LOS ARGENTINOS QUE NO PODÍAN VOTAR - La historia olvidada de los Territorios Nacionales
Por Aurelio Nicolella
Hubo una época en la historia argentina en la que ser argentino no significaba necesariamente tener los mismos derechos políticos que otro argentino.
Podía vivir en el territorio nacional, trabajar, formar una
familia, pagar impuestos, tener una profesión, participar de la vida económica
y social del país y, sin embargo, no contar con los mismos mecanismos de
representación política que un ciudadano de una provincia.
No se trataba de una colonia extranjera ni de territorios
fuera de la soberanía argentina.
Eran parte de la Argentina.
Pero jurídicamente tenían un régimen diferente.
Durante muchas décadas, desde fines del siglo XIX y hasta
buena parte del siglo XX, enormes extensiones del territorio argentino fueron
organizadas como Territorios Nacionales, bajo una administración fuertemente
dependiente del Gobierno Nacional.
La historia de aquellos territorios constituye uno de los
capítulos menos conocidos de nuestro proceso de construcción federal.
Y también plantea una pregunta que todavía sorprende:
¿Cómo podía existir una Argentina en la que miles de
argentinos vivieran dentro de sus fronteras sin tener una ciudadanía política
plena?
Argentina fue un país que todavía estaba construyendo sus
fronteras, después de la organización nacional, el Estado argentino comenzó a
consolidar su presencia efectiva sobre extensas regiones que hasta entonces
tenían una débil integración institucional.
En 1884 se sancionó la Ley 1.532, que estableció la
organización de los Territorios Nacionales. La norma fue uno de los
instrumentos fundamentales mediante los cuales el Estado Nacional organizó
políticamente esos espacios.
Entre los territorios que se organizaron de esta manera
estuvieron, entre otros, Chaco, Formosa, Misiones, La Pampa, Neuquén, Río
Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, pero también existieron otros
territorios históricos Territorio Nacional de Los Andes creado en 1899;
comprendía sectores de la Puna y fue disuelto en 1943. Sus tierras fueron
repartidas principalmente entre Jujuy, Salta y Catamarca.
Territorio Nacional de la Patagonia, creado en 1878, antes
de la organización de los territorios de 1884. Comprendía una enorme extensión
patagónica y posteriormente fue dividido en otros territorios.
Territorio Nacional de Misiones tuvo además una historia
particular, porque antes de su organización definitiva como territorio nacional
existieron diferentes formas de administración del espacio misionero.
El mapa fue cambiando con el tiempo. La Ley 1.532 de 1884 es
el punto fundamental para la organización de los Territorios Nacionales en la
Argentina moderna. Posteriormente algunos fueron provincializados y otros
desaparecieron o fueron redistribuidos.
Cabe mencionar que el conflicto mundial de mitad del Siglo XX alcanzo al mapa de la República Argentina, asi en plena Segunda Guerra Mundial, el Estado argentino reforzó su presencia en la Patagonia.
En 1944 fue creada la Gobernación Militar de Comodoro Rivadavia, una jurisdicción que comprendía sectores de los Territorios Nacionales de Chubut y Santa Cruz, con capital en la ciudad de Comodoro Rivadavia.
La medida tuvo una fuerte importancia estratégica: la zona concentraba los yacimientos petrolíferos de la Cuenca del Golfo San Jorge y, al mismo tiempo, se encontraba en una región patagónica de especial sensibilidad geopolítica y fronteriza.
Durante once años, entre 1944 y 1955, esta Gobernación Militar constituyó una forma excepcional de administración directa del Estado Nacional sobre una parte de la Patagonia.
Su existencia demuestra que la cuestión patagónica no se limitaba a la discusión sobre la ciudadanía y la provincialización: también involucraba petróleo, defensa, soberanía, fronteras y control estratégico del territorio.
Con la provincialización de 1955, la Gobernación Militar fue disuelta y los territorios involucrados quedaron nuevamente integrados a las provincias de Chubut y Santa Cruz.
De aquellos territorios surgieron nueve de las provincias actuales: Chaco, Formosa, Misiones, La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego.
Además, Los Andes es un caso especial, porque no se
convirtió en una provincia sino que su territorio fue distribuido entre
provincias ya existentes.
La idea original tenía un componente transitorio.
Pero en la Argentina que aprendían los escolares durante
esas décadas podían encontrarse en sus manuales de Geografía e Instrucción
Cívica con una fórmula que hoy resulta sorprendente: “La República Argentina se
compone de catorce provincias, diez Territorios Nacionales y una Capital
Federal”. Aquella frase no era una simple enumeración geográfica.
Detrás de ella existía una diferencia política fundamental:
mientras las provincias contaban con autonomía y representación propia, los
Territorios Nacionales dependían directamente del Gobierno Federal y sus
gobernadores eran designados por el Poder Ejecutivo Nacional.
De esta manera, generaciones de niños, jóvenes y también
quienes realizaban el servicio militar obligatorio aprendían que el mapa
argentino incluía grandes extensiones pobladas por argentinos que todavía no
tenían el mismo grado de participación política que los habitantes de las
provincias. Era una Argentina que todavía estaba completando su organización
federal.
El territorio debía desarrollarse, aumentar su población,
consolidar sus instituciones y, llegado determinado momento, transformarse en
una provincia.
Pero aquello que originalmente debía ser una etapa de
organización terminó prolongándose durante décadas.
