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01 julio 2026

LA ACUMULACIÓN DE PODER EN LOS ESTADOS POR PARTE DE LOS NARCOS


 

Por  José Gabriel Díaz (*)

El proceso gradual mediante el cual los carteles acumulan tal poder económico es el factor principal, ya que en el nuevo Orden Mundial se avizora que ya está en la etapa financiera. Es decir, las acciones militares y la acumulación de poder militar si bien es importante, no es una amenaza, salvo que hayan logrado capacidad nuclear. Eso mismo pasa con los estados.

La concentración económica, las cripto monedas son un factor fundamental para ocultar el origen de los capitales. La lucha contra el lavado del dinero, no es otra cosa que la lucha de las grandes potencias que quieren que lo laven en sus bancos, es decir “en casa”. 

A propósito, el término “lavado” proviene de las lavanderías automáticas montadas por Al Capone, donde con una moneda americana en efectivo, accedían a los servicios. Mediante esos lavaderos Capone “lavaba” también, dinero proveniente de actividades ilícitas como el juego clandestino y la prostitución.  Con el devenir de los años tuvieron que lavar también el dinero proveniente de la droga ilícita.

La especulación y la usura, inicialmente condenada por la Iglesia católica, se ha hecho moneda corriente. El juego clandestino ya no es tal, los mismos grupos económicos mafiosos y no mafiosos, lo hacen a plena luz del día lo que resulta  mucho más redituable y con mínimos riesgos.  

Todo ha evolucionado o involucionado, según sea el cristal con que se lo observe.

La prostitución es vip en cualquier parte del mundo, las plataformas son una muestra de ello dado que existen de todo nivel y tipo.

Vamos encaminados a un feudalismo tecnológico donde los que tienen el capital crecen súbitamente en una progresión geométrica y las masas se van degradando económicamente a pasos agigantados.

Con la esclavitud el señor dueño del feudo, tenía que alimentar los esclavos, darle un lugar de vivienda, vestimenta y proveerle de las herramientas.

Si bien las condiciones actuales de los trabajadores no son las de un esclavo, ahora por un salario cada vez más exiguo el trabajador tiene que procurarse vivienda, vestimenta herramientas y medios.

Con el Trabajo a distancia, que cada vez es mayor el patrono se exime de mantener una unidad de explotación, llámese oficina fabrica etc.

Los márgenes de ganancia de los empresarios en cierto tipo de actividades aumentan y las cargas de los trabajadores aumentan. Como asi también aumenta el trabajo informal, llámese  monotributistas, par time, eventuales o como se quieran denominar.

Que “narco”, va a querer tener una estructura militar en un Estado si puede limpiamente “lavar” su dinero en un Estado que le garantiza protección y menos costos que los bancos oficiales, que para lavar con ellos cobran comisiones exorbitantes.

Los armamentos de los narcos son parte de la logística para defender su patrimonio de la competencia de otros y de los agentes de narcóticos que los “mexicanean” (término del lunfardo utilizado en Argentina para describir, cuando un cómplice roba al otro, o cuando los agentes infiltrados se llevan el botín).

Obviamente que la cantidad de armas y logística a veces llega a tal punto que se han detectado narcos poseedores de submarinos para trasporte de la droga, tanques, aviones, camiones de guerra y todo cuanto se pueda imaginar. El fin no es bélico, es logístico.

Los bancos oficiales para transporte del dinero y valores utilizan camiones especialmente blindados con vehículos de apoyo, personal policial, personal de seguridad especializado, seguimiento satelital y nadie dice que acumulan poder militar. Lo que si acumulan es dinero y practican la usura y la especulación. El sistema bancario al que nos han llevado es carísimo y todos contribuimos con nuestras compras y consumos. En la Película “El robo del siglo”, se plantea el dilema de que resulta más delito: “robar un banco o fundarlo”

Esto no es una defensa del narcotráfico, pero tenemos la experiencia de la “ley seca” que después de hacer rico a los que comercializaban clandestinamente el alcohol termino regulándose y se acabó con la “guerra” a los traficantes.

Será cuestión de analizar fríamente que acciones. los Estados en conjunto, se deberían tomar evaluando el bien común y por el bien mismo, que resulte a futuro más propicio para que la humanidad prosiga su derrotero hacia la realización de las Naciones y no en beneficio de grupos concentrados de poder.


(*) José Gabriel Díaz es abogado argentino y reside en la ciudad de Lanús, provincia de Buenos Aires. Desarrolla su actividad profesional en el ejercicio del Derecho en forma particular. Durante varios años se desempeñó en el área legal de la Municipalidad de Lanús. Ejerció la docencia en el ámbito académico, participando en actividades de formación y capacitación de profesionales. Asimismo, fue integrante del Tribunal de disciplina del Colegio de Abogados de Avellaneda – Lanús.


30 junio 2026

¿PARAGUAY ANTE EL RIESGO DE CONVERTIRSE EN UN NARCOESTADO? LA AMENAZA DE UNA MEXICANIZACION DEL CORAZON DE SUDAMERICA

 

Por Aurelio Nicolella

En las últimas dos décadas, Paraguay ha dejado de ser un simple país de tránsito para el narcotráfico y se ha transformado en una pieza estratégica dentro del mapa del crimen organizado en América del Sur. Su ubicación geográfica, la porosidad de sus fronteras, la fortaleza de su economía informal que permite el lavado de activos de dudosa procedencia sumado a las debilidades estructurales de sus instituciones han convertido al país en un escenario especialmente atractivo para las organizaciones criminales transnacionales.

