"Quiero más una libertad peligrosa que una servidumbre tranquila" MARIANO MORENO

“La libertad de expresión es como la salud: cuando falta se da cuenta uno de lo que perdió. Sin ella, el ser humano pierde la dignidad como tal. Por lo tanto, todos debemos luchar para conservarla y pasarla a nuestros hijos, como la mejor herencia" AURELIO NICOLELLA

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EL MODELO BUKELE Y LA ARGENTINA

Por Aurelio Nicolella


Es común oir sentido en estos tiempos en donde prima la inseguridad en gran parte de la argentina y principalmente en el conurbano bonaerenses soe el denominado “modelo Bukele”, implementado por Nayib Bukele, ha reactivado el debate en torno a los alcances del poder punitivo estatal en contextos de alta conflictividad criminal. Desde una perspectiva académica, su análisis requiere inscribirlo en tradiciones teóricas como el punitivismo contemporáneo, el derecho penal del enemigo y la expansión de los estados de excepción. Sin embargo, su eventual adopción en Argentina enfrenta limitaciones estructurales profundas que remiten a diferencias institucionales, socioeconómicas y culturales.

Hay grandes limitaciones estructurales y normativas para la transferencia del modleo de seguridad de El Salvador a la Argentina.

En términos teóricos, el modelo salvadoreño puede interpretarse a la luz del concepto de “derecho penal del enemigo” desarrollado por Günther Jakobs, en el cual ciertos sujetos son construidos como amenazas permanentes al orden social y, por lo tanto, quedan parcialmente excluidos del estatuto pleno de ciudadanía jurídica. Asimismo, la suspensión o flexibilización de garantías puede analizarse desde la noción de “estado de excepción” formulada por Giorgio Agamben, donde medidas extraordinarias tienden a normalizarse como forma de gobierno. Estas categorías permiten comprender el carácter extraordinario, aunque políticamente legitimado, de las políticas implementadas en El Salvador.

REMEDIOS DE ESCALADA, ENTRE DISCURSOS OFICIALES Y UNA INSEGURIDAD QUE NO CEDE

Por Aurelio Nicolella

 

Remedios de Escalada, en el distrito de Lanús y ciudad de quien suscribe, atraviesa una situación cada vez más preocupante en materia de seguridad. Lejos de ser un hecho aislado, se trata de una problemática extendida que golpea a los vecinos en su vida cotidiana.

Mientras desde el gobierno municipal se multiplican los anuncios, los balances de gestión y los discursos en el Concejo Deliberante, en la calle la realidad parece ir por otro carril. Robos, asaltos y hechos de violencia continúan repitiéndose, alimentando una sensación de desprotección que crece día a día.

El problema, como señalan muchos vecinos, no es solo la inseguridad en sí, sino la falta de resultados concretos frente a medidas que se presentan como soluciones. Patrullajes, cámaras y programas de prevención forman parte del discurso oficial, pero su impacto real sigue siendo difícil de percibir en varios barrios.

A esto se suma una cuestión estructural que no puede soslayarse: la escasa coordinación entre el municipio, la Provincia y la Nación. Sin una estrategia conjunta, cualquier política queda a mitad de camino. Y es justamente esa falta de articulación la que termina dejando a los vecinos en el medio de un sistema que no logra responder con eficacia.

En zonas donde el delito es más persistente, la ausencia de una presencia sostenida del Estado se vuelve aún más evidente. Allí, la inseguridad no es una sensación: es una experiencia cotidiana.

Particular preocupación generan las “entraderas” y los delitos contra adultos mayores, que en los últimos tiempos han mostrado un nivel de violencia creciente. Se trata de hechos que no solo afectan a las víctimas directas, sino que impactan en toda la comunidad, reforzando el miedo y la incertidumbre.

MANUEL QUINDIMIL Y LA NOCHE NEGRA DE ESCALADA

Por Aurelio Nicolella


Poco conocido por muchos lanusenses, lo que 
se llamó “la Noche Negra de Escalada” ocurrió en una noche de otoño austral, el 13 de abril de 1976, cuando ocho militantes de Montoneros de Lanús (Fernando y Miguel Roldán, Cecilia Rodríguez, Rita Giordano, Carlos Gil, Nélida Santervaz, Julia Dublansky y Hugo Goyenetche) fueron secuestrados y, posteriormente, siete de ellos asesinados en la localidad de Moreno, al oeste del Gran Buenos Aires. En la misma acción, las fuerzas represivas dejaron abandonados a tres niños Roldán: Ulises de cinco, Diego de tres y Homero de un año, en el marco del golpe genocida iniciado el 24 de marzo de 1976.

