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12 agosto 2015

LA PANDEMIA DEL SIGLO XXI

Por Aurelio Nicolella

¿Recuerdas cuando tus padres te decían que te comieras todo lo que había en tu plato, porque había muchos chicos pobres en el mundo que no tenían qué comer? Pues recientemente alcanzamos un triste punto de inflexión: según un informe de octubre pasado de la Organización Mundial de la Salud (OMS), actualmente mueren más personas en el mundo debido al sobrepeso y la obesidad que a la desnutrición.

Campaña contra la Obesidad
Ayer, el tabaco preocupaba a los países desarrollados, luego de haber disminuido con leyes eficaces el consumo del cigarrillo, según datos revelados en dichos países se fuma un sesenta  por ciento menos que en 1975 cuando comenzó lo que se llamó la “lucha contra la nicotina” (Fight  against Nicotine). Por cierto, el logro llegó por la implementación de políticas de estado y el gasto que originaba un fumador cuando se enfermaba era superior al ingreso de dinero por impuesto que ingresaba al fisco originado por consumir dicho consumo. Eso, precisamente, hizo comprender a muchos dirigentes que era mejor atacar de cuajo con el mal. Entonces, las ejecuciones de medidas anti-tabaco (como comenzar a prohibir la publicidad en los medios de comunicación, fumar en lugares cerrados, en medios de transportes, en las oficinas públicas, para después seguir adoptando las mismas medidas las empresas privadas), hicieron que lo que parecía imposible y difícil de lograr, se convirtiera en una realidad.   Gran parte de ayuda provino de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que desde un principio respaldó activamente las medidas que adoptaban los distintos gobiernos en contra de la lucha contra el tabaquismo, alentando toda forma de promoción, publicidad y patrocinio en torno al tabaco.
Aunque esa lucha no está concluida definitivamente y erradicada de la Tierra, nadie pone en duda que más de treinta y cinco años después los logros son importantes.
Si ayer la pandemia era el tabaquismo, hoy la obesidad es lo que preocupa a los países desarrollados y occidentales. Nuestro país, la República  Argentina, no escapa a ello. Según cálculos estimativos en los Estados Unidos de América sobre trescientos veinte millones de personas el sesenta y tres por ciento de la población tiene sobrepeso y/u obesidad, o sea que más de doscientos millones de estadounidenses sufren las consecuencias de una mala sobre alimentación. Los números son alarmantes porque la cifra de obesidad alcanza a más de cien millones de habitantes. Evidentemente, el país del norte tiene una guerra declarada en su propio territorio, donde hoy la está perdiendo y las instituciones sanitarias son conscientes de la situación. La obesidad trae enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial,  accidentes cerebrovasculares, diabetes tipo 2, problemas renales, entre otras muchas enfermedades, incluso el tan temido cáncer. Cada año un millón de estadounidenses  fallecen a causa directa de la obesidad o el sobrepeso que sufren. Las autoridades sanitarias han hecho mano al recurso de la difusión de lo bueno que es una correcta alimentación y de dejar la sedentarización a la que el hombre moderno se ha acostumbrado. Incluso la primera dama, Michelle Obama, se puso al frente de la mayor campaña contra la obesidad.
Pero a nadie escapa que la obesidad tiene en Estados Unidos y en cualquier parte del mundo un gran aliado: las multinacionales de la alimentación o mejor dicho de la mala alimentación, la comida chatarra (Junk  Food).