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18 octubre 2026

LA BANDERA QUE NO PODÍAMOS IZAR NI MOSTRAR

                     

Del Sol de Mayo reservado al Estado a la bandera de todos los argentinos


De la Editorial del Magazine Observador

Hay historias que parecen increíbles porque forman parte de nuestra vida cotidiana y, sin embargo, casi nadie recuerda cómo sucedieron. Una de ellas es la historia de nuestra bandera nacional y de una restricción que durante décadas impidió a los ciudadanos utilizar libremente la enseña argentina con el Sol de Mayo.

Hoy vemos flamear nuestra bandera en los balcones, en las escuelas, en las plazas, en los clubes de barrio y en las casas de familia. La sentimos propia, porque lo es. Pero no siempre fue así.

Durante buena parte de nuestra historia, los particulares no tenían derecho a utilizar la bandera oficial con el sol en el centro. Podían exhibir los colores celeste y blanco, pero sin ese emblema que hoy identificamos como inseparable de nuestra identidad nacional.

¿Cómo llegamos a tener una bandera para todos?

De Belgrano al Sol de Mayo

Manuel Belgrano creó la bandera celeste y blanca en 1812, en los tiempos decisivos de la lucha por la independencia. El Congreso de Tucumán reconoció oficialmente la bandera nacional en julio de 1816. Posteriormente, el 25 de febrero de 1818, se incorporó el sol como distintivo de la bandera de guerra.

Así nació una diferenciación que tendría consecuencias durante más de un siglo: la bandera con el sol quedó vinculada al uso oficial y militar, mientras que los particulares debían utilizar la enseña sin ese símbolo.

El Sol de Mayo, que remite a la Revolución de 1810 y a los orígenes de nuestra emancipación, terminó convertido en un atributo cuyo uso no estaba al alcance de todos los ciudadanos.

La restricción se consolidó en 1943 y 1944

El 19 de junio de 1943, mediante el Decreto 1.027, el gobierno de facto surgido de la Revolución de Junio estableció que la bandera oficial de la Nación era la que llevaba el sol. Sin embargo, limitó su utilización al Gobierno federal y a los gobiernos provinciales y territoriales.

El artículo 3.º reservaba a los particulares el uso de los colores nacionales en forma de bandera, pero sin el sol, además de la escarapela y el estandarte.

La disposición fue ratificada en el artículo 3.º del Decreto 10.302, del 24 de abril de 1944, durante la presidencia de Edelmiro J. Farrell.

La norma era explícita: los particulares podían utilizar los colores nacionales, pero no la bandera oficial con el Sol de Mayo.

No se trataba de una prohibición de exhibir los colores patrios, sino de una restricción legal sobre cuál de las dos versiones podían usar los ciudadanos.

La paradoja era evidente: la bandera representaba a la Nación entera, pero el emblema que la distinguía oficialmente estaba reservado a determinadas autoridades.

¿Qué hizo Perón?

Juan Domingo Perón asumió la Presidencia de la Nación en junio de 1946, cuando ese régimen jurídico ya estaba vigente.

Conviene ser rigurosos con la historia: no hemos podido verificar una declaración personal de Perón que permita atribuirle una posición específica sobre la prohibición de que los particulares utilizaran la bandera con el sol.

 

Lo que sí puede afirmarse es que la restricción legal no fue eliminada durante sus primeras presidencias. La disposición continuó formando parte del ordenamiento jurídico hasta la reforma legislativa de 1985.

Por eso, no corresponde atribuirle una frase o una intención que no podamos documentar. La historia debe distinguir entre las declaraciones de un presidente y las normas que permanecieron vigentes durante su gobierno.

Alfonsín y la bandera de todos

La recuperación democrática abrió una nueva etapa institucional. En 1985, durante la presidencia de Raúl Ricardo Alfonsín, el Congreso de la Nación sancionó la Ley 23.208.

Su artículo 1.º estableció que tenían derecho a utilizar la Bandera Oficial de la Nación el Gobierno federal, los gobiernos provinciales y los particulares, debiendo rendírsele siempre el debido respeto y honor.

El artículo 2.º derogó las disposiciones que sostenían aquella diferenciación.

La ley fue promulgada mediante el Decreto 1.541, del 16 de agosto de 1985, firmado por Alfonsín y por el entonces ministro del Interior, Antonio A. Tróccoli.

De esa manera, la bandera con el Sol de Mayo dejó de ser una enseña reservada a los organismos estatales y pasó a estar legalmente al alcance de todos los argentinos.

Es importante precisar el hecho histórico: fue el Congreso el que sancionó la Ley 23.208, y Alfonsín la promulgó. La transformación no debe presentarse como una decisión personal del presidente aislada del procedimiento legislativo.

Una bandera no pertenece a un gobierno

La bandera argentina nació como expresión de una causa emancipadora. Su historia está vinculada a Belgrano, a los hombres y mujeres de la Revolución, a la Independencia y a las generaciones que construyeron nuestra Nación.

Por eso, cuesta comprender que durante décadas el ciudadano común no pudiera utilizar la misma versión oficial de la bandera que flameaba en los edificios públicos.

La cuestión trasciende una disposición reglamentaria. También plantea una reflexión sobre la relación entre el Estado y la sociedad: los símbolos nacionales deben unir a los argentinos, no establecer diferencias innecesarias entre quienes gobiernan y quienes son gobernados.

El Sol de Mayo no es patrimonio de un partido político, de una fuerza militar ni de una administración determinada. Tampoco es una distinción reservada a quienes ocupan cargos públicos.

Es parte de nuestra historia común.

Hoy, cuando una familia iza la bandera en su balcón o un vecino la coloca en la puerta de su casa cada 20 de junio, ejerce un derecho que quedó expresamente reconocido por la Ley 23.208.

Y ese gesto sencillo encierra un significado profundo: la patria no pertenece exclusivamente a sus instituciones. También pertenece a sus ciudadanos.

La bandera es de todos porque la Nación es de todos. Y el Sol de Mayo debe recordarnos, cada día, que los símbolos de la patria no son privilegios: son una herencia compartida.

 

Fuentes documentales

Decreto 1.027/1943, sobre el uso de la bandera nacional.

Decreto 10.302/1944, reglamentación de los símbolos patrios.

Ley 23.208, sancionada en 1985.

Decreto 1.541/1985, promulgación de la Ley 23.208.

Textos oficiales disponibles en el portal de normativa nacional de Argentina.gob.ar.


GLOSARIO DE NUESTRA BANDERA

Historia, símbolos y significado de la enseña nacional

MAGAZINE OBSERVADOR

La bandera argentina es mucho más que un paño celeste y blanco. En ella conviven nuestra historia, la lucha por la independencia, la identidad nacional y la memoria de las generaciones que construyeron la patria. Este glosario reúne algunos de sus principales elementos y conceptos históricos.

1. La bandera argentina

Es el símbolo nacional que representa a la República Argentina y a todos sus habitantes. Fue creada por Manuel Belgrano y enarbolada por primera vez en Rosario el 27 de febrero de 1812. Su significado está ligado a la independencia, la soberanía y la unidad nacional.

2. El color celeste

Es uno de los dos colores característicos de nuestra bandera. Está presente desde los primeros diseños atribuidos a Belgrano. Su interpretación suele asociarse con el cielo, aunque el origen exacto de la elección de los colores continúa siendo objeto de debate histórico.

3. El color blanco

Junto al celeste, constituye la identidad visual de la bandera nacional. Tradicionalmente se lo relaciona con la pureza y la paz, aunque estas interpretaciones simbólicas no deben confundirse con una explicación histórica definitiva sobre la elección original de los colores.

4. El Sol de Mayo

Es el emblema dorado que aparece en el centro de la bandera oficial argentina. Su incorporación a la bandera se dispuso en 1818. Está relacionado simbólicamente con la Revolución de Mayo de 1810 y se vincula con la tradición iconográfica del sol incaico. Posee un rostro humano y alterna rayos rectos y ondulados.

5. ¿Por qué se llama Sol de Mayo?

Su nombre remite a la Revolución de Mayo de 1810, acontecimiento fundamental del proceso que condujo a la independencia. El sol también aparece en el escudo nacional y en otros símbolos históricos de la región. La denominación recuerda el nacimiento de una nueva etapa política en el Río de la Plata.

¿Qué representan los rayos flamígeros del Sol de Mayo?

Los rayos flamígeros son los 16 rayos ondulados que alternan con otros 16 rayos rectos en el Sol de Mayo de nuestra bandera. Su nombre proviene de su forma, semejante a las llamas.

El diseño oficial reproduce el sol grabado en las primeras monedas patrias acuñadas por la Asamblea del Año XIII. El emblema se vincula con la tradición del sol incaico y con el nacimiento de una nueva nación americana.

Aunque su forma evoca el fuego, no existe una interpretación histórica oficial que atribuya a los rayos flamígeros un significado independiente y exclusivo. Su importancia reside en formar parte de un símbolo que representa nuestra historia y nuestra identidad nacional.

Un detalle curioso siempre a distinguir: los 32 rayos no son iguales: 16 son rectos y 16 flamígeros, dispuestos alternativamente. https://www.argentina.gob.ar/pais/simbolos/bandera

6. Manuel Belgrano

Abogado, economista, militar y uno de los principales protagonistas de la Revolución de Mayo. Creó la bandera celeste y blanca en 1812, en el contexto de las guerras por la emancipación. Su figura representa el compromiso con la independencia y la organización de la nueva nación.

7. La bandera de guerra y la bandera civil

Históricamente existió una distinción entre la bandera con el sol, vinculada al uso oficial y militar, y la bandera sin el sol, utilizada por los particulares. Esa diferenciación quedó superada en 1985 con la Ley 23.208, que reconoció a los particulares el derecho a utilizar la Bandera Oficial de la Nación.

8. La Revolución de Mayo

Fue el proceso político iniciado en Buenos Aires en mayo de 1810 que culminó con la formación de la Primera Junta de gobierno. Constituyó un paso decisivo hacia la ruptura del orden colonial y el posterior proceso de independencia.

9. El 20 de Junio: Día de la Bandera

Es la fecha en que la Argentina homenajea a Manuel Belgrano, fallecido el 20 de junio de 1820. La conmemoración honra su legado y el significado de la bandera como símbolo de soberanía, libertad e identidad nacional.

10. Decreto 10.302/1944

Norma dictada durante la presidencia de facto de Edelmiro J. Farrell que reguló los símbolos nacionales. Su artículo 3.º estableció la distinción entre la bandera oficial con el sol y el uso particular de la bandera sin ese emblema.

LOS DEPORTISTAS ARGENTINOS Y UNA BANDERA SIN SOL

La diferencia también resulto relevante al recordar a los deportistas argentinos que desfilaban en los Juegos Olímpicos representando a nuestro país. La normativa vigente antes de 1985 reservaba la bandera oficial con el sol al Estado, mientras que los particulares, entre ellos los deportistas, debían utilizar los colores nacionales sin ese símbolo.

La ley de del 25 de julio de 1985 al derogar las disposiciones que sostenían aquella diferenciación, nuestros deportistas podían enarbolar la bandera con el sol de mayo.

Con lo cual dicha ley fue una transformación que también alcanzo al deporte: con lo cual quienes representan a la Argentina en el mundo llevan los colores de una Nación cuya bandera sin amputación pertenece a todos sus ciudadanos .

11. Ley 23.208 de 1985

Ley sancionada por el Congreso durante la presidencia de Raúl Alfonsín. Reconoció el derecho de los particulares a utilizar la Bandera Oficial de la Nación y derogó las disposiciones que mantenían la antigua diferenciación.

12. Soberanía nacional

Es el principio por el cual la Nación ejerce su autoridad política sin subordinación a otro Estado. La bandera expresa esa soberanía y representa la continuidad histórica de la comunidad nacional.
«Se dice que la bandera de los Estados Unidos tiene cincuenta estrellas, mientras que la Argentina tiene una sola: el Sol de Mayo. Pero esa estrella es nuestro Sol, el que nos da vida, nos ilumina y nos recuerda que una sola luz puede representar a toda una Nación»

UNA BANDERA, UNA NACIÓN, TODOS LOS ARGENTINOS

El Sol de Mayo no es un privilegio ni una propiedad del poder. Es parte de un símbolo nacional que nos representa a todos.

Fuentes para ampliar: Ley 23.208; Decreto 10.302/1944; normativa nacional sobre los símbolos patrios; materiales históricos del Instituto Nacional Belgraniano.

¿SABÍAS QUE…?

LAS CURIOSIDADES DE LA BANDERA ARGENTINA

Historia, colores, símbolos y expediciones olvidadas

MAGAZINE OBSERVADOR

Cuando hablamos de nuestra bandera, casi siempre mencionamos el celeste y el blanco. Sin embargo, su historia también nos lleva al amarillo dorado del Sol de Mayo, a los debates sobre el origen de sus colores y a una extraordinaria expedición naval que relaciona nuestra enseña con varias banderas de América Central.

1. El celeste y el blanco: dos colores con historia

Manuel Belgrano creó la bandera en 1812. El Congreso de Tucumán consagró oficialmente los colores celeste y blanco el 20 de julio de 1816. Aunque existen distintas interpretaciones sobre su origen, no debe afirmarse que una explicación simbólica sea la única históricamente demostrada.

2. El amarillo dorado también es un color patrio

El Sol de Mayo no es un agregado decorativo: forma parte de la Bandera Oficial de la Nación. Su color es el oro, representado mediante un amarillo dorado. Por eso, cuando describimos la bandera oficial completa, no basta con mencionar el celeste y el blanco: también debemos incluir el dorado del sol.

3. ¿Y el morado? Una aclaración necesaria

El morado o púrpura no integra los colores oficiales de la bandera argentina. En algunas ilustraciones artísticas pueden aparecer sombras o tonalidades que parecen violáceas, pero eso no convierte al morado en un color patrio oficial. La normativa contempla el celeste, el blanco y el amarillo dorado del sol, además de los detalles oscuros de su representación.

4. El Sol de Mayo y sus 32 rayos

El sol de nuestra bandera tiene un rostro humano y 32 rayos alternados: 16 rectos y 16 flamígeros. Su diseño reproduce el sol que aparecía en las primeras monedas patrias. Fue incorporado a la bandera el 25 de febrero de 1818.

5. Una bandera que cruzó los océanos

La fragata La Argentina, al mando de Hipólito Bouchard, realizó una extraordinaria campaña naval entre 1817 y 1819. Recorrió mares del mundo, pasó por el océano Índico y el Pacífico, y llevó la enseña de las Provincias Unidas del Río de la Plata hasta costas de América y Asia.

6. HIPÓLITO BOUCHARD: EL MARINO QUE LLEVÓ LA BANDERA A CENTROAMÉRICA

De origen francés, Bouchard se incorporó a la causa de la independencia sudamericana y sirvió a las Provincias Unidas. Al mando de la fragata La Argentina, atacó posiciones españolas en las costas del Pacífico. En 1818-1819 su expedición llegó a las costas centroamericanas y combatió en Nicaragua.

Su campaña es uno de los antecedentes que suelen señalarse para explicar la difusión de los colores celeste y blanco en América Central. La historia posterior de esas banderas también incluye a los dirigentes independentistas centroamericanos y sus propias decisiones políticas.

Bouchard no fue solamente un marino que recorrió grandes distancias: fue uno de los protagonistas de una época en que las banderas expresaban la lucha por la independencia y la ruptura del dominio colonial.

7. ¿Por qué varias banderas centroamericanas se parecen a la argentina?

Las banderas de Nicaragua, Honduras y El Salvador presentan franjas azules y blancas. Guatemala utiliza una combinación de esos colores en franjas verticales, mientras que Costa Rica incorpora una franja roja central más ancha. Sus diseños se relacionan con la tradición de la antigua Federación Centroamericana y con las influencias políticas e históricas de la región.

La conexión con la bandera argentina se asocia tradicionalmente con la expedición de Bouchard y la circulación de los ideales independentistas. La formación de los símbolos centroamericanos tuvo, además, una historia propia.

8. La bandera que durante décadas no todos podían usar

En distintos períodos históricos se estableció una diferencia entre la bandera oficial con el sol y la bandera sin él, utilizada por los particulares. La Ley 23.208, sancionada en 1985, reconoció a los ciudadanos el derecho a utilizar la Bandera Oficial de la Nación.

9. Una bandera, dos siglos de historia

Desde Rosario en 1812 hasta nuestros días, la bandera atravesó guerras, declaraciones de independencia, cambios políticos y debates sobre sus características. Su continuidad demuestra que los símbolos nacionales pueden sobrevivir a los gobiernos y a las diferencias partidarias.

EL CELESTE, EL BLANCO Y EL SOL DORADO

Una bandera nacida en la lucha por la independencia, llevada por los mares del mundo y convertida en símbolo de todos los argentinos.

MAGAZINE OBSERVADOR · Historia, cultura e identidad nacional

22 septiembre 2026

¿POR QUÉ LA DERECHA INTELECTUAL PERDIÓ TERRENO FRENTE A LA IZQUIERDA?

 

¿POR QUÉ LA DERECHA INTELECTUAL PERDIÓ TERRENO FRENTE A LA IZQUIERDA?

Por Aurelio Nicolella

Durante buena parte del siglo XX, el debate político e intelectual estuvo marcado por una paradoja. Mientras la derecha gobernó en numerosos países y ejerció una importante influencia económica, gran parte de los ámbitos de producción cultural —universidades, editoriales, medios de comunicación, cine y espacios académicos— fueron ocupados progresivamente por intelectuales identificados con distintas corrientes de izquierda.

Esta realidad llevó a numerosos pensadores a preguntarse por qué la derecha parecía perder la llamada "batalla cultural", aun cuando en muchos momentos conservaba una importante representación política o económica.

La respuesta no admite simplificaciones. Existen múltiples factores históricos, sociales y culturales que ayudan a comprender este fenómeno.

Uno de ellos fue el enorme impacto que produjeron la Revolución Rusa de 1917 y, posteriormente, la lucha contra el fascismo durante la Segunda Guerra Mundial. Durante décadas, amplios sectores universitarios identificaron a la izquierda con las ideas de justicia social, igualdad y emancipación, mientras que gran parte de la derecha quedó asociada —con mayor o menor fundamento según cada caso— al conservadurismo, al autoritarismo o a la defensa del orden establecido.

Otro elemento decisivo fue la formulación del concepto de "hegemonía cultural" desarrollado por el pensador italiano Antonio Gramsci (1891-1937) fue un filósofo, periodista, político y teórico marxista italiano, considerado uno de los pensadores más influyentes del siglo XX, fue uno de los fundadores del Partido Comunista de Italia en 1921.

En 1926 fue detenido por el régimen fascista de Benito Mussolini. Durante su encarcelamiento escribió sus célebres "Cuadernos de la cárcel", una obra fundamental para la teoría política contemporánea. En ellos desarrolló conceptos como la hegemonía cultural, según la cual una clase dirigente consolida su poder no sólo mediante la fuerza o el control del Estado, sino también influyendo en la educación, la cultura, los medios de comunicación y las instituciones de la sociedad civil.

Gramsci sostenía que la transformación política requería previamente conquistar el terreno de las ideas y formar consenso social, una concepción que ejerció una profunda influencia sobre numerosos movimientos políticos, académicos y culturales del siglo XX y XXI.

Su tesis sostenía que el poder político duradero dependía, antes que nada, de conquistar el terreno de las ideas, la educación, la cultura y los medios de comunicación. Diversos movimientos de izquierda tomaron esa estrategia como una prioridad y desarrollaron una presencia sostenida en universidades, centros de investigación, editoriales, sindicatos docentes y espacios artísticos.

Mientras tanto, una parte importante de la derecha concentró sus esfuerzos en la economía, la administración del Estado y la actividad empresarial, prestando menor atención a la formación de cuadros intelectuales o a la disputa por la producción cultural. En muchos casos, se asumió que el crecimiento económico bastaría para consolidar un determinado modelo de sociedad, descuidando la importancia del debate de las ideas.

También influyó un factor generacional. Las universidades occidentales experimentaron, especialmente desde la década de 1960, una profunda transformación impulsada por movimientos estudiantiles que cuestionaban las estructuras tradicionales de autoridad, la guerra, el colonialismo y diversas formas de discriminación. En ese contexto, las corrientes progresistas adquirieron una presencia creciente en numerosos ámbitos académicos.

Sin embargo, afirmar que la izquierda logró una hegemonía absoluta sería desconocer la diversidad existente dentro del mundo intelectual. A lo largo de las últimas décadas también surgieron destacados pensadores liberales, conservadores, demócrata-cristianos y libertarios que continuaron produciendo obras de enorme influencia en filosofía, economía, derecho e historia.

En los últimos años, además, el escenario comenzó a modificarse. Las redes sociales, las plataformas digitales y los nuevos medios de comunicación redujeron el monopolio que durante décadas tuvieron las grandes editoriales, los periódicos tradicionales y ciertos ámbitos universitarios sobre la difusión de las ideas. Ello permitió que autores y corrientes de pensamiento antes minoritarios alcanzaran una audiencia mucho más amplia.

La expansión de nuevas corrientes liberales y conservadoras en distintos países, junto con el crecimiento de medios digitales independientes, muestra que la denominada "batalla cultural" continúa abierta y que ninguna tradición política posee un dominio permanente sobre el debate público.

La historia demuestra que las ideas evolucionan junto con las sociedades. Ninguna corriente mantiene indefinidamente la iniciativa intelectual. La influencia cultural depende de la capacidad de interpretar los problemas de cada época, formar nuevos pensadores, producir conocimiento y participar activamente en el debate democrático.

Más que preguntarse por qué una corriente perdió o ganó terreno, el verdadero desafío consiste en fortalecer una cultura política en la que las distintas tradiciones intelectuales puedan confrontar sus argumentos con libertad, rigor y respeto por el pluralismo. Sólo así el intercambio de ideas contribuye al fortalecimiento de las instituciones democráticas y al enriquecimiento del pensamiento jurídico, político y social.

17 agosto 2026

CUANDO LA TELEVISION URUGUAYA CRUZABA EL RIO DE LA PLATA: PROGRAMAS QUE TAMBIEN SIGUIERON LOS ARGENTINOS DEL GRAN BUENOS AIRES

 


CUANDO LA TELEVISION URUGUAYA CRUZABA EL RIO DE LA PLATA: PROGRAMAS QUE TAMBIEN SIGUIERON LOS ARGENTINOS DEL GRAN BUENOS AIRES

Por Aurelio Nicolella

Mucho antes de la televisión por cable, de las plataformas de streaming y de internet, el Río de la Plata no era un obstáculo para la televisión. En numerosas localidades del Área Metropolitana de Buenos Aires y de la costa bonaerense, miles de familias orientaban sus antenas hacia Montevideo para captar las señales de los canales uruguayos.

No siempre era sencillo. La calidad de la imagen dependía del clima, de la altura de la antena y de las condiciones de propagación. Pero cuando la recepción era buena, las pantallas argentinas se llenaban de programas, conductores y publicidades llegadas desde la otra orilla.

Los tres grandes canales privados de Montevideo —Canal 4, Canal 10 y  Canal 12 (Teledoce)— fueron protagonistas de aquella época dorada de la televisión uruguaya. Nacidos entre 1956 y 1962, marcaron el desarrollo de la televisión oriental y, con el tiempo, también despertaron el interés de muchos televidentes argentinos.

Aunque la mayor parte del público recuerda a Canal 4, Canal 10 y Teledoce, también Canal 5 SODRE, nacida en 1963, cruzaba el Río de la Plata. Como emisora pública uruguaya, ofrecía una programación diferente, con fuerte presencia de contenidos culturales, educativos, documentales, música, teatro, ciclos históricos y transmisiones oficiales. Para muchos televidentes argentinos, especialmente en el Gran Buenos Aires y la costa bonaerense, sintonizar el Canal 5 era una forma de descubrir otra manera de hacer televisión, más orientada al servicio público que al entretenimiento comercial.

Uno de los fenómenos más recordados fue Telecataplúm, el histórico programa humorístico de Teledoce. Su éxito fue tan grande que cruzó el Río de la Plata y llegó a producirse también para la televisión argentina, convirtiéndose en uno de los primeros grandes éxitos internacionales de la TV uruguaya.

También gozaron de enorme popularidad El Show del Mediodía, conducido durante décadas por Cacho de la Cruz (1937-2025), cuyo nombre verdadero era Arturo de la Cruz Feliciani nacido en Buenos Aires, los noticieros Subrayado y Telemundo, los programas periodísticos de Carlos Giacosa (1936-2015), los ciclos solidarios, deportivos y musicales, además de numerosas series estadounidenses que muchas veces llegaban antes o en horarios distintos a los de la televisión argentina.

Para muchos argentinos, ver televisión uruguaya también significaba descubrir otra manera de hacer televisión. El ritmo era diferente, la publicidad tenía un estilo propio y los conductores transmitían una cercanía que terminó convirtiéndose en una marca registrada de la pantalla oriental.

La televisión también fortaleció el vínculo cultural entre ambos países. Artistas, periodistas y humoristas cruzaban permanentemente el Río de la Plata para trabajar en una y otra orilla, enriqueciendo una relación que trascendía las fronteras.

Hoy, cuando cualquier contenido puede verse desde un teléfono celular, resulta difícil imaginar aquella época en la que una simple antena apuntando hacia Montevideo abría una ventana a otra televisión.

Quizá por eso quienes vivieron aquellos años recuerdan con afecto esas noches en las que, con algo de paciencia y un poco de suerte, la pantalla dejaba de mostrar "lluvia" y aparecía, desde la otra orilla, una imagen que demostraba que el Río de la Plata también podía unir a través de la televisión.

Aquellas imágenes que cruzaban el Río de la Plata demostraban que la televisión podía acercar a dos pueblos separados por un río, pero unidos por una misma cultura rioplatense. Antes de internet y de las plataformas digitales, bastaba una buena antena, un poco de paciencia y una noche de buena propagación para que Montevideo entrara en los hogares argentinos. Para quienes vivieron esa época, no era solo televisión: era la emoción de descubrir otro país sin salir del living de casa.

Misceláneas

  • Durante las décadas de 1960, 1970 y parte de la de 1980, numerosas familias argentinas instalaron antenas de gran altura orientadas hacia Montevideo para captar los canales uruguayos.
  • La calidad de la imagen dependía de las condiciones atmosféricas. En algunas noches la recepción era excelente; en otras, la pantalla aparecía cubierta por la clásica "lluvia".
  • Además de Canal 4, Canal 10 y Teledoce, también podía sintonizarse Canal 5 SODRE, cuya programación cultural y educativa era muy apreciada por muchos televidentes.
  • La publicidad uruguaya, las cortinas musicales, las identificaciones de los canales y el estilo de sus conductores permitían descubrir aspectos de la vida cotidiana del Uruguay.
  • Antes de internet, la televisión fue uno de los principales puentes culturales entre argentinos y uruguayos, acercando a millones de espectadores de ambas orillas del Río de la Plata.
  • 14 agosto 2026

    LA REVOLUCIÓN CUBANA Y LA PROMESA INCUMPLIDA DE LA CONSTITUCIÓN DE 1940

     

    LA REVOLUCIÓN CUBANA Y LA PROMESA INCUMPLIDA DE LA CONSTITUCIÓN DE 1940

    Por Aurelio Nicolella

    Uno de los aspectos menos difundidos sobre los orígenes de la Revolución Cubana es que, en sus primeros años, una de las principales banderas del movimiento encabezado por Fidel Castro Ruz (1926-1916) era la restauración de la Constitución de 1940, considerada por numerosos constitucionalistas como una de las cartas magnas más avanzadas de América Latina para su época.

    Aquella Constitución, de orientación liberal y con un fuerte contenido social, había sido dejada de lado tras el golpe de Estado encabezado por Fulgencio Batista y Zaldívar (1901-1973) el 10 de marzo de 1952. Entre otras disposiciones, contemplaba la reforma agraria, derechos laborales, educación pública y diversas garantías sociales, por lo que simbolizaba para muchos cubanos el retorno al orden constitucional.

    Tras el golpe militar, Batista anuló las elecciones previstas para ese año. Fidel Castro, que se había postulado como candidato a diputado por el Partido Ortodoxo, quedó impedido de acceder al Congreso. A partir de entonces inició una creciente oposición al régimen, que culminó con el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Detenido y posteriormente amnistiado, partió al exilio en México, donde reorganizó el movimiento que finalmente desembarcaría en Cuba a bordo del Granma.

    En su alegato "La Historia me Absolverá" (1953), así como en otros documentos posteriores del Movimiento 26 de Julio, Fidel Castro sostuvo que uno de los objetivos fundamentales de la revolución era restablecer la Constitución de 1940 y convocar a elecciones libres una vez derrocado Batista. Sin embargo, ese compromiso nunca llegó a concretarse.

    En aquellos primeros años, el movimiento revolucionario reunía dirigentes con trayectorias e ideas muy diversas. Junto a Fidel Castro participaron figuras como Camilo Cienfuegos Gorriarán (1932-1959), Frank País García (1934-1957), Abel Santamaría Cuadrado (1927-1953) y Huber Matos Benítez (1918-2014), mientras que Raúl Castro Ruz (1931) y Ernesto "Che" Guevara (1928-1967) mantenían una identificación más cercana con el marxismo. Diversos historiadores sostienen que el rumbo ideológico de la revolución fue modificándose progresivamente tras la toma del poder, especialmente en el contexto de la Guerra Fría y del creciente enfrentamiento con los Estados Unidos.

    Durante los primeros meses del nuevo gobierno, Fidel Castro rechazó públicamente las acusaciones de que su revolución fuera comunista. El 19 de abril de 1959 afirmó que "el gobierno revolucionario no es comunista" y, durante su visita a Washington en ese mismo período, insistió en varias oportunidades en que la revolución tenía un carácter nacional y no respondía a doctrinas extremas.

    Asimismo, resulta significativo que en "La Historia me Absolverá" no aparezcan referencias expresas al marxismo, al leninismo, al socialismo o al comunismo, circunstancia que ha dado lugar a diversas interpretaciones sobre la evolución política posterior del proceso revolucionario.

    Con el paso de los años, el gobierno cubano adoptó oficialmente el marxismo-leninismo como doctrina del Estado y consolidó un sistema de partido único. Desde una perspectiva crítica, puede sostenerse que aquel proyecto inicial de restaurar la Constitución de 1940 y convocar a elecciones libres quedó definitivamente desplazado por un modelo político distinto al anunciado durante la lucha contra Batista.

    Más de seis décadas después, el debate continúa abierto entre historiadores y politólogos: para algunos, la revolución modificó su rumbo como consecuencia de las circunstancias internacionales; para otros, esa transformación respondió a una decisión política de su conducción. Lo indiscutible es que la restauración de la Constitución de 1940, presentada como uno de los objetivos iniciales del movimiento revolucionario, nunca llegó a materializarse.

    13 agosto 2026

    LOS ARGENTINOS QUE NO PODÍAN VOTAR - La historia olvidada de los Territorios Nacionales



    LOS ARGENTINOS QUE NO PODÍAN VOTAR - La historia olvidada de los Territorios Nacionales


    Por Aurelio Nicolella

    Hubo una época en la historia argentina en la que ser argentino no significaba necesariamente tener los mismos derechos políticos que otro argentino.

    Podía vivir en el territorio nacional, trabajar, formar una familia, pagar impuestos, tener una profesión, participar de la vida económica y social del país y, sin embargo, no contar con los mismos mecanismos de representación política que un ciudadano de una provincia.

    No se trataba de una colonia extranjera ni de territorios fuera de la soberanía argentina.

    Eran parte de la Argentina.

    Pero jurídicamente tenían un régimen diferente.

    Durante muchas décadas, desde fines del siglo XIX y hasta buena parte del siglo XX, enormes extensiones del territorio argentino fueron organizadas como Territorios Nacionales, bajo una administración fuertemente dependiente del Gobierno Nacional.

    La historia de aquellos territorios constituye uno de los capítulos menos conocidos de nuestro proceso de construcción federal.

    Y también plantea una pregunta que todavía sorprende:

    ¿Cómo podía existir una Argentina en la que miles de argentinos vivieran dentro de sus fronteras sin tener una ciudadanía política plena?

    Argentina fue un país que todavía estaba construyendo sus fronteras, después de la organización nacional, el Estado argentino comenzó a consolidar su presencia efectiva sobre extensas regiones que hasta entonces tenían una débil integración institucional.

    En 1884 se sancionó la Ley 1.532, que estableció la organización de los Territorios Nacionales. La norma fue uno de los instrumentos fundamentales mediante los cuales el Estado Nacional organizó políticamente esos espacios.

    Entre los territorios que se organizaron de esta manera estuvieron, entre otros, Chaco, Formosa, Misiones, La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, pero también existieron otros territorios históricos Territorio Nacional de Los Andes creado en 1899; comprendía sectores de la Puna y fue disuelto en 1943. Sus tierras fueron repartidas principalmente entre Jujuy, Salta y Catamarca.

    Territorio Nacional de la Patagonia, creado en 1878, antes de la organización de los territorios de 1884. Comprendía una enorme extensión patagónica y posteriormente fue dividido en otros territorios.

    Territorio Nacional de Misiones tuvo además una historia particular, porque antes de su organización definitiva como territorio nacional existieron diferentes formas de administración del espacio misionero.

    El mapa fue cambiando con el tiempo. La Ley 1.532 de 1884 es el punto fundamental para la organización de los Territorios Nacionales en la Argentina moderna. Posteriormente algunos fueron provincializados y otros desaparecieron o fueron redistribuidos.

    Cabe mencionar que el conflicto mundial de mitad del Siglo XX alcanzo al mapa de la República Argentina, asi en plena Segunda Guerra Mundial, el Estado argentino reforzó su presencia en la Patagonia. 

    En 1944 fue creada la Gobernación Militar de Comodoro Rivadavia, una jurisdicción que comprendía sectores de los Territorios Nacionales de Chubut y Santa Cruz, con capital en la ciudad de Comodoro Rivadavia. 

    La medida tuvo una fuerte importancia estratégica: la zona concentraba los yacimientos petrolíferos de la Cuenca del Golfo San Jorge y, al mismo tiempo, se encontraba en una región patagónica de especial sensibilidad geopolítica y fronteriza. 

    Durante once años, entre 1944 y 1955, esta Gobernación Militar constituyó una forma excepcional de administración directa del Estado Nacional sobre una parte de la Patagonia. 

    Su existencia demuestra que la cuestión patagónica no se limitaba a la discusión sobre la ciudadanía y la provincialización: también involucraba petróleo, defensa, soberanía, fronteras y control estratégico del territorio. 

    Con la provincialización de 1955, la Gobernación Militar fue disuelta y los territorios involucrados quedaron nuevamente integrados a las provincias de Chubut y Santa Cruz.

    De aquellos territorios surgieron nueve de las provincias actuales: Chaco, Formosa, Misiones, La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego.

    Además, Los Andes es un caso especial, porque no se convirtió en una provincia sino que su territorio fue distribuido entre provincias ya existentes.

    La idea original tenía un componente transitorio.

    Pero en la Argentina que aprendían los escolares durante esas décadas podían encontrarse en sus manuales de Geografía e Instrucción Cívica con una fórmula que hoy resulta sorprendente: “La República Argentina se compone de catorce provincias, diez Territorios Nacionales y una Capital Federal”. Aquella frase no era una simple enumeración geográfica.

    Detrás de ella existía una diferencia política fundamental: mientras las provincias contaban con autonomía y representación propia, los Territorios Nacionales dependían directamente del Gobierno Federal y sus gobernadores eran designados por el Poder Ejecutivo Nacional.

    De esta manera, generaciones de niños, jóvenes y también quienes realizaban el servicio militar obligatorio aprendían que el mapa argentino incluía grandes extensiones pobladas por argentinos que todavía no tenían el mismo grado de participación política que los habitantes de las provincias. Era una Argentina que todavía estaba completando su organización federal.

    El territorio debía desarrollarse, aumentar su población, consolidar sus instituciones y, llegado determinado momento, transformarse en una provincia.

    Pero aquello que originalmente debía ser una etapa de organización terminó prolongándose durante décadas.

    Y con ello también se prolongó una situación política particular.

    El gobernador no era elegido por los habitantes

    Una de las principales diferencias entre una provincia y un Territorio Nacional estaba en su organización política.

    En una provincia existía una autonomía política propia, con autoridades surgidas de la voluntad de sus habitantes.

    En los Territorios Nacionales, en cambio, el poder central tenía una presencia mucho más fuerte.

    El gobernador dependía del Poder Ejecutivo Nacional.

    Los habitantes del territorio no elegían a su gobernador como lo hacía una provincia.

    Esta situación tenía una explicación histórica: para el Estado Nacional, aquellos territorios todavía no habían alcanzado el grado de desarrollo institucional y demográfico necesario para convertirse en provincias.

    Pero el problema era que esa situación podía prolongarse indefinidamente.

    Y eso fue exactamente lo que ocurrió.

    La llegada de la Ley Sáenz Peña no resolvió el problema, en 1912 la Argentina produjo una de sus grandes transformaciones políticas.

    La Ley Sáenz Peña estableció el voto secreto y obligatorio y significó un cambio profundo en el sistema electoral argentino.

    Sin embargo, los habitantes de los Territorios Nacionales quedaron al margen de esa transformación en materia de elecciones nacionales.

    El propio Estado argentino reconoce que la Ley Sáenz Peña no tenía vigencia en los Territorios Nacionales, que además carecían de representación parlamentaria. Sus habitantes tenían derechos políticos restringidos.

    Aquí aparece una de las grandes paradojas de nuestra historia política.

    Mientras en las provincias se avanzaba hacia una ampliación de la participación electoral, existían argentinos que vivían en otras regiones del país y no participaban de la elección nacional de la misma manera.

    No elegían presidente en las mismas condiciones.

    No tenían diputados nacionales elegidos como los de las provincias,  no tenían senadores propios.

    Y, fundamentalmente, no tenían una representación política equivalente.

    Pero decir que “no votaban” requiere una aclaración

    La historia no fue absolutamente blanco o negro.

    En determinados municipios de los Territorios Nacionales existieron mecanismos de participación electoral local.

    La Ley 1.532 contemplaba la organización de municipios en determinadas localidades y permitía la elección de autoridades municipales bajo ciertas condiciones.

    Por eso, decir que “los habitantes de los Territorios Nacionales no podían votar” puede resultar históricamente impreciso si se lo toma en sentido absoluto.

    La cuestión fundamental era otra: no tenían una ciudadanía política nacional plena.

    Podían existir elecciones locales, pero eso no significaba que pudieran participar en igualdad de condiciones en la elección de las autoridades nacionales.

    La diferencia era enorme.

    Un vecino podía elegir una autoridad municipal y, al mismo tiempo, no tener la posibilidad de intervenir políticamente en la elección del presidente de la República eso en derecho político se denomina "ciudadanía restringida".

    La situación puede comprenderse mejor si imaginamos la vida de una familia de la época.

    Un trabajador podía instalarse en Chaco, Formosa⁴, Neuquén ⁵, Río Negro, Santa Cruz o Tierra del Fuego.

    Podía levantar una casa. Podía trabajar en el campo, en una explotación forestal, en una actividad comercial o en una empresa.

    Sus hijos podían nacer allí, la familia podía pasar décadas viviendo en el mismo lugar. Pero políticamente seguía formando parte de un territorio administrado desde Buenos Aires.

    El gobernador era designado desde el poder central, o sea desde la Casa Rosada en Buenos Aires, por lo cual la representación política nacional era limitada y la autonomía institucional no era la de una provincia.

    La contradicción era evidente: la población crecía más rápidamente que sus derechos políticos. El país crecía y el sistema comenzaba a quedar chico

    Con el paso de las décadas, los Territorios Nacionales dejaron de ser espacios escasamente poblados.

    Las ciudades crecieron. Aparecieron escuelas, comercios, hospitales, juzgados, caminos, estaciones ferroviarias y nuevas actividades económicas. Se formaron comunidades estables.

    Nacieron generaciones enteras de argentinos que nunca habían conocido otra patria que aquella tierra.

    Ya no se trataba simplemente de poblaciones aisladas.

    Eran sociedades organizadas.

    Y comenzaron a aparecer reclamos para obtener la provincialización.

    La pregunta era inevitable:

    ¿Por qué una comunidad que había alcanzado una determinada madurez social y económica debía continuar dependiendo políticamente del Gobierno Nacional?

    Así comenzo el camino de la provincialización.

    Se debe decir que el proceso de transformación comenzó durante el gobierno de Juan Domingo Perón, mucho antes de convertirse en una de las figuras políticas más importantes de la Argentina, Juan Domingo Perón pasó parte de su infancia en la Patagonia, particularmente en Camarones, provincia del Chubut. 

    Allí llegó junto a su familia debido a las actividades laborales de su padre, Mario Tomás Perón que fue un productor agropecuario y funcionario de la administración de justicia local, llegando a ser Juez de Paz 1 de Camarones, con ello vivió de cerca la vida rural de aquellos territorios australes. 

    El contacto con los pobladores, los trabajadores de las estancias, los paisajes patagónicos y las duras condiciones de vida de aquella época formaron parte de sus primeros años y quedaron como una experiencia que el propio Perón recordaría posteriormente. 

    Camarones, pequeño pueblo frente al Atlántico, conserva hasta hoy la memoria de aquella etapa de la vida del futuro presidente argentino.

    El peronismo sabía que existía la cuestión patagónica y comprendía, además, una dimensión que iba mucho más allá de la organización administrativa. 

    Chile observaba con especial atención los territorios argentinos situados al sur, en una región atravesada por históricas disputas de límites y donde la presencia efectiva de ambos Estados resultaba fundamental ². 

    En ese contexto, mantener durante generaciones a los habitantes de la Patagonia dentro de un régimen territorial, sin representación política nacional plena y con una autonomía muy limitada, podía convertirse en un problema de integración y de soberanía.

    No sería correcto afirmar que los patagónicos estuvieran dispuestos a “mirar con cariño a Chile”, porque no existen elementos suficientes para sostener semejante generalización; pero sí puede plantearse una preocupación política de fondo: un Estado que pretende consolidar su soberanía sobre una región fronteriza necesita que sus habitantes se sientan plenamente integrados a la Nación. 

    La provincialización podía cumplir también esa función y eso en tiempos del peronismo se entendia.

    No por casualidad, la Ley 14.408 de 1955 delimitó expresamente las nuevas provincias patagónicas teniendo como límite occidental la frontera con la República de Chile.

    La creación provisoria de una “Provincia de Patagonia” en 1955 resulta todavía más significativa. El Decreto 11.429 de ese año le dio ese nombre a la nueva provincia que comprendía territorios australes, aunque el proyecto sería posteriormente modificado por el gobierno de facto de la Revolución Libertadora, surgido en septiembre de 1955.

    En definitiva, la provincialización no debe analizarse solamente como una ampliación de derechos políticos. En la Patagonia también podía ser entendida como una política de integración territorial: poblar, institucionalizar, representar y fortalecer el vínculo entre los habitantes y el Estado argentino en una de las regiones más sensibles de la Nación.

    Es así que en 1951 se produjo un cambio histórico: los Territorios Nacionales del Chaco y La Pampa fueron declarados provincias mediante la Ley 14.037. La propia ley dispuso además la convocatoria a convenciones constituyentes y estableció que la elección de los convencionales se realizaría conforme a la ley nacional de elecciones y sobre la base del padrón nacional.

    Aquello significaba mucho más que modificar un nombre en un mapa.

    Significaba transformar el “status político” de cientos de miles de personas.

    El habitante de un territorio pasaba a ser ciudadano de una provincia.

    Y con la provincia llegaban nuevas instituciones, autoridades propias y representación política. En 1953 llegó el turno de Misiones, la Ley 14.294 declaró provincia al antiguo Territorio Nacional de Misiones. La norma contempló la organización institucional y estableció que, una vez constituida la administración provincial, cesaría la intervención de los poderes nacionales en los asuntos de orden provincial. También dispuso la elección de diputados y senadores nacionales.

    La transformación era profunda, la Nación, la Casa Rosada, dejaba de administrar directamente la vida política provincial.

    Nacía una nueva autonomía. En 1955: el gran mapa cambia, en junio de 1955 el Congreso sancionó la Ley 14.408, que dispuso la provincialización de otros Territorios Nacionales. La norma declaró provincias a los territorios de Formosa, Neuquén y Río Negro, y estableció también nuevas provincias en la Patagonia, incluyendo Chubut y Santa Cruz.

    El texto original contemplaba además la Tierra del Fuego, las islas del Atlántico Sur y el sector antártico argentino, aunque los fueguinos debierón esperar unas décadas.

    El mapa político argentino comenzaba a parecerse mucho más al que conocemos actualmente.

    Los antiguos territorios comenzaban a desaparecer.

    Y con ellos desaparecía una forma particular de ciudadanía.

    De pobladores a ciudadanos

    Hay una diferencia conceptual muy importante: "Un territorio pertenecía a la Nación, una provincia formaba parte de la Nación", porque tenía autonomía política propia.

    Por eso la provincialización significaba mucho más que obtener una nueva categoría administrativa.

    Significaba tener: autoridades provinciales; constitución propia; legislatura; justicia provincial; autonomía política; representación nacional; participación plena en el sistema federal.

    En otras palabras, significaba incorporarse plenamente al federalismo argentino.

    ¿Y qué ocurrió con Tierra del Fuego? ³

    La historia todavía tenía un último capítulo.

    Aunque la Ley 14.408 de 1955 había previsto la transformación institucional de los territorios australes, la cuestión de Tierra del Fuego permaneció durante décadas sin resolverse definitivamente.

    La situación se prolongó hasta 1990, en ese año, el Congreso sancionó la Ley 23.775, mediante la cual se declaró provincia al entonces Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.

    El propio Poder Ejecutivo, al promulgar la ley, calificó la provincialización como un paso importante para completar la organización federal de la Nación.

    Así llegó a su fin un proceso que había comenzado más de un siglo antes.

    Más de cien años para completar el mapa político

    La historia de los Territorios Nacionales comenzó formalmente en el siglo XIX y terminó recién en las últimas décadas del siglo XX.

    Durante ese extenso período, la Argentina fue construyendo su presencia institucional sobre enormes espacios.

    Primero fueron territorios, después llegaron las ciudades,  luego las instituciones y finalmente, las provincias.

    El proceso puede resumirse en una larga transformación:

    territorio → población → organización → ciudadanía → autonomía → provincia.

    Pero durante buena parte de ese camino existió una diferencia entre vivir en la Argentina y participar políticamente de ella en igualdad de condiciones.

    Una historia que merece ser recordada, hoy resulta difícil imaginar que una persona pudiera vivir durante décadas en territorio argentino y no tener los mismos derechos políticos nacionales que un habitante de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe o cualquier otra provincia.

    Sin embargo, esa fue nuestra realidad durante buena parte de la historia nacional.

    Los Territorios Nacionales fueron una solución institucional para una Argentina que todavía estaba consolidando sus fronteras y organizando su Estado.

    Pero aquella solución transitoria terminó convirtiéndose en una situación que duró generaciones.

    Miles de personas nacieron y murieron siendo habitantes de un Territorio Nacional.

    Sus hijos crecieron allí, sus familias construyeron pueblos y ciudades, trabajaron la tierra, construyeron caminos, impulsaron comercios y poblaron regiones enteras.

    Y, sin embargo, durante mucho tiempo no tuvieron una representación política equivalente a la de los ciudadanos de las provincias.

    La provincialización corrigió finalmente aquella desigualdad institucional.

    Pero dejó una enseñanza que todavía conserva vigencia: la ciudadanía no consiste solamente en pertenecer a una Nación. También significa tener la posibilidad efectiva de participar en las decisiones que determinan su destino.

    La historia de los Territorios Nacionales es, en definitiva, la historia de una Argentina que tardó más de un siglo en completar su federalismo.

    Y quizás por eso merezca volver a ser contada.

    Porque detrás de aquellos viejos mapas no había simplemente territorios.

    Había argentinos.


    NOTAS: 

    (1) A comienzos del siglo XX, ser Juez de Paz en un pueblo patagónico como Camarones era una función mucho más amplia de lo que hoy imaginamos. En localidades pequeñas y alejadas de los grandes centros urbanos, el juez de paz era una de las principales autoridades del lugar y actuaba como una referencia institucional para los vecinos.

    En la práctica, intervenía en conflictos entre pobladores, cuestiones civiles de menor cuantía, certificaciones y trámites, y podía participar en determinadas actuaciones vinculadas con la policía y el orden local. También cumplía funciones relacionadas con registros, documentos y comunicaciones oficiales, en una época en la que las distancias y la falta de caminos y medios de comunicación hacían que la presencia del Estado fuera muy limitada.

    En ese contexto debe entenderse la experiencia de Mario Tomás Perón en Camarones. Su hijo, Juan Domingo, creció siendo niño en una Patagonia muy diferente de la actual: estancias aisladas, trabajadores rurales, comerciantes, pobladores y largas distancias. Ese contacto temprano como se dijo con el mundo rural patagónico formó parte de la infancia del hombre que décadas después llegaría a la Presidencia de la Nación.

    (2) La Patagonia oriental y una preocupación chilena y argentina. Durante décadas, en los debates políticos y parlamentarios de Chile apareció una preocupación que tenía una fuerte dimensión geopolítica: mientras la Argentina consolidaba su presencia sobre la Patagonia Oriental, miles de trabajadores y familias provenientes del sur de Chile cruzaban la cordillera en busca de trabajo y mejores oportunidades. Para algunos sectores chilenos, aquella migración representaba una paradoja histórica: territorios que Chile consideraba perdidos o disputados estaban siendo poblados por sus propios ciudadanos, pero bajo soberanía argentina. En el Congreso Nacional chileno llegó a advertirse que esos hombres y mujeres, junto con sus hijos y nietos, podían terminar convirtiéndose en argentinos, profundizando así el arraigo definitivo de la población chilena dentro de la Patagonia argentina. Un debate que revela hasta qué punto, más allá de los tratados y las fronteras dibujadas en los mapas, el verdadero poder sobre un territorio también se construye mediante su población y su presencia permanente.

    La situación tampoco pasó inadvertida para Buenos Aires. El gobierno central argentino comenzó a comprender que la soberanía no se defendía solamente trazando una frontera sobre un mapa, sino también poblando, comunicando e integrando efectivamente ese territorio al resto del país. La importante presencia de trabajadores y familias provenientes de Chile en distintas zonas patagónicas generó preocupación en sectores del Estado nacional, particularmente cuando las relaciones con el país vecino atravesaban períodos de tensión. De allí surgieron políticas destinadas a “argentinizar” la Patagonia: escuelas, caminos, comunicaciones, organismos nacionales y una mayor presencia del Estado. En definitiva, detrás de aquella preocupación existía una cuestión fundamental: quien poblaba y hacía suyo un territorio contribuía también a consolidar la soberanía sobre él.

    (3) El 3 de abril de 1982, un día después de la recuperación de las islas, la Junta Militar dictó el "Decreto Secreto" N.º 681/82, mediante el cual se constituyó la Gobernación Militar del territorio de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, con vigencia desde las 00:00 de ese mismo día.

    El primer y único gobernador militar durante el conflicto fue el general de brigada Mario Benjamín Menéndez, quien asumió el cargo el 7 de abril de 1982. La Gobernación tuvo su sede en Puerto Argentino y quedó bajo una estructura militar destinada a administrar el territorio recuperado y organizar su defensa frente a la respuesta británica.

    Hay además una diferencia histórica importante: no debe confundirse esta Gobernación Militar de 1982 con la Comandancia Política y Militar creada en 1829 por Luis Vernet. Aquella fue una estructura de gobierno argentino establecidas décadas antes de la ocupación británica de 1833.

    La Gobernación Militar de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur no fue disuelta inmediatamente después de la rendición del 14 de junio de 1982. Continuó existiendo jurídicamente hasta el 15 de mayo de 1985, cuando el presidente Raúl Alfonsín dictó el Decreto N.º 879/85, que derogó el decreto que había creado la Gobernación y reintegró esos territorios al entonces Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.

    (4) El olvidado Territorio del Bermejo, Hubo un tiempo en que la actual provincia de Formosa no se llamaba Formosa. Después de la Guerra de la Triple Alianza, aquella extensa región del norte argentino comenzó a organizarse bajo distintas denominaciones y fue conocida como Territorio o Gobernación del Bermejo, tomando su nombre del gran río que atraviesa el Chaco. La fundación de Formosa, el 8 de abril de 1879, fue un paso decisivo en la presencia efectiva del Estado argentino en la región. Finalmente, la Ley Nacional 1.532, sancionada el 16 de octubre de 1884, organizó los Territorios Nacionales y estableció el Territorio Nacional de Formosa, al norte del río Teuco-Bermejo, separándolo del Territorio Nacional del Chaco. Aquel antiguo nombre, hoy casi olvidado, recuerda una época en la que el Estado argentino buscaba afirmar su presencia, poblar y organizar una de las regiones más remotas del país. 

    La Ley Nacional N.º 1.532, sancionada el 16 de octubre de 1884, organizó los llamados Territorios Nacionales y estableció el Territorio Nacional de Formosa, separado administrativamente del Territorio Nacional del Chaco. De esta manera comenzó a tomar forma institucional una región que hasta entonces había tenido una presencia estatal mucho más limitada.

    El nombre Bermejo quedó así ligado a una etapa de la historia territorial argentina que hoy puede resultar desconocida para muchas generaciones. Aquellos territorios, administrados directamente por el Gobierno Nacional, fueron progresivamente poblados, organizados y comunicados con el resto del país, hasta que décadas más tarde dejaron de ser territorios nacionales para convertirse en provincias. En ese largo proceso se encuentra el origen de la actual provincia de Formosa, pero también la memoria de una Argentina que todavía estaba construyendo sus fronteras interiores y afirmando su presencia sobre enormes extensiones de territorio.

    (5) De Confluencia a Neuquén El territorio que hoy conocemos como Neuquén tuvo una historia administrativa particular. La Ley 1.532 de 1884 creó el Territorio Nacional del Neuquén, bajo la autoridad directa del Gobierno Nacional. Su primera capital fue Ñorquín, luego Campana Mahuida y, desde 1888, Chos Malal. Pero el crecimiento de la zona ubicada en la confluencia de los ríos Neuquén y Limay cambiaría definitivamente la historia regional. En 1904, el gobernador Carlos Bouquet Roldán decidió trasladar allí la capital del territorio. El antiguo paraje Confluencia pasó entonces a convertirse en la nueva capital del Neuquén, dando origen a la ciudad que hoy conocemos como Neuquén capital.


    CUADRO SINÓPTICO

    LOS TERRITORIOS NACIONALES Y LA CONSTRUCCIÓN DEL FEDERALISMO ARGENTINO

    1878 — TERRITORIO NACIONAL DE LA PATAGONIA
    Antecedente de la posterior organización de los territorios patagónicos. Comprendió una enorme extensión del sur argentino y posteriormente fue reorganizado.
    ↓
    1884 — LEY 1.532
    Organización de los Territorios Nacionales. Dependencia del Gobierno Nacional y gobernadores designados por el Poder Ejecutivo.
    ↓
    1899 — TERRITORIO NACIONAL DE LOS ANDES
    Comprendía sectores de la Puna. Fue disuelto en 1943 y no se convirtió en provincia. Su territorio fue distribuido entre Jujuy, Salta y Catamarca.
    ↓
    LA ARGENTINA QUE APRENDÍAN LOS ESCOLARES
    “La República Argentina se compone de catorce provincias, diez Territorios Nacionales y una Capital Federal.”
    La fórmula reflejaba la organización territorial que se enseñaba en los manuales de Geografía e Instrucción Cívica.
    ↓
    CIUDADANÍA POLÍTICA RESTRINGIDA
    Los habitantes de los Territorios Nacionales eran argentinos, pero no tenían la misma participación política nacional que los ciudadanos de las provincias. En determinadas localidades podían existir elecciones municipales.
    ↓
    1912 — LEY SÁENZ PEÑA
    El voto secreto y obligatorio transformó el sistema electoral nacional, pero los Territorios Nacionales continuaron sin representación nacional equivalente a la de las provincias.
    ↓
    1944 — GOBERNACIÓN MILITAR DE COMODORO RIVADAVIA
    Se crea una jurisdicción integrada por sectores de los Territorios Nacionales de Chubut y Santa Cruz, con capital en Comodoro Rivadavia.
    Su importancia estuvo vinculada con el petróleo de la Cuenca del Golfo San Jorge, la defensa, la soberanía y la geopolítica patagónica.
    PATAGONIA, CHILE Y SOBERANÍA
    La Patagonia era una región fronteriza y estratégica. La integración política de sus habitantes podía entenderse también como una política de soberanía: población, instituciones, comunicaciones, actividad económica y ciudadanía fortalecían la presencia efectiva del Estado argentino.

    No corresponde afirmar que los patagónicos quisieran “mirar con cariño a Chile”, pero la cuestión fronteriza hacía especialmente importante su plena integración nacional.
    ↓
    1951 — CHACO Y LA PAMPA
    Chaco → Provincia Presidente Perón
    La Pampa → Provincia Eva Perón
    Comienza una etapa decisiva de provincialización.
    ↓
    1953 — MISIONES
    El antiguo Territorio Nacional de Misiones se transforma en provincia.
    ↓
    1955 — GRAN PROVINCIALIZACIÓN
    Se provincializan Formosa, Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz.
    La Gobernación Militar de Comodoro Rivadavia es disuelta y los territorios involucrados quedan nuevamente integrados a Chubut y Santa Cruz.
    ↓
    1955 — “PROVINCIA DE PATAGONIA”
    El Decreto 11.429/55 estableció provisoriamente esa denominación para una extensa unidad territorial austral.
    ↓
    DESPUÉS DE 1955
    Provincia Presidente Perón → Chaco
    Provincia Eva Perón → La Pampa
    ↓
    1990 — TIERRA DEL FUEGO
    La Ley 23.775 convierte al último Territorio Nacional en provincia:
    Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.
    DE POBLADORES A CIUDADANOS
    La provincialización significó autonomía, autoridades propias, constitución provincial, legislatura, justicia, representación nacional y participación plena en el sistema federal argentino.
    TERRITORIO → POBLACIÓN → INSTITUCIONES → CIUDADANÍA → AUTONOMÍA → PROVINCIA

    Detrás de aquellos viejos mapas no había simplemente territorios: había argentinos.