Por Aurelio Nicolella
En la madrugada del jueves
26 de febrero de 2026, mi madre, de 92 años, fue brutalmente golpeada en su
propia casa en Remedios de Escalada. Tres delincuentes encapuchados ingresaron,
la agredieron hasta romperle la dentadura, la desnudaron, la humillaron y le
robaron su jubilación y pertenencias.
Lo que resulta absolutamente inaceptable - y que no puedo dejar de
señalar - es que usted, como responsable máximo de Seguridad Ciudadana, no
estuvo junto a la víctima ni le brindó acompañamiento, consuelo o asistencia
tras el ataque. Ni usted ni la subsecretaria se acercaron a mi madre en ese
momento crítico. Esta ausencia no es un detalle menor: es un fracaso directo en
su gestión y un abandono de la función más básica de su cargo. Mi madre estaba
indefensa, y quienes debían protegerla no aparecieron.
Mientras los delincuentes escapaban, un patrullero se encontraba
estacionado en la esquina: visible, pero totalmente inoperante, sin cumplir la
función mínima de control y seguridad que debería tener. La presencia
institucional estuvo, pero la acción fue nula. Y, Usted no estuvo presente
donde debía estar: cerca de la víctima, ejerciendo la seguridad que los vecinos
esperan.
No se trata de un descuido
menor. Es la demostración clara de un fracaso en la gestión de la seguridad
pública. La función que usted ocupa exige más que palabras o patrulleros
estacionados: exige acción, intervención inmediata y acompañamiento a quienes
sufren la violencia en carne propia. Mi madre estaba indefensa y sola frente a la
agresión. Y, Usted, señor Castillo, no
estaba.
Este hecho tuvo tanta
repercusión que medios nacionales e internacionales se hicieron eco de la
noticia, mostrando al mundo la inseguridad que padecemos y afectando la imagen
de Lanús. Mientras tanto, los vecinos de nuestra comunidad estuvieron
presentes, acompañando a mi madre, brindando consuelo y apoyo en un momento de
extrema vulnerabilidad. A ellos les agradezco profundamente su solidaridad y
humanidad.
Lanús no puede seguir
tolerando esta falta de compromiso. La seguridad no es un juego político ni un
trámite administrativo; es una obligación de quien ocupa un cargo público.
Cuando una abuela es atacada en su casa y los funcionarios responsables no
aparecen, el mensaje es brutal: la seguridad no importa.
Por respeto a los vecinos,
por respeto a la función pública y, sobre todo, por respeto a quienes confiamos
en el Estado, le reclamo que usted y su equipo asuman de inmediato la
responsabilidad que les corresponde y den un paso al costado.
Si una mujer de 92 años no
puede estar segura en su propia casa, entonces ningún vecino de Lanús puede
sentirse protegido. La violencia golpea a los más vulnerables, y cuando los
responsables del Estado no actúan, la impunidad se instala y amenaza a todos.

