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05 agosto 2026

¿LA ARGENTINA ESTA “MALDITA” POR LAS VISITAS PAPALES?

 

¿LA ARGENTINA ESTA “MALDITA” POR LAS VISITAS PAPALES?

Por Aurelio Nicolella

Hay creencias que sobreviven al paso del tiempo porque la historia, caprichosamente, parece darles la razón. Una de ellas sostiene que cada vez que un Papa pisa suelo argentino, algo grave ocurre o está por ocurrir.

Ahora la historia vuelve a poner a prueba esa vieja creencia popular. 

El Vaticano confirmó que el papa León XIV realizará su primera visita apostólica a la Argentina entre el 8 y el 11 de noviembre de 2026, en el marco de una gira que también comprenderá Uruguay y Perú. 

Será la primera visita de un Pontífice al país desde 1987 y el primer viaje de un Papa a la Argentina tras el pontificado de Francisco, que nunca regresó a su tierra natal. 

Si alguien cree en el "mal agüero" de las visitas papales, seguramente mirará con atención lo que ocurra después de noviembre. Los historiadores, en cambio, seguirán recordando que las coincidencias, por llamativas que sean, no constituyen pruebas de una relación de causa y efecto.

¿Simple superstición? ¿Coincidencia? ¿O una curiosidad histórica imposible de ignorar?

Los hechos son conocidos.

En junio de 1982, Juan Pablo II llegó a una Argentina que se desangraba en la Guerra de Malvinas. Su visita fue un mensaje de paz, pero quedó unida para siempre a la derrota militar, al fin del régimen y al comienzo de una profunda crisis nacional.

Cinco años después, en abril de 1987, el Pontífice regresó. Apenas transcurridos unos días, el país enfrentó la rebelión militar de Semana Santa. La democracia recién recuperada estuvo al borde de una crisis institucional que hizo temer un nuevo quiebre del orden constitucional.

Dos visitas y dos momentos críticos.

Dos capítulos que alimentaron una leyenda que todavía hoy se escucha en cafés, redacciones periodísticas y conversaciones familiares: "Que no venga el Papa, porque después pasa algo."

Las supersticiones suelen nacer de coincidencias que, con el paso del tiempo, adquieren vida propia. Un ejemplo pintoresco es la idea de que la Argentina solo gana la Copa del Mundo cuando el presidente de la Nación luce bigote. La curiosidad parece sostenerse al observar los títulos de 1978 (Jorge Rafael Videla), 1986 (Raúl Alfonsín) y 2022 (Alberto Fernández), todos con bigote. En cambio, en las finales pérdidas de 1930 (Hipólito Yrigoyen), 1990 (Carlos Menem), 2014 (Cristina Fernández de Kirchner) y 2026 (Javier Gerado Milei), los presidentes no lo llevaban. 

Como toda superstición, se trata de una coincidencia llamativa, no de una relación de causa y efecto. Sin embargo, estas curiosidades muestran cómo se construyen los mitos populares y por qué logran perdurar en el imaginario colectivo de los argentinos.

Naturalmente, ningún historiador serio puede afirmar que exista una relación de causa y efecto. Sería absurdo sostener que la presencia de un Pontífice desencadena guerras, crisis económicas o levantamientos militares.

Pero tampoco puede negarse que la coincidencia resulta llamativa.

La historia está llena de símbolos. Y los pueblos construyen su memoria tanto con hechos como con percepciones.

Quizás por eso muchos se preguntaron durante años por qué Francisco, el primer Papa argentino, jamás realizó una visita oficial a su patria.

Las explicaciones fueron muchas: razones pastorales, prudencia política, evitar quedar atrapado en la grieta, problemas de agenda o la convicción de que su presencia sería utilizada por distintos sectores.

Sin embargo, en el imaginario popular apareció otra interpretación, casi irónica: "Mejor que no venga... mirá lo que pasó las otras veces."

No deja de ser una paradoja extraordinaria.

Más de mil trescientos millones de católicos tuvieron la oportunidad de recibir al primer Papa nacido en la Argentina, menos los propios argentinos.

Mientras Brasil, Paraguay, Bolivia, Chile, Perú, Ecuador, Cuba, México e innumerables países recibían al sucesor de Pedro, la Argentina esperaba una visita que nunca llegó.

¿Fue una decisión política?, ¿Fue una decisión pastoral?, ¿O simplemente el propio Francisco entendía que su presencia podía profundizar divisiones en lugar de sanarlas? Probablemente nunca lo sepamos.

Antes de que alguien saque conclusiones apresuradas o celebre esta curiosa coincidencia histórica por razones partidarias, conviene recordar que la Argentina ha atravesado crisis bajo gobiernos militares, radicales, peronistas, coaliciones de distinto signo y también en la actualidad. Este artículo no pretende anunciar desgracias ni atribuirlas a una gestión en particular. Analiza una creencia popular nacida de coincidencias históricas que invitan a reflexionar sobre nuestro pasado, no a convertir la historia en una herramienta de confrontación política.

Lo cierto es que la historia no se escribe con supersticiones, pero tampoco puede ignorar los símbolos.

Y éste es uno de ellos.

Porque cuando un país comienza a creer que la visita de un Papa puede traer desgracias, el verdadero problema ya no está en Roma.

Está en la profunda crisis de confianza que esa sociedad tiene sobre sí misma.

Tal vez el mal agüero nunca vino con los Papas.

Tal vez siempre estuvo entre nosotros.

¿LA ARGENTINA ESTÁ "MALDITA" POR LAS VISITAS PAPALES?
Hecho histórico Coincidencia Interpretación popular
1982
Visita de Juan Pablo II durante la Guerra de Malvinas.
Derrota militar y caída del régimen. "La visita del Papa trajo malos tiempos".
1987
Segunda visita de Juan Pablo II.
Levantamiento de Semana Santa. La superstición comienza a consolidarse.
Papa Francisco
No realizó una visita oficial a la Argentina.
Generó múltiples interpretaciones. "Mejor que no venga..." (creencia popular).
Ejemplo de otra superstición Argentina campeón mundial con presidentes con bigote (1978, 1986 y 2022). Las coincidencias alimentan mitos populares.
Conclusión histórica No existe evidencia de una relación de causa y efecto. Las supersticiones forman parte del imaginario colectivo argentino.
Reflexión final
La historia registra hechos; la sociedad construye símbolos. Las visitas papales y otras curiosas coincidencias —como la teoría de los presidentes con bigote y los títulos mundiales— no demuestran una relación causal, pero ayudan a comprender cómo nacen y perduran las creencias populares. La verdadera explicación de los grandes acontecimientos siempre debe buscarse en los procesos históricos, políticos y sociales, no en las supersticiones.