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27 diciembre 2014

LA CRISIS DE ITALIA





      Por Aurelio Nicolella

LA NOSTÁLGICA LIRA
La crisis que atraviesa Italia ha sido tildada como la más grave desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Algunos expertos creen que aquel dos mil dos, cuando la República Italiana abandonó su “señoreaje”, o sea su soberanía monetaria para ingresar junto con el resto de países de la Comunidad Europea a la que se denominó la zona “Euro”, predecían que a largo o corto plazo alguna crisis financiera alcanzaría al país del Dante. Y no le faltaron razones. La crisis ya está entre los habitantes de la península, el período de bienestar desde hace tiempo ha dejado de ser parte de las virtudes de la política italiana como se pregonaba allende las fronteras del país.
Palabras que los italianos no estaban acostumbrados a escuchar o solo las sentían en los noticieros televisivos sobre países lejanos, hoy son parte de su vocabulario diario: “recesión”, “menor consumo”, “presión fiscal”, “comedores sociales”, “gente sin techo” y la tan temida palabra “desocupación”.
Pero todo tiene un por qué: las crisis de España, Grecia, Portugal e Italia son productos de economías que se sustentaban últimamente más en los servicios y en el gasto social indiscriminado para mantener elefantes improductivos que en la creación de trabajo genuino a largo plazo. El camino debería haber sido éste o la salida de la zona del euro, ya que dentro de un sistema monetario que es gobernado por el único dueño de estancia la “Alemania Unificada”, lo más plausible para Italia hubiera sido no haber entrado a jugar.
Cuando los padres fundadores de la Comunidad Económica Europea la crearon, el mundo estaba dividido. Por el lado occidental, Estados Unidos exigía a la zona europea de su influencia no solo que no hicieran más la guerra entre ellos sino que evitaran por todos los medios que la amenaza marxista invadiera sus territorios. Pero la caída del muro de Berlín, sin la amenaza comunista,  dejó sin sentido lo que décadas atrás personajes como Konrad Adenauder, Alcides De Gasperi o el mismísimo Charles de Gaulle pregonaban.
Hoy Europa no hace la guerra, pero los efectos de una guerra se ven en países como Italia. Mientras la política italiana y sus actores se discurren entre palabras, proyectos y análisis, los comedores sociales abundan y crecen, a los sin techo “senzatetto” se los ve divagar por las principales ciudades italianas entre el patrimonio artístico de la humanidad y los restaurantes abarrotados de turistas extranjeros, una realidad que el italiano común años atrás solo veía en los documentales que hablaban de países lejanos. Se calcula que cerca de once millones de italianos no pueden permitirse una comida proteica adecuada al menos cada dos días. Es la conclusión del informe elaborado conjuntamente por la principal asociación de empresarios agrícolas “Coldiretti”, y por el Centro de Estudios Sociales (Censis).