La preocupación ya no radica únicamente en el volumen de drogas que atraviesa su territorio. El verdadero desafío consiste en determinar hasta qué punto el poder económico del narcotráfico ha comenzado a influir sobre las instituciones públicas, el sistema político y la administración de justicia.

El concepto de narcoestado suele utilizarse con prudencia por los especialistas. No basta con que exista producción o tráfico de estupefacientes. Un narcoestado es aquel en el que las organizaciones criminales logran capturar parcial o totalmente las estructuras del poder público, condicionando decisiones políticas, financiando campañas electorales, infiltrando organismos de seguridad y obteniendo niveles significativos de impunidad.

Paraguay aún conserva instituciones democráticas plenamente operativas. Sin embargo, numerosos episodios ocurridos durante los últimos años muestran señales que resultan difíciles de ignorar.

El asesinato del fiscal Marcelo Pecci en Colombia en 2022 marcó un punto de inflexión. Pecci investigaba complejas redes de narcotráfico, lavado de dinero y crimen organizado que operaban en Paraguay y mantenían conexiones internacionales. Su ejecución reveló la capacidad logística y financiera de organizaciones criminales que ya no actuaban únicamente dentro de las fronteras paraguayas.

A ello se suma la creciente presencia del Primer Comando de la Capital (PCC), la mayor organización criminal de Brasil, que desde hace años desarrolla actividades en territorio paraguayo vinculadas al tráfico internacional de cocaína, marihuana, armas y lavado de activos. Su expansión demuestra que el crimen organizado moderno ya no reconoce límites nacionales y opera mediante estructuras empresariales altamente sofisticadas.

El narcotráfico necesita mucho más que rutas para transportar drogas. Requiere funcionarios corruptos, mecanismos financieros para blanquear ganancias, protección política y redes de complicidad que le permitan actuar con relativa impunidad. Cuando esos factores comienzan a consolidarse simultáneamente, el problema deja de ser exclusivamente policial para convertirse en una amenaza institucional.

En ese punto aparece una expresión cada vez más utilizada por analistas de seguridad: la mexicanización.

La mexicanización no implica simplemente un incremento de homicidios. Describe un proceso gradual mediante el cual los carteles acumulan tal poder económico y militar que comienzan a disputar al propio Estado el control efectivo de determinadas regiones. Surgen asesinatos por encargo, extorsiones, desapariciones, corrupción sistemática y una creciente incapacidad estatal para garantizar el monopolio de la fuerza.

México constituye el ejemplo más conocido, pero no el único. Durante décadas, el problema fue subestimado hasta que las organizaciones criminales alcanzaron un poder difícil de revertir. Una vez consolidada esa estructura paralela, la recuperación institucional se volvió extraordinariamente compleja.

Paraguay enfrenta hoy un riesgo similar, aunque todavía reversible.

El país continúa siendo uno de los principales productores de marihuana de Sudamérica y un corredor estratégico para la cocaína destinada a Brasil, Argentina y Europa. La hidrovía Paraguay-Paraná, la extensa frontera seca con Brasil y Bolivia y la intensa actividad comercial de la Triple Frontera ofrecen oportunidades que las organizaciones criminales han sabido aprovechar.

La amenaza trasciende ampliamente las fronteras paraguayas.

Argentina ya observa un incremento sostenido de la violencia vinculada al narcotráfico, especialmente en Rosario y en auge en el conurbano bonaerense, mientras Brasil enfrenta desde hace años la consolidación de grandes organizaciones criminales con enorme capacidad operativa. Ningún país de la región puede considerarse aislado de esta realidad.

Por ello, el fortalecimiento institucional de Paraguay constituye un interés estratégico para toda Sudamérica.

Combatir el narcotráfico exige mucho más que aumentar penas o realizar operativos espectaculares. Requiere profesionalizar las fuerzas de seguridad, fortalecer la independencia judicial, proteger a fiscales y magistrados, mejorar los sistemas de inteligencia criminal, controlar el lavado de activos y garantizar una cooperación internacional permanente.

La experiencia latinoamericana demuestra que las democracias no suelen derrumbarse únicamente por golpes de Estado. También pueden erosionarse lentamente cuando el crimen organizado comienza a capturar espacios de poder, corromper instituciones y sustituir la autoridad legítima por el miedo.

Todavía resulta prematuro afirmar que Paraguay sea un narcoestado en sentido estricto. Sin embargo, negar los síntomas sería un grave error. La evidencia acumulada obliga a reconocer que enfrenta uno de los mayores desafíos institucionales de su historia reciente.

La pregunta ya no es si el narcotráfico representa una amenaza para Paraguay. La verdadera incógnita es si el Estado tendrá la fortaleza suficiente para impedir que esa amenaza termine condicionando su futuro democrático.

La historia de América Latina enseña una lección ineludible: cuando el crimen organizado logra infiltrarse en las instituciones, recuperarlas demanda generaciones. La prevención siempre resulta menos costosa que la reconstrucción.