Y con ello también se prolongó una situación política
particular.
El gobernador no era elegido por los habitantes
Una de las principales diferencias entre una provincia y un
Territorio Nacional estaba en su organización política.
En una provincia existía una autonomía política propia, con
autoridades surgidas de la voluntad de sus habitantes.
En los Territorios Nacionales, en cambio, el poder central
tenía una presencia mucho más fuerte.
El gobernador dependía del Poder Ejecutivo Nacional.
Los habitantes del territorio no elegían a su gobernador
como lo hacía una provincia.
Esta situación tenía una explicación histórica: para el
Estado Nacional, aquellos territorios todavía no habían alcanzado el grado de
desarrollo institucional y demográfico necesario para convertirse en
provincias.
Pero el problema era que esa situación podía prolongarse
indefinidamente.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió.
La llegada de la Ley Sáenz Peña no resolvió el problema, en
1912 la Argentina produjo una de sus grandes transformaciones políticas.
La Ley Sáenz Peña estableció el voto secreto y obligatorio y
significó un cambio profundo en el sistema electoral argentino.
Sin embargo, los habitantes de los Territorios Nacionales
quedaron al margen de esa transformación en materia de elecciones nacionales.
El propio Estado argentino reconoce que la Ley Sáenz Peña no
tenía vigencia en los Territorios Nacionales, que además carecían de
representación parlamentaria. Sus habitantes tenían derechos políticos
restringidos.
Aquí aparece una de las grandes paradojas de nuestra
historia política.
Mientras en las provincias se avanzaba hacia una ampliación
de la participación electoral, existían argentinos que vivían en otras regiones
del país y no participaban de la elección nacional de la misma manera.
No elegían presidente en las mismas condiciones.
No tenían diputados nacionales elegidos como los de las
provincias, no tenían senadores propios.
Y, fundamentalmente, no tenían una representación política
equivalente.
Pero decir que “no votaban” requiere una aclaración
La historia no fue absolutamente blanco o negro.
En determinados municipios de los Territorios Nacionales
existieron mecanismos de participación electoral local.
La Ley 1.532 contemplaba la organización de municipios en
determinadas localidades y permitía la elección de autoridades municipales bajo
ciertas condiciones.
Por eso, decir que “los habitantes de los Territorios
Nacionales no podían votar” puede resultar históricamente impreciso si se lo
toma en sentido absoluto.
La cuestión fundamental era otra: no tenían una ciudadanía política nacional plena.
Podían existir elecciones locales, pero eso no significaba
que pudieran participar en igualdad de condiciones en la elección de las
autoridades nacionales.
La diferencia era enorme.
Un vecino podía elegir una autoridad municipal y, al mismo tiempo, no tener la posibilidad de intervenir políticamente en la elección del presidente de la República eso en derecho político se denomina "ciudadanía restringida".
La situación puede comprenderse mejor si imaginamos la vida de una familia de la época.
Un trabajador podía instalarse en Chaco, Formosa⁴, Neuquén ⁵, Río Negro, Santa Cruz o Tierra del Fuego.
Podía levantar una casa. Podía trabajar en el campo, en una explotación forestal, en una actividad comercial o en una empresa.
Sus hijos podían nacer allí, la familia podía pasar décadas
viviendo en el mismo lugar. Pero políticamente seguía formando parte de un
territorio administrado desde Buenos Aires.
El gobernador era designado desde el poder central, o sea desde la Casa Rosada en Buenos Aires, por lo cual la
representación política nacional era limitada y la autonomía institucional no
era la de una provincia.
La contradicción era evidente: la población crecía más
rápidamente que sus derechos políticos. El país crecía y el sistema comenzaba a
quedar chico
Con el paso de las décadas, los Territorios Nacionales
dejaron de ser espacios escasamente poblados.
Las ciudades crecieron. Aparecieron escuelas, comercios,
hospitales, juzgados, caminos, estaciones ferroviarias y nuevas actividades
económicas. Se formaron comunidades estables.
Nacieron generaciones enteras de argentinos que nunca habían
conocido otra patria que aquella tierra.
Ya no se trataba simplemente de poblaciones aisladas.
Eran sociedades organizadas.
Y comenzaron a aparecer reclamos para obtener la
provincialización.
La pregunta era inevitable:
¿Por qué una comunidad que había alcanzado una determinada
madurez social y económica debía continuar dependiendo políticamente del
Gobierno Nacional?
Así comenzo el camino de la provincialización.
Se debe decir que el proceso de transformación comenzó durante el gobierno de Juan Domingo Perón, mucho antes de convertirse en una de las figuras políticas más importantes de la Argentina, Juan Domingo Perón pasó parte de su infancia en la Patagonia, particularmente en Camarones, provincia del Chubut.
Allí llegó junto a su familia debido a las actividades laborales de su padre, Mario Tomás Perón que fue un productor agropecuario y funcionario de la administración de justicia local, llegando a ser Juez de Paz 1 de Camarones, con ello vivió de cerca la vida rural de aquellos territorios australes.
El contacto con los pobladores, los trabajadores de las estancias, los paisajes patagónicos y las duras condiciones de vida de aquella época formaron parte de sus primeros años y quedaron como una experiencia que el propio Perón recordaría posteriormente.
Camarones, pequeño pueblo frente al Atlántico, conserva hasta hoy la