¿LA ARGENTINA ESTA “MALDITA” POR
LAS VISITAS PAPALES?
Por Aurelio Nicolella
Hay creencias que sobreviven al paso del tiempo porque la historia, caprichosamente, parece darles la razón. Una de ellas sostiene que cada vez que un Papa pisa suelo argentino, algo grave ocurre o está por ocurrir.
Ahora la historia vuelve a poner a prueba esa vieja creencia popular.
El Vaticano confirmó que el papa León XIV realizará su primera visita apostólica a la Argentina entre el 8 y el 11 de noviembre de 2026, en el marco de una gira que también comprenderá Uruguay y Perú.
Será la primera visita de un Pontífice al país desde 1987 y el primer viaje de un Papa a la Argentina tras el pontificado de Francisco, que nunca regresó a su tierra natal.
Si alguien cree en el "mal agüero" de las visitas papales, seguramente mirará con atención lo que ocurra después de noviembre. Los historiadores, en cambio, seguirán recordando que las coincidencias, por llamativas que sean, no constituyen pruebas de una relación de causa y efecto.
¿Simple superstición? ¿Coincidencia? ¿O una curiosidad histórica imposible de ignorar?
Los hechos son conocidos.
En junio de 1982, Juan Pablo II
llegó a una Argentina que se desangraba en la Guerra de Malvinas. Su visita fue
un mensaje de paz, pero quedó unida para siempre a la derrota militar, al fin
del régimen y al comienzo de una profunda crisis nacional.
Cinco años después, en abril de
1987, el Pontífice regresó. Apenas transcurridos unos días, el país enfrentó la
rebelión militar de Semana Santa. La democracia recién recuperada estuvo al
borde de una crisis institucional que hizo temer un nuevo quiebre del orden
constitucional.
Dos visitas y dos momentos
críticos.
Dos capítulos que alimentaron una
leyenda que todavía hoy se escucha en cafés, redacciones periodísticas y
conversaciones familiares: "Que no venga el Papa, porque después pasa
algo."
Las supersticiones suelen nacer de coincidencias que, con el paso del tiempo, adquieren vida propia. Un ejemplo pintoresco es la idea de que la Argentina solo gana la Copa del Mundo cuando el presidente de la Nación luce bigote. La curiosidad parece sostenerse al observar los títulos de 1978 (Jorge Rafael Videla), 1986 (Raúl Alfonsín) y 2022 (Alberto Fernández), todos con bigote. En cambio, en las finales pérdidas de 1930 (Hipólito Yrigoyen), 1990 (Carlos Menem), 2014 (Cristina Fernández de Kirchner) y 2026 (Javier Gerado Milei), los presidentes no lo llevaban.
Como
toda superstición, se trata de una coincidencia llamativa, no de una relación
de causa y efecto. Sin embargo, estas curiosidades muestran cómo se construyen
los mitos populares y por qué logran perdurar en el imaginario colectivo de los
argentinos.
Naturalmente, ningún historiador
serio puede afirmar que exista una relación de causa y efecto. Sería absurdo
sostener que la presencia de un Pontífice desencadena guerras, crisis
económicas o levantamientos militares.
Pero tampoco puede negarse que la
coincidencia resulta llamativa.
La historia está llena de
símbolos. Y los pueblos construyen su memoria tanto con hechos como con
percepciones.
Quizás por eso muchos se
preguntaron durante años por qué Francisco, el primer Papa argentino, jamás
realizó una visita oficial a su patria.
Las explicaciones fueron muchas:
razones pastorales, prudencia política, evitar quedar atrapado en la grieta,
problemas de agenda o la convicción de que su presencia sería utilizada por
distintos sectores.
Sin embargo, en el imaginario
popular apareció otra interpretación, casi irónica: "Mejor que no
venga... mirá lo que pasó las otras veces."
No deja de ser una paradoja
extraordinaria.
Más de mil trescientos millones
de católicos tuvieron la oportunidad de recibir al primer Papa nacido en la
Argentina, menos los propios argentinos.
Mientras Brasil, Paraguay,
Bolivia, Chile, Perú, Ecuador, Cuba, México e innumerables países recibían al
sucesor de Pedro, la Argentina esperaba una visita que nunca llegó.
¿Fue una decisión política?, ¿Fue
una decisión pastoral?, ¿O simplemente el propio Francisco entendía que su
presencia podía profundizar divisiones en lugar de sanarlas? Probablemente
nunca lo sepamos.
Antes de que alguien saque
conclusiones apresuradas o celebre esta curiosa coincidencia histórica por
razones partidarias, conviene recordar que la Argentina ha atravesado crisis
bajo gobiernos militares, radicales, peronistas, coaliciones de distinto signo
y también en la actualidad. Este artículo no pretende anunciar desgracias ni
atribuirlas a una gestión en particular. Analiza una creencia popular nacida de
coincidencias históricas que invitan a reflexionar sobre nuestro pasado, no a
convertir la historia en una herramienta de confrontación política.
Lo cierto es que la historia no
se escribe con supersticiones, pero tampoco puede ignorar los símbolos.
Y éste es uno de ellos.
Porque cuando un país comienza a
creer que la visita de un Papa puede traer desgracias, el verdadero problema ya
no está en Roma.
Está en la profunda crisis de
confianza que esa sociedad tiene sobre sí misma.
Tal vez el mal agüero nunca vino
con los Papas.
Tal vez siempre estuvo entre
nosotros.
