Páginas

28 abril 2012

REPSOL Y SUS NEGOCIOS TURBIOS EN ÁFRICA

Por Aurelio Nicolella

Si dejas que el zorro entre en tu gallinero, entonces no te quejes de tu suerte. (Proverbio Ruso)

El logo de la empresa
Entre tanto bullicio a favor de la recuperación de Y.P.F. por el estado argentino, y de las críticas de quienes consideran que el gobierno nacional se ha equivocado otra vez más. Nos olvidamos de la triste historia de la empresa REPSOL, que a diferencia de la riquísima historia que posee la recién recuperada empresa argentina, se halla en la  antípodas de esta última, que llegó incluso a tener historias de heroísmo y romanticismo en las ventosas estepas de la meseta patagónica, incluida traiciones como debió sufrir su fundador el General Enrique Mosconi de parte de sus camaradas de armas, de funcionarios corruptos y de políticos lacayos de intereses foráneos, sin mencionar el abandono y entrega de una de las empresas insignes de la argentinidad.
Así, en el caso de REPSOL S.A., la situación es totalmente distinta, la empresa española nace a fines de la década de los ochenta con el único fin de unificar en ella a un rejunte de pequeñas empresas de hidrocarburos compradas a pequeños inversores privados españoles y extranjeros bajo la órbita del Instituto Nacional de Hidrocarburos (I.N.H.), hoy en la composición de REPSOL S.A. se hallan incorporados capitales internacionales tan variados como la estatal Petróleos de México (PEMEX) quien llega a tener casi el veinte por ciento del paquete accionario, lo cierto que la mayoría de las acciones sigue en manos del Estado español.
La caída tan estrepitosa del Muro de Berlín en 1989, que tuvo entretenida a la economía alemana en la reunificación del estado germano y puso en expectativa a toda Europa por un gran tiempo, dejo el camino abierto a que las empresas españolas crecieran y tuvieran libre su campo de acción, en países de la región iberoamericana y en ex colonias africanas.
Inmediatamente, desde su creación la nueva empresa española comenzó a mirar hacia África, en ello vio un campo fértil como para expandirse y crecer a nivel mundial. Los ojos de la multinacional ibérica se posaron primeramente en la costa africana occidental frente a las Islas Canarias, pero ante la situación de guerra interminable que se presenta en la antigua Sahara Española entre el Frente Polisario de Libración Nacional y los marroquíes hizo imposible que pudiera desembarcar en dichas arenas cálidas y así la exploración de las cuantiosas fuentes energéticas que subyacen en el desierto occidental del Sahara, quedaron truncas.

07 abril 2012

VESTIGIOS DE UNA GUERRA

Por Aurelio Nicolella

 Lo que viene después de la guerra, es  peor que la guerra misma. Séneca (1)

El conflicto bélico de Malvinas, de duración corta, no ha dejado de ser por ello doloroso como todo acto de guerra, ha dejado muertos de ambos bandos, tanto argentinos como británicos como también civiles. Pero lo que poco se ha hablado es de las miserias que se vivieron posteriormente a dicha contienda, ya que todas las guerras de la humanidad traen aparejadas miserias humanas.

Una de estas tantas miserias fue cometida por la población isleña, pequeña en cantidad de habitantes, llamados despectivamente en su tiempo “kelpers” (2), y hoy llamados “bennys” (3), sobre el destino a darse sobre los restos mortales de los soldados argentinos.

No hace falta ahondar que los isleños nunca tuvieron simpatías con la Argentina y los argentinos, y esto fue así siempre, antes de 1982 cuando existían relaciones comerciales, educativas, humanitarias y sanitarias entre las islas y el continente, y luego de la invasión o recuperación, (título que se le quiera dar desde el punto de vista que se lo vea), dichas diferencias se acentuaron aún más.

Finalizadas las acciones militares, y ante la rendición del general argentino Mario Benjamín Menéndez, comenzó la postguerra: traslado de los soldados argentinos que habían sido capturados como prisioneros (se habla de más de diez mil al puerto de Montevideo); dicho de paso la desmovilización llevo casi un mes.

Concluido ello se les presentó a las autoridades militares británicas y a los isleños el dilema de que hacer con los restos de los soldados argentinos muertos en el conflicto cuyos cuerpos permanecían en distintos puntos de la isla Soledad, algunos amontonados en galpones que poseía la “Falklands Islands Company” (4).

Desde un primer momento las autoridades argentinas se negaron a su repatriación, porque consideraban que dichos soldados murieron en territorio nacional argentino y además ya había comenzado para la sociedad argentina la “desmalvinización” de los derechos del país sudamericano que duro hasta 1999.