No dejaría de ser un caso más de las atrocidades cometidas por la dictadura cívico-militar si no fuera porque toca muy de cerca la historia de Lanús y a varios de sus protagonistas políticos.

En la noche del 23 de marzo de 1976, víspera del golpe de Estado, en la Secretaría Privada y Técnica de la Nación, en Casa Rosada, se encontraban reunidos varios diputados nacionales, el titular de la Secretaría, Julio César González —oriundo y vecino de Lanús— y el intendente de Lanús, Manuel Quindimil, todos con intenciones, desde horas tempranas, de hablar con la jefa de Estado, María Estela Martínez de Perón, previa autorización de su secretario privado, Julio César González.

Lo cierto es que, en las previas al golpe, Manuel Quindimil fue el último personaje político que habló con la presidenta. ¿Qué se habló? ¿Llevaba algún mensaje? ¿Sabía algo sobre lo que se venía? Minutos después, la presidenta y última esposa del líder del peronismo se subió a un helicóptero para ser trasladada a la residencia presidencial de Olivos, pero fue secuestrada en el helicóptero y descendida en la zona militar de Aeroparque. Desde allí, la Sra. de Perón comenzó el camino a la residencia “Mesidor”, en Neuquén, donde estaría detenida por la dictadura hasta 1981. Igual destino sufrió su secretario, Julio César González, detenido durante el golpe militar y liberado recién el 18 de abril de 1983, siendo el último preso político en recobrar la libertad antes del retorno de la democracia en octubre de 1983.

Distinta fue la suerte de Manuel Quindimil. Después del golpe militar del 24 de marzo de ese año, continuó siendo intendente de Lanús hasta el 3 de mayo de 1976, a diferencia de los intendentes de Avellaneda o Lomas de Zamora, que fueron inmediatamente desplazados de sus cargos por las autoridades militares.

 Así estaban las cosas cuando, el 13 de abril de 1976, la localidad de Remedios de Escalada estaba bajo la jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército, a cargo del entonces general Carlos Guillermo Suárez Mason. Ese día comenzó la persecución y detención de militantes peronistas agrupados en sectores sociales. Un convoy del Ejército recorrió el barrio y secuestró a ocho vecinos y militantes de la Juventud Peronista, que fueron trasladados primeramente a la base militar de Campo de Mayo.

Siguiendo con el derrotero, ingresaron en la casa de la calle Magallanes 1748, donde había funcionado la unidad básica "Leopoldo Marechal". Los represores capturaron a dos matrimonios: Esteban Roldán y Aída Rodríguez —padres de Ulises— y a sus tíos, Miguel Roldán y María Giordano Carrizo, dejando abandonados a los niños: Ulises, de cinco años; Diego, de tres; y Homero, de uno.

Las otras víctimas de la “Noche Negra de Escalada” fueron los jóvenes Julia Rosa Dublanski, Nélida del Valle Santervaz, Carlos Alberto Gil y Hugo Alberto Goyenetche. Salvo Hugo Goyenetche, que permanece desaparecido, los otros siete secuestrados aparecieron asesinados tres meses después, con un tiro en la cabeza y arrojados a una fosa masiva en el cementerio del partido bonaerense de Moreno.

La pregunta era: ¿podía el intendente de Lanús, de profunda militancia peronista, ignorar lo que sucedía en Lanús en esos tiempos? Hay vecinos que recuerdan que Manuel Quindimil, durante la campaña electoral de 1973 y durante toda su gestión antes del golpe, concurría a casi todas las unidades básicas del Partido Justicialista del distrito, sabía las orientaciones de cada una de ellas, de sus dirigentes y pensamientos dentro del peronismo.

Miguel Ángel Deruvo militaba en el gremio de la carne y era muy amigo de Manuel Quindimil. Deruvo, tío de un par de desaparecidos de esa noche fatídica, sabía quiénes eran Miguel y Esteban Roldán y que ambos estaban en la Tendencia de Montoneros.