágicamente durante los primeros años de la revolución), Rubén Matos (detenido y condenado a prisión por oponerse al giro que tomaba hacia la izquierda la revolución), Frank País, Abel Santamaría y el propio Fidel Castro, nunca pensaron en convertir a Cuba en un país comunista; en cambio Raúl Castro y Ernesto Guevara  tenían un pensamiento de orientación marxista que a la larga con el tiempo se fue imponiendo por las circunstancias de la época y por ganar mas poder estos últimos.

29 enero 2021

EL JUSTICIALISMO Y SU CULTO A LA PERSONALIDAD

Por Aurelio Nicolella

Siempre llama la atención que se autodenominen peronistas y no justicialistas, que es el nombre del partido, el movimiento y/o la doctrina. Esto se debe al gran poder del “culto a la personalidad” que subsiste y es producto de una conducta de adoctrinamiento. Lo mismo pasa en Venezuela: se dice “chavista” pero, ¿alguien sabe cómo se llama el partido político que fundó Hugo Chávez? Lo mismo sucede con Fidel Castro y el “castrismo” en Cuba, donde recién en 1965 se creó el Partido Comunista Cubano.

Algo parecido sucedió con el justicialismo: primero se llamó Partido Laboral, luego Partido Peronista y en 1946 Partido Único de la Revolución. Esto último lleva a que en las Naciones Unidas, luego de la derrota a los partidos fascistas, se intentara un nombre alternativo porque "Partido Único" daba reminiscencias de los partidos autoritarios vencidos en Europa y Japón en la Segunda Guerra Mundial, y desde 1945 la Unión Soviética se oponía férreamente a que Argentina fuera participante de dicha organización y cualquier situación era aprovechada para pedir la exclusión de nuestro país. 

El culto a la personalidad tiene como propósito reforzar la posición política del “líder”. Así llega la “liturgia”: las prácticas y bondades del culto sobre el “líder” que se prolongan pese al transcurso del tiempo, haciendo que el “líder” continúe vigente junto con sus frases, hechos, acontecimientos; todos ellos interpretados de manera positiva para ser ensalzados y repetidos continuamente, y por contrario rechazados aquellos que son contrarios a la imagen del “líder” y su movimiento, así, por ejemplo, los mensajes tan fuertes y descalificadores de Perón a sus seguidores los dos meses que siguieron a la Masacre de Plaza de Mayo no existieron o no son mencionados en la “liturgia”.

Sostener así el nombre del “lider” como pertenencia a un grupo colectivo en este caso político se utiliza como medio para cohesionar al grupo, mantenerlo unido o, como se dice en la jerga política, “acorralados”, ya que aunque el líder no esté su heredero político es su sucesor, al mejor estilo de las monarquías absolutistas. 

El mismo Juan Domingo Perón echaba mano a este recurso y etiquetaba a sus adherentes como peronistas. Tenía la capacidad para saber que de esta manera coaccionaba a su tropa y seguidores haciéndolos leales a su causa.
Todos los gobiernos de color peronista sean de derecha o centro izquierda también echaron mano a este recurso y lo siguen utilizando tanto a nivel nacional, provincial y municipal. Esto aconteció durante mucho tiempo con la interminable intendencia de Manuel Quindimil en Lanús: la “liturgia” lo ensalza pero nadie se atreve a comentar en el ámbito del partido que, después de producido el golpe militar de 1976, siguió siendo intendente y juró por el “Estatuto del Proceso de Reorganización Nacional”. Durante dicho periodo se produjo la peor masacre dentro del Municipio de Lanús contra adeptos de su propio partido en lo que se llamó “La Noche Negra de Escalada”.