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10 abril 2020

UN VIAJE A LA RUMANIA COMUNISTA DE CEAUSESCU

Por Aurelio Nicolella

El pueblo no renuncia nunca a sus libertades sino bajo el engaño de una ilusión. (Edmund Burke, 1729-1797, (escritor y político irlandés)

En la Rumania Socialista del Dictador Nicolae Ceausescu (*), la que él mismo bautizó como “El Danubio Azul del Socialismo” era común realizar grandes exposiciones, en donde se le pretendía demostrar al pueblo rumano los adelantos que la era comunista estaba trayendo al país de los Balcanes, así el régimen se vanagloriaba de que dichos logros ponían al país a la vanguardia de toda Europa, y era también el pretexto de fomentar el culto a la personalidad, del cual todos los sistemas autoritarios son tan adeptos.

El rumano debía aprender que, gracias a ese Mesías llamado Nicolae Ceausescu, “El Conducător” (líder), el país crecía como nunca, y que lo único que le reclamaba aquel líder a su pueblo era que fueran felices a cambio de ser obedientes y leales; de todo lo demás se encargaría “Tată Nicola” (Papa Nicolás).

Así el pueblo veía en dichas exposiciones la pobre tecnología, ya en desuso en el resto del mundo, como algo para enorgullecerse; mientras que el régimen la presentaba de vanguardia, todo “Made in Rumania”, ello acompañado de grandes festivales en donde atletas realizaban actos de gimnasia artística, demostrando también que la república socialista cumplía la máxima del griego Juvenal de que “Mens sana in corpore sano”, y todo por el mismo precio, gratis. Para aquellos que vivían en el interior de Rumania, las exposiciones eran llevadas a las principales ciudades del país, no obstante que la televisión y la radio manejadas por el estado transmitía y retransmitía dicho acontecimiento en cadena nacional.

Los gastos salían de las arcas del estado, incluso cuando “El Conducător Ceausescu” obligó a todos los rumanos a realizar grandes sacrificios para pagar la deuda externa del país, principal causa de la caída del sistema comunista en el país del Conde Drácula.