Por Walter C. Medina (*)
Desde que Mauricio Macri asumió la presidencia argentina, en
diciembre de 2015, la pobreza superó el 33 por ciento, se han producido
más de 25000 despidos, la indigencia creció a cifras alarmantes, la
electricidad, el agua y los combustibles han subido hasta un 500 por
ciento, la inflación trepa al ritmo descontrolado del dólar, la obra
social de los pensionados ha recortado la partida de medicamentos
gratuitos, más de 25 mil comercios debieron cerrar sus puertas, cae el
consumo, miles de familias no cubren sus necesidades básicas, la
oposición reclama que se declare la emergencia alimentaria, crece la
inseguridad, las requisas policiales, la represión de protestas y
manifestaciones, la colocación de jueces por Decreto de Necesidad y
Urgencia, la concesión de obras a empresas vinculadas a la familia
Macri; crece el número de ventas de coches de alta gama, crece también el número de economistas internacionales que sostienen que la nueva emisión de deuda que compromete al país a 100 años de pago es, tal como explicó Juan Enrique (economista de Sigma Global), “sencillamente impagable”. Y todo esto está sucediendo, según la opinión del presidente argentino, “por culpa del gobierno anterior”.
Si hay algo que no se puede negar del talante del actual presidente
argentino, es el valor. Hace falta una buena dosis de valor para
sostener la trillada muletilla que forma parte del manual de instrucción
de todo político que se precie. “La culpa es del gobierno anterior”,
repiten el presidente, sus ministros, sus legisladores, sus
comunicadores sociales y finalmente sus votantes de la clase media que,
aún con la esperanza de obtener esa “alegría” que le prometió durante su
campaña electoral el poco locuaz ingeniero Mauricio Macri, ven día a
día cómo sus sueldos se evaporan como consecuencia de esa suerte de
ruleta en la que se ha convertido la economía argentina, por culpa del
gobierno anterior.
Y digo valor por el hecho de que esta defensa con la que el gobierno
pretende evacuar dudas respecto de la responsabilidad de todo este
desbarajuste, va dirigida a una Argentina que posee muchos más votantes
de los que eligieron la papeleta con su cara. Me refiero nada más ni
nada menos que a esa otra mitad que no lo votó y que jamás lo votaría. Y
dicho esto quizás deba aclarar que esa otra mitad no incluye,
necesariamente, a quienes apostaron por la continuidad del anterior
gobierno, sino también a quienes aún no han olvidado cuáles fueron las
consecuencias de los pasados neoliberales que padeció el país en
ocasiones anteriores. Que la culpa es del gobierno anterior, incluso,
podría convertirse en un buen lema para las próximas elecciones
legislativas cuyas campañas ya han comenzado. “Vótenos una vez más… La
culpa es del gobierno anterior”.
En el manual neoliberal argentino existe un apartado que explica que
cuando el trabajador se sienta traicionado, cuando comprenda que sus
derechos están siendo vulnerados, cuando el pobre sepa que el Estado lo
responsabiliza por su ineficacia, por su falta de aptitudes para salir
de la pobreza; cuando la clase del medio pelo se quede calva, cuando la
clase media cambie la entrada al cine por la factura de la luz, cuando
en la tele celebren el éxito de unos pocos a costa del sacrificio de una
mayoría a la que se le pide paciencia porque aparentemente en algún
momento se producirá un derrame…. Cuando todo esto comience a ser
interpretado por ese argentino que mira concursos de baile en la
televisión, pues entonces allí será el momento de reafirmarlo.
“La culpa
es del gobierno anterior”, dicen, y de este modo calman aguas, al menos
por un tiempo más.
Pero en este caso el reloj, es un reloj argentino. Y de arena. Y los
granos están cayendo muy deprisa, y ya hay quien dejó de ver la tele
porque le cortaron la luz. De modo que sin entretenimiento puede que la
realidad se le haga más palpable. Y sin tele tampoco podrá saber que la
culpa es del gobierno anterior, porque esos que a diario lo repiten lo
hacen precisamente en esa misma tele en la que también aparecen los
logros de un modelo económico en puja. “Bajan los impuestos a los coches
de lujo”; aunque también “Crece el número de pobres (pero la culpa es
del gobierno anterior)”.