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25 julio 2026

GUALEGUAYCHÚ: LA HISTORIA QUE QUISIERON OLVIDAR

 

GUALEGUAYCHÚ: LA HISTORIA QUE QUISIERON OLVIDAR

 

Por Aurelio Nicolella

 

Cuando se menciona Gualeguaychú, la imagen que inmediatamente viene a la mente es la de sus extensas playas sobre el río Uruguay, el carnaval más importante de la Argentina o, más recientemente, la prolongada lucha ambiental emprendida por sus habitantes contra la instalación de las plantas pasteras en la ciudad uruguaya de Fray Bentos.

Aquella movilización ciudadana, que durante años mantuvo en el centro del debate internacional la defensa del medio ambiente y el reclamo por la preservación del río Uruguay, convirtió a Gualeguaychú en un símbolo de resistencia cívica.

Sin embargo, existe otra historia, mucho más antigua y menos conocida, que permanece casi olvidada. Una historia que no habla de contaminación ambiental, sino de violencia, ocupación militar, saqueos y sufrimientos padecidos por una población prácticamente indefensa.

Es una página de la historia argentina que rara vez ocupa un lugar destacado en los manuales escolares y que, con el paso del tiempo, quedó eclipsada por la construcción de una figura heroica de alcance internacional: la de Giuseppe Garibaldi.

El "Héroe de los Dos Mundos"

Giuseppe Garibaldi ocupa un lugar privilegiado dentro de la historia italiana. Su participación en el proceso de unificación de Italia le valió el reconocimiento universal y el título de "Héroe de los Dos Mundos". Monumentos, plazas y avenidas recuerdan su nombre tanto en Europa como en América.

En la Argentina también recibió numerosos homenajes. Su figura fue reivindicada por buena parte de la historiografía liberal del siglo XIX, que destacó su participación en las luchas políticas del Río de la Plata.

No obstante, la actuación de Garibaldi en Sudamérica resulta mucho más compleja de lo que habitualmente se enseña.

Exiliado de Italia por sus actividades revolucionarias, llegó primero al Brasil, donde participó en la Revolución Farroupilha. Posteriormente se trasladó a Montevideo, ciudad que en aquel entonces constituía el principal bastión político de Fructuoso Rivera frente al gobierno de Manuel Oribe, aliado de Juan Manuel de Rosas.

Allí organizó y comandó una flotilla destinada a hostigar las posiciones federales en el litoral argentino y uruguayo.

La intervención extranjera

Para comprender aquellos acontecimientos es indispensable recordar el contexto internacional.

En la década de 1840, la Confederación Argentina enfrentaba el bloqueo anglo-francés. Inglaterra y Francia buscaban garantizar la libre navegación de los ríos interiores y debilitar la posición política del gobernador bonaerense Juan Manuel de Rosas.

En ese escenario, Montevideo se transformó en un verdadero enclave político y militar apoyado por las potencias europeas.

Garibaldi recibió el mando de una escuadra integrada por embarcaciones uruguayas y por numerosos voluntarios italianos que conformaban la denominada Legión Italiana.

Su misión consistía en atacar poblaciones ribereñas leales a la Confederación Argentina y abrir un nuevo frente de operaciones sobre el río Uruguay.

El camino hacia Gualeguaychú

Fundada por Tomás de Rocamora en 1783, Gualeguaychú era entonces una pequeña villa dedicada al comercio fluvial y a la actividad ganadera.

Su población carecía de defensas importantes.

Gran parte de los hombres se encontraba incorporada a las fuerzas comandadas por Justo José de Urquiza, quien por entonces permanecía aliado a Rosas.

Como consecuencia de ello, la ciudad estaba habitada principalmente por mujeres, ancianos y niños.

Antes del ataque, las fuerzas garibaldinas impusieron un bloqueo fluvial que dificultó el ingreso de alimentos y mercaderías, agravando las condiciones de vida de la población.

La ocupación de 1846

El 20 de septiembre de 1846 las fuerzas comandadas por Giuseppe Garibaldi ocuparon Gualeguaychú.

Diversas crónicas de la época y posteriores trabajos de historiadores sostienen que, durante la ocupación, se produjeron saqueos de viviendas y comercios, destrucción de bienes particulares, requisas forzosas y numerosos abusos contra la población civil.

La dimensión exacta de aquellos hechos continúa siendo motivo de debate entre historiadores debido a la escasez de documentación conservada y a las diferencias existentes entre las diversas corrientes historiográficas.

No obstante, existe coincidencia en que la ciudad sufrió importantes daños materiales y que la ocupación significó un profundo trauma para sus habitantes.

Los relatos transmitidos por generaciones de entrerrianos describen una población sometida durante varios meses a una estricta ocupación militar, privada de buena parte de sus recursos y obligada a soportar los rigores propios de un territorio conquistado.

Como ocurre en la mayoría de las guerras civiles, fueron los sectores más vulnerables quienes soportaron las peores consecuencias.

Una memoria relegada

Tras la derrota de Rosas en Caseros, en 1852, comenzó una profunda reorganización política del país.

La historiografía liberal construyó un relato nacional que destacó la figura de Garibaldi como un luchador por la libertad, resaltando especialmente su posterior participación en la unificación italiana.

Ese reconocimiento internacional terminó proyectándose también sobre su actuación en el Río de la Plata.

Los episodios ocurridos en Gualeguaychú quedaron relegados a un segundo plano.

Mientras crecían los monumentos dedicados al revolucionario italiano, el recuerdo del sufrimiento experimentado por la población entrerriana fue desapareciendo lentamente de la memoria colectiva.

La construcción del mito

La gran inmigración italiana que comenzó décadas después encontró en Garibaldi un símbolo de patriotismo.

Miles de inmigrantes llegaron a la Argentina admirando al héroe que había contribuido a la unidad italiana.

Pocos conocían su actuación militar en Sudamérica.

La mayor parte de la bibliografía difundía la imagen del libertador europeo, mientras que las campañas desarrolladas en el litoral argentino apenas ocupaban algunas páginas.

No se trata de negar la importancia histórica de Garibaldi en la construcción del Estado italiano.

Tampoco de desconocer su influencia política en el siglo XIX.

Pero sí de recordar que los grandes personajes históricos deben ser analizados en toda su dimensión, incluyendo aquellos episodios que resultan incómodos para la memoria oficial.

Historia y memoria

Toda sociedad selecciona qué acontecimientos recordar y cuáles olvidar.

La memoria colectiva suele privilegiar las victorias, los héroes y las gestas gloriosas.

Las derrotas, los sufrimientos de la población civil y los episodios controvertidos suelen quedar relegados o ser objeto de interpretaciones contrapuestas.

Gualeguaychú constituye un ejemplo de ese fenómeno.

Su historia no comenzó con el carnaval ni con el conflicto de las pasteras.

Mucho antes, en pleno siglo XIX, sus habitantes padecieron los efectos de una guerra que excedía largamente sus posibilidades de defensa y que respondía a intereses políticos y estratégicos mucho más amplios que los de aquella pequeña villa entrerriana.

Reflexión final

La historia no debe convertirse en un instrumento de exaltación ni de condena automática.

Debe ser, ante todo, un ejercicio permanente de búsqueda de la verdad.

Recuperar episodios poco conocidos no implica destruir héroes ni reemplazar unos mitos por otros; significa reconocer que los procesos históricos son complejos y que incluso las figuras más admiradas pueden haber protagonizado acciones cuya valoración merece ser revisada a la luz de la documentación disponible.

Quizá haya llegado el momento de que Gualeguaychú recuerde también esta parte de su pasado.

No para alimentar resentimientos ni reabrir viejas heridas, sino para completar una historia que durante demasiado tiempo permaneció incompleta.

Porque los pueblos que conocen íntegramente su pasado —con sus luces y sus sombras— están mejor preparados para comprender su presente y construir su futuro.

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