
Por Aurelio Nicolella
En Argentina, el periodismo
y la prensa en sus versiones escrita, verbal o televisiva, en muchos casos, hoy
responde a los intereses de las grandes corporaciones nacionales y
multinacionales, imponen la agenda y los temas que la sociedad deberá digerir,
ese sería el término adecuado.
Sencillo es ver como el
profesional que tiene que informar, es limitado a veces por voluntad ajena y
otras por razones económicas, y esa información nunca va a llegar “pura” como
debería ser a su oyente o lector. Incluso deberá dar esa información con cierta
orientación, respondiendo a cánones preestablecidos siempre por su “empleador”,
que tenderán a formar la opinión del oyente, lector o televidente.
El receptor
de la información tendrá así sobre dicha noticia o hecho una reflexión ya
creada, procesada por personas ajenas a él.
Joseph Pulitzer solía decir
al respecto que: “El poder para moldear el futuro de una República estará en
manos del periodismo de las generaciones futuras, periodistas corruptos harán
naciones corruptas, periodistas honestos harán naciones honestas”,
evidentemente Pulitzer se había dado cuenta de la potestad que la información
tendría en el futuro.