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30 agosto 2026

EL MITO DE LOS EXTRANJEROS QUE ESTUDIAN EN ARGENTINA

 

EL MITO DE LOS EXTRANJEROS QUE ESTUDIAN EN ARGENTINA

Por Aurelio Nicolella


“Los extranjeros vienen a estudiar a la Argentina y después se van.”

Pero la realidad es bastante más compleja. Y los datos obligan a revisar una afirmación que se repite con demasiada facilidad: que el extranjero viene a estudiar, obtiene su título y se va.

Hay frases que se repiten tanto que terminan convirtiéndose en verdades.

Una de ellas dice que los extranjeros vienen a la Argentina, ingresan a nuestras universidades públicas, estudian gratuitamente, obtienen un título y después regresan a sus países llevándose consigo una formación que pagamos los argentinos.

La historia parece perfecta para indignarse: Argentina paga, el extranjero estudia y después se lleva el título.

Pero hay un pequeño problema con ese relato: los datos no lo sostienen.

Más del 70 % de los extranjeros que estudian en Argentina termina radicándose en nuestro país. Es decir, la idea del extranjero que viene, estudia, se recibe y se marcha no representa a la mayoría.

Y si se queda, trabaja y desarrolla su vida en Argentina, la ecuación es muy diferente.

Ese profesional pasa a formar parte de nuestra sociedad, de nuestro mercado laboral y de nuestra economía. Trabaja, produce, consume, paga impuestos y aporta sus conocimientos.

Entonces aparece una pregunta bastante más incómoda:

¿Por qué nos preocupa tanto el extranjero que se queda y tan poco el argentino que se va?

Porque mientras discutimos cuánto cuesta formar a un extranjero, hay argentinos que pasan años dentro de una universidad pública, obtienen un título y, apenas pueden, emigran.

Y acá aparece una de las grandes paradojas de nuestro país.

Argentina invierte durante años en formar médicos, ingenieros, arquitectos, científicos, abogados, docentes y profesionales de todo tipo.

El Estado aporta recursos. Las universidades aportan infraestructura y docentes. La sociedad sostiene ese sistema.

Finalmente, el estudiante se recibe. Obtiene su título. Y se va.

¿Y qué ocurre cuando llega al exterior?

Aquí aparece una escena que debería hacernos reflexionar mucho más.

El argentino que en nuestro país consiguió un título universitario puede llegar al exterior gracias a que puede obtener una visa o la ciudadanía europea por algún antepasado, lo que hace en la mayoría de la veces es terminar lavando copas en un restaurante, trabajando como camarero, limpiando pisos, haciendo tareas de hotelería o desempeñando otros trabajos que no requieren la profesión para la cual fue formado durante años.

Y hay que decirlo claramente: no hay absolutamente nada indigno en lavar copas, limpiar pisos o trabajar en un restaurante.

Son trabajos honestos y merecen exactamente el mismo respeto que cualquier otro.

No todos son recibidos y tienen el éxito como Rene Favaloro, César Milstein o César Pelli entre otros.

Pero la cuestión es otra, lo que lleva a plantear la pregunta es qué ocurrió con el capital humano que Argentina ayudó a formar.

Porque quizás el problema no sea que ese argentino esté trabajando en un restaurante.

El verdadero problema es que Argentina formó a un profesional y otro país terminó aprovechando, cuando logra insertarse profesionalmente, la formación que nuestro país financió.

Y en muchos otros casos ni siquiera llega a ejercer su profesión: termina utilizando su título como parte de su historia personal, mientras su capacidad profesional queda desaprovechada.

Mientras tanto, seguimos discutiendo sobre el extranjero

Ahí aparece la contradicción. Nos indignamos porque un extranjero pueda estudiar en una universidad argentina.

Pero podemos aceptar con absoluta naturalidad que un argentino se forme durante años con recursos públicos y después abandone el país.

Nos preocupa quién entra a la universidad. En cambio deberíamos preocuparnos también por el argentino que sale del país después de pasar por ella.

Porque el título no es solamente un papel.

Detrás de cada profesional hay años de educación, profesores, infraestructura, investigación, esfuerzo familiar y recursos de toda la sociedad.

No se trata de argentinos contra extranjeros, la discusión no debería transformarse en eso.

Si un extranjero viene, estudia y se queda a trabajar en Argentina, no necesariamente estamos frente a un costo sin retorno. Estamos incorporando una persona formada que puede contribuir al país durante décadas.

Y si un argentino decide emigrar, tampoco corresponde convertirlo en culpable. Tiene derecho a buscar una vida mejor donde considere.

El problema es estructural, no individual. Argentina tiene dificultades para retener a su propia gente calificada. Ese debería ser el debate.

Porque mientras algunos políticos discuten si un extranjero debe o no estudiar en nuestras universidades, miles de argentinos miran hacia Ezeiza pensando que su futuro está en otra parte.

Y algunos de ellos, paradójicamente, llegan al país que eligieron con un título universitario argentino en la valija para terminar trabajando de lo que pueden conseguir.

Entonces, ¿cuál es el verdadero problema?

Quizás deberíamos dejar de formular la discusión de una manera tan sencilla:

“¿Cuánto nos cuesta formar a un extranjero?”

Y empezar a formular otra pregunta:

“¿Cuánto le cuesta a la Argentina formar a un profesional que después se va?”

Porque si un extranjero se forma en Argentina y se queda, Argentina gana un trabajador calificado.

Pero si Argentina forma a un argentino durante años y ese profesional se va, Argentina pierde parte del capital humano que ayudó a construir.

Y esa pérdida debería preocuparnos muchísimo más.

La universidad pública no puede discutirse solamente desde la nacionalidad del estudiante.

Hay que discutir qué sociedad queremos construir, cuánto invertimos en educación y, fundamentalmente, qué hacemos para que quienes se forman aquí quieran, y puedan, construir su futuro aquí.

Porque quizás el verdadero mito no sea que los extranjeros vienen a estudiar y se van.

Quizás el verdadero problema es que estamos tan ocupados mirando quién entra a nuestras universidades que dejamos de mirar cuántos de los que salen terminan cruzando la frontera.

Los datos detrás del debate

Los datos detrás del debate

¿Qué muestran realmente los números sobre los estudiantes extranjeros en Argentina?
4,6 %
Proporción de estudiantes extranjeros sobre el total de la matrícula universitaria argentina en 2023.
126.900
Estudiantes extranjeros registrados en las universidades argentinas en 2023.
85 %
De los estudiantes extranjeros cursaba carreras de grado.
15 %
Cursaba estudios de posgrado.
76 %
De los estudiantes extranjeros de grado cursaba en universidades públicas.
70 %
De los estudiantes extranjeros de posgrado cursaba en universidades públicas.
70 %
En una investigación de la UNAJ, el 70 % de los estudiantes extranjeros relevados había realizado la escuela secundaria en Argentina.
UN DATO QUE CAMBIA LA DISCUSIÓN

Una parte significativa de quienes aparecen estadísticamente como “extranjeros” ya había realizado su formación secundaria en Argentina. Reducir el fenómeno a “vienen, estudian gratis y se van” simplifica una realidad mucho más compleja.
La pregunta de fondo:
¿Cuántos profesionales forma Argentina, cuántos permanecen y cuántos terminan emigrando?
Fuentes: datos oficiales del sistema universitario argentino y estudio de la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ).