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23 agosto 2026

ARTURO ILLIA Y LOS COMANDOS CIVILES: EL PASADO OCULTO DE UN PRESIDENTE La historia detrás de la Revolución Libertadora

 

ARTURO ILLIA Y LOS COMANDOS CIVILES: EL PASADO OCULTO DE UN PRESIDENTE

La historia detrás de la Revolución Libertadora


Por Aurelio Nicolella

Abogado – Escritor e investigador

 

Una faceta poco conocida del hombre que años después sería Presidente de la Nación. Cuando se menciona a Arturo Umberto Illia, la memoria histórica suele asociarlo con la honestidad republicana, la austeridad, la defensa de las instituciones y su breve presidencia entre 1963 y 1966.

Sin embargo, existe otra etapa de su trayectoria política mucho menos conocida: su participación, durante 1955, en el movimiento civil que acompañó el levantamiento militar contra el segundo gobierno constitucional de Juan Domingo Perón.

La cuestión merece ser examinada sin simplificaciones y separando la figura posterior de Illia de la actuación política que tuvo durante la crisis de 1954 y 1955.

La documentación histórica y la investigación académica permiten afirmar que en Córdoba existieron comandos civiles antiperonistas, integrados por distintos sectores políticos y sociales, que mantuvieron vínculos con oficiales militares y que participaron activamente en el derrocamiento de Perón.

Illia aparece vinculado a ese proceso.

Para comprender la aparición de los comandos civiles es necesario situarse en la Argentina de comienzos de la década de 1950.

El primer gobierno de Juan Domingo Perón, iniciado en 1946, había producido una profunda transformación política y social.

El peronismo había consolidado una relación extraordinariamente fuerte con los trabajadores y con importantes sectores populares.

Al mismo tiempo, se había producido una creciente confrontación con sectores de la oposición política, parte de las Fuerzas Armadas y, particularmente desde 1954, con sectores de la Iglesia Católica.

La tensión política fue aumentando, durante el segundo gobierno de Perón, iniciado en 1952, la confrontación alcanzó niveles desconocidos hasta entonces.

La oposición comenzó a organizar diferentes formas de resistencia.

Entre ellas aparecerían los denominados Comandos Civiles Revolucionarios.

¿Qué eran los comandos civiles?, los comandos civiles no constituían una organización única y homogénea.

Existían grupos vinculados con distintas corrientes políticas y sociales: radicales, socialistas, conservadores, nacionalistas católicos, demócratas cristianos y sectores independientes.

La investigación de Mónica Inés Bartolucci los describe como grupos civiles organizados clandestinamente, con estructura celular, armados y vinculados con sectores militares que participaban de la conspiración contra el gobierno de Perón.

Su organización tenía características particulares. Pequeños grupos actuaban de manera relativamente compartimentada. Se utilizaban contactos personales, nombres falsos y mecanismos destinados a preservar la clandestinidad.

La finalidad fundamental era colaborar con la conspiración militar y preparar una eventual acción contra el gobierno.

¿Qué hacían los comandos civiles? Aquí aparece uno de los aspectos menos conocidos de aquella historia.

Los comandos civiles no tenían una única función. Realizaban tareas de: propaganda clandestina; distribución de información; comunicaciones secretas; sabotaje; almacenamiento y traslado de armas; interrupción de comunicaciones; ocupación de determinados edificios; apoyo logístico a los militares sublevados; y, finalmente, acciones armadas durante el levantamiento de septiembre de 1955.

La investigación histórica registra que estos grupos se encontraban vinculados con militares que proporcionaban recursos, armamento y orientación.

En Córdoba esta colaboración alcanzó particular importancia. Es precisamente en la provincia mediterránea el escenario donde Illia adquiere protagonismo

La provincia de Córdoba fue uno de los principales centros del “antiperonismo”. Allí confluyeron sectores radicales, estudiantes universitarios, socialistas, católicos, conservadores y militares.

La investigación académica señala que los comandos civiles cordobeses recibieron entrenamiento de jóvenes oficiales de la Aeronáutica y que participaron en la sublevación del 16 de septiembre de 1955.

En ese escenario aparece Arturo Illia.

Illia pertenecía al radicalismo cordobés y al sector “sabattinista” (1).

Para entonces ya tenía una importante trayectoria política: había sido vicegobernador de Córdoba y diputado nacional. En 1955 se encontraba enfrentado políticamente con el gobierno de Perón y participó de la conspiración antiperonista en Córdoba.

Algunas fuentes periodísticas y testimoniales lo presentan incluso como uno de los principales organizadores de los comandos civiles cordobeses.

Sin embargo, conviene evitar una simplificación: no existe consenso suficiente para presentar a Illia como jefe absoluto de todos los comandos civiles del país.

La organización fue fragmentaria y existieron distintos grupos, jefaturas y vínculos militares.

La función de los comandos durante el levantamiento del 16 de septiembre de 1955 comenzó la sublevación militar que terminaría con el gobierno constitucional de Perón. En Córdoba, los civiles tuvieron una participación particularmente significativa.

Los rebeldes no contaban con suficientes tropas de infantería para controlar todos los puntos estratégicos de la ciudad.

Por eso los comandos civiles adquirieron una función militar auxiliar.

Fuentes históricas describen su participación en la ocupación de lugares estratégicos, entre ellos la sede policial, la CGT, el aeropuerto y otras dependencias.

La Casa Radical también tuvo un papel importante como lugar de reunión y distribución de armas entre civiles comprometidos con la rebelión.

Incluso se difundió una proclama firmada por Arturo Illia llamando a la población a salir a la calle en apoyo del movimiento.

¿Eran simplemente grupos políticos? No. Ese es precisamente uno de los aspectos que deben destacarse.

Aunque sus integrantes provenían de organizaciones políticas diversas, los comandos civiles adquirieron características propias de una organización clandestina de naturaleza insurreccional.

No se limitaban a realizar propaganda. Algunos grupos almacenaban armas y explosivos. Otros recibían entrenamiento. Y durante la insurrección participaron directamente en enfrentamientos armados. La historiografía registra también la existencia de vínculos entre esos civiles y oficiales de las Fuerzas Armadas.

Por ello, hablar simplemente de “militantes opositores” sería insuficiente.

La relación con la Revolución Libertadora del 16 de septiembre de 1955 comenzó el movimiento militar que posteriormente sería denominado Revolución Libertadora. El Archivo Nacional de la Memoria describe el acontecimiento como una sublevación de unidades de las tres Fuerzas Armadas contra la autoridad constitucional, cuyo objetivo fue derrocar al presidente Juan Domingo Perón e imponer un gobierno de facto.

Los comandos civiles constituyeron el componente civil de esa operación. Su importancia fue especialmente visible en Córdoba.

Allí civiles armados colaboraron con los militares rebeldes y participaron en la ocupación de edificios públicos y puntos estratégicos.

En consecuencia, la Revolución Libertadora no fue exclusivamente una operación militar.

Fue una acción cívico-militar, aunque el peso decisivo y el control del nuevo poder quedaron en manos de las Fuerzas Armadas.

¿Qué ocurrió con los comandos después del triunfo? Una característica interesante es que los comandos civiles no permanecieron, en general, como organizaciones clandestinas permanentes.

Una investigación de la Universidad Nacional de la Defensa señala que se trató fundamentalmente de organizaciones transitorias, creadas para una coyuntura específica.

Después del triunfo, muchos de sus integrantes regresaron a sus organizaciones políticas originales y algunos ocuparon posteriormente cargos en distintas instituciones estatales.

Esto permite comprender que los comandos fueron, fundamentalmente, instrumentos de una determinada coyuntura política y militar.

La paradoja histórica de Arturo Umberto Illia, aquí aparece una de las paradojas más interesantes de la historia argentina.

El hombre que años después sería recordado como símbolo de austeridad, honestidad y respeto institucional había participado, en 1955, de una conspiración civil destinada a colaborar con un levantamiento militar contra un gobierno constitucional.

La observación histórica no pretende necesariamente invalidar una trayectoria posterior.

Pero sí permite comprender que los hombres políticos son también productos de su tiempo.

La Argentina de 1955 estaba atravesada por una confrontación política extrema.

El concepto de democracia no era interpretado de la misma manera por todos los actores. Para los sectores antiperonistas, la caída de Perón podía presentarse como una recuperación de las libertades constitucionales.

Para el peronismo y sus simpatizantes, en cambio, se trataba del derrocamiento de un gobierno elegido por el voto popular.

La historia posterior demostraría que la llamada Revolución Libertadora tampoco inauguraría inmediatamente una democracia plena.

Fue así que el movimiento “de facto” terminó proscribiendo al peronismo

El nuevo gobierno militar intervino las instituciones, disolvió el Congreso y prohibió progresivamente la actividad política peronista. La proscripción del peronismo tendría consecuencias durante muchos años.

La paradoja fue evidente: un movimiento que había sido presentado como una revolución destinada a restablecer las libertades políticas terminó estableciendo restricciones sobre una parte sustancial del electorado argentino.

La contradicción marcaría toda la política argentina posterior. El peronismo quedaría excluido de las elecciones durante años. Y esa exclusión tendría consecuencias decisivas en los gobiernos de Frondizi, Guido y del mismo Illia.

También resulta necesario abordar un aspecto incómodo sobre los comandos civiles. Los comandos civiles participaron de acciones violentas. No fueron únicamente organizaciones de propaganda.

El 15 de abril de 1953, mientras una multitud se encontraba reunida en la Plaza de Mayo en un acto sindical convocado por la Confederación General del Trabajo (CGT) en apoyo del gobierno de Juan Domingo Perón, dos bombas fueron detonadas en las inmediaciones de la concentración.

El atentado, perpetrado por un grupo antiperonista, provocó la muerte de seis personas y más de noventa heridos, algunos de ellos con graves mutilaciones. El Archivo Nacional de la Memoria conserva la causa judicial iniciada entonces bajo la carátula “Carranza Roque y otros Sobre Actividades subversivas y terroristas”, que reúne 26 cuerpos de actuaciones judiciales.

Entre los nombres vinculados judicialmente con aquel episodio apareció Roque Carranza, quien años después tendría una extensa trayectoria política y llegaría a integrar el gobierno de Raúl Alfonsín.

Las actuaciones judiciales de la época lo incluyeron entre los investigados por el atentado. La documentación histórica permite afirmar que el episodio constituyó una de las expresiones más graves de la violencia política antiperonista de aquellos años y un antecedente significativo de la escalada de confrontación que culminaría con el bombardeo de Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955 y, tres meses después, con el derrocamiento de Perón.

El episodio resulta particularmente significativo para comprender la historia de los comandos civiles: la oposición había comenzado a abandonar progresivamente los mecanismos exclusivamente electorales para recurrir también a formas clandestinas de conspiración, sabotaje y violencia.

El atentado de 1953 constituye, en ese sentido, una pieza fundamental para comprender el clima político que precedió a la Revolución Libertadora de 1955.

La historia posterior de Carranza agrega una de las paradojas más fuertes de aquel período: quien había sido investigado y procesado por uno de los episodios terroristas más graves de la década de 1950 terminaría décadas después ocupando funciones de alta responsabilidad en la República.

El caso de Manuel Chaves constituye uno de los episodios más graves ocurridos inmediatamente después del triunfo de la Revolución Libertadora. Chaves, secretario general de ATE y de la CGT de Azul y dirigente identificado con el peronismo, fue buscado en su domicilio el 22 de septiembre de 1955 por un operativo integrado por efectivos de la Marina y civiles vinculados a los comandos civiles.

La reconstrucción del episodio permite distinguir responsabilidades: aunque los comandos civiles participaron del operativo, las fuentes que han investigado específicamente el caso atribuyen los disparos que provocaron la muerte de Chaves al teniente de navío Carlos Alberto Heredia.

Por ello, resulta históricamente más preciso hablar de la participación de los comandos civiles en el operativo y no atribuirles, sin más, la autoría material del homicidio, aunque la culpa de participación los condene.

Por eso es por lo que dichos Comandos Civiles realizaron enfrentamientos armados, ocupaciones, sabotajes y acciones contra estructuras vinculadas al gobierno peronista.

En determinados lugares, después del golpe, grupos de civiles armados participaron también en la ocupación de locales sindicales.

La historiografía registra que la violencia política de aquellos años no fue patrimonio exclusivo de un solo sector.

La Argentina atravesaba un proceso de creciente radicalización. Reconocer la existencia de violencia en el campo antiperonista no implica negar la violencia ejercida desde el Estado durante el peronismo.

Por el contrario, permite construir una historia menos partidaria y más compleja.

La historia de Arturo Illia no terminó con la Revolución Libertadora. Continuó participando en la política radical y, finalmente, llegó a la Presidencia de la Nación en 1963.

Su gobierno quedó asociado a una concepción de la función pública caracterizada por la austeridad y la defensa de determinadas instituciones republicanas.

Precisamente por eso resulta interesante recuperar su pasado de 1955.

La historia no debería construirse solamente a partir de las imágenes posteriores de los protagonistas. Debe observar también sus contradicciones.

Pero la conducta de Arturo Umberto Illia da pie a una cuestión que merece discusión. ¿Puede considerarse democrático participar en un movimiento destinado a derrocar a un gobierno constitucional?, ¿Mas aún que dicho movimiento produjo muertos y heridos?

La respuesta histórica exige separar dos cuestiones.

Una cosa es comprender las razones políticas que llevaron a determinados sectores a considerar intolerable al gobierno de Perón.

Otra es determinar la legitimidad constitucional de recurrir a la fuerza para derribar un gobierno elegido mediante elecciones.

Desde el punto de vista institucional, la respuesta es clara: el derrocamiento de un gobierno constitucional mediante la fuerza militar constituye una ruptura del orden constitucional.

Pero comprender esa ruptura no significa desconocer el contexto político que la produjo.

Una mirada desde el presente

La historia de los comandos civiles deja una enseñanza que trasciende el enfrentamiento entre peronismo y antiperonismo. Cuando una sociedad comienza a considerar que el adversario político no es simplemente un adversario sino un enemigo que debe ser eliminado del sistema, las instituciones comienzan a perder su capacidad de resolver los conflictos.

La política deja entonces de ser competencia electoral y por lo tanto se transforma en confrontación.

Y cuando la confrontación política se combina con armas, conspiraciones y participación militar, el resultado suele ser la ruptura institucional.

La experiencia argentina de 1955 constituye uno de los ejemplos más importantes de ese proceso.

La conclusión es que Arturo Umberto Illia fue, sin duda, una figura fundamental de la política argentina del siglo XX.

Pero conocer su trayectoria exige también mirar aquellos episodios que no encajan cómodamente en la imagen posterior del “presidente honesto”.

La ironía de la historia volvería a colocar a Illia en el centro de la escena casi tres décadas después.

Tras la derrota argentina en Malvinas y el derrumbe del régimen militar, comenzó a abrirse el camino hacia la transición democrática. En ese contexto, la Multipartidaria Nacional (2) adquirió un papel central en la presión por la normalización institucional.

Raúl Alfonsín, que sostenía una posición particularmente crítica frente al régimen militar, llegó a proponer que el gobierno fuera entregado a un presidente civil de transición, acompañado por un gabinete de salvación nacional, y señaló para esa función a Arturo Umberto Illia.

La propuesta fue formulada antes de la guerra de Malvinas y reiterada en junio de 1982, cuando el gobierno militar perdiera el conflicto con los británicos.

Pero el propio Illia terminó rechazándola públicamente. La paradoja histórica resulta inevitable: el mismo dirigente radical que en 1955 había estado vinculado al entramado civil que acompañó el derrocamiento de Perón aparecía, en 1982, como una de las figuras convocadas para encabezar la recuperación institucional y conducir la transición hacia la democracia.

Para el peronismo, aquel pasado no podía resultar indiferente; sin embargo, no hemos encontrado hasta el momento documentación suficiente para afirmar categóricamente que la oposición peronista a aquella alternativa, si efectivamente la hubo como posición orgánica, se debiera específicamente a su actuación en los comandos civiles. La historia, una vez más, mostraba sus contradicciones: el hombre de 1955 podía convertirse, veintisiete años después, en símbolo de la democracia que debía suceder a la última dictadura militar.

Es así que su participación en el entramado civil antiperonista de Córdoba en 1955 forma parte de esa historia.

Los comandos civiles fueron organizaciones clandestinas y heterogéneas que colaboraron con sectores militares en la conspiración contra el segundo gobierno de Perón.

Realizaron tareas de propaganda, comunicaciones, sabotaje, logística, obtención y utilización de armas y, durante la Revolución Libertadora, participaron directamente en acciones destinadas a controlar puntos estratégicos.

En Córdoba, su presencia fue particularmente importante. La figura de Illia aparece vinculada a esos grupos y existen fuentes que le atribuyen un papel de conducción dentro de los comandos cordobeses, aunque esa
caracterización debe ser presentada con prudencia y diferenciada de la afirmación de que hubiera sido el jefe absoluto de los comandos civiles nacionales.

La historia, cuando pretende ser verdaderamente historia, no debe construir santos ni demonios.

Debe mostrar a los hombres en sus circunstancias, con sus convicciones, sus errores, sus aciertos y también sus contradicciones.

Y quizás allí encontremos una de las mayores enseñanzas de 1955: cuando la política abandona las urnas y comienza a buscar su solución en los cuarteles, las consecuencias terminan alcanzando a toda la República.


NOTAS: 

(1) El sabattinismo fue una corriente interna del radicalismo cordobés surgida alrededor del liderazgo de Amadeo Sabattini, caracterizada por la defensa de las instituciones republicanas, el laicismo, la autonomía provincial y una orientación social dentro de la tradición de la Unión Cívica Radical.

(2) La Multipartidaria Nacional fue una coalición de los principales partidos políticos argentinos creada en 1981 para reclamar el retorno a la democracia. Tras la derrota de Malvinas, adquirió un papel decisivo en la presión política sobre el gobierno militar para acelerar la transición institucional que culminaría con las elecciones de 1983.


EL OTRO ILLIA

Comandos civiles, conspiración y Revolución Libertadora

ARTURO UMBERTO ILLIA

1. CONTEXTO POLÍTICO — 1950/1955

Primer gobierno de Perón
Segundo gobierno de Perón
Creciente confrontación política
Antiperonismo
Confrontación con sectores militares
Conflicto con sectores de la Iglesia

2. COMANDOS CIVILES REVOLUCIONARIOS

Organizaciones civiles clandestinas, heterogéneas y vinculadas con sectores militares.

INTEGRANTES
  • Radicales
  • Socialistas
  • Conservadores
  • Nacionalistas católicos
  • Demócratas cristianos
  • Independientes
CARACTERÍSTICAS
  • Clandestinidad
  • Estructura celular
  • Compartimentación
  • Contactos reservados
  • Vinculación militar
ACTIVIDADES
  • Propaganda
  • Comunicaciones
  • Sabotaje
  • Logística
  • Armas
  • Acciones armadas

3. ARTURO ILLIA EN CÓRDOBA

  • Radicalismo cordobés.
  • Sector sabattinista.
  • Vicegobernador de Córdoba.
  • Diputado nacional.
  • Oposición al gobierno de Perón.
  • Vinculación con la conspiración antiperonista de 1955.
  • Algunas fuentes le atribuyen un papel de conducción dentro de los comandos cordobeses.
⚠ No existe consenso suficiente para considerarlo jefe absoluto de todos los comandos civiles nacionales.

4. REVOLUCIÓN LIBERTADORA — 16 DE SEPTIEMBRE DE 1955

Sublevación militar
Participación civil
Acciones armadas
Ocupación de edificios
Control de puntos estratégicos
ACCIÓN CÍVICO-MILITAR

5. VIOLENCIA POLÍTICA

ATENTADO DE 1953

Bombas durante un acto de la CGT en Plaza de Mayo.

6 muertos y más de 90 heridos.

Causa judicial: “Carranza Roque y otros”.

1955

Bombardeo de Plaza de Mayo.

Escalada de la violencia política.

MANUEL CHAVES

Dirigente de ATE y de la CGT de Azul.

Operativo integrado por marinos y civiles vinculados a los comandos civiles.

Las fuentes atribuyen los disparos mortales al teniente de navío Carlos Alberto Heredia.

6. DESPUÉS DE LA REVOLUCIÓN LIBERTADORA

Ocupación de locales sindicales
Persecución política
Intervención de organizaciones
Proscripción del peronismo
RUPTURA DEL ORDEN CONSTITUCIONAL Y POSTERIOR PROSCRIPCIÓN POLÍTICA

7. ILLIA Y LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA — 1982

Derrota de Malvinas
Crisis del régimen militar
Multipartidaria
Apertura política
RAÚL ALFONSÍN
propone a ARTURO ILLIA para encabezar un gobierno civil de transición.
ILLIA RECHAZA LA PROPUESTA

LA IRONÍA DE LA HISTORIA

1955

Illia aparece vinculado al entramado civil antiperonista que acompañó el derrocamiento de Perón.

1982

Illia es considerado para encabezar la transición hacia la recuperación institucional y democrática.

“Cuando la política abandona las urnas y busca su solución en los cuarteles, las consecuencias terminan alcanzando a toda la República.”

Aurelio Nicolella – Abogado, escritor e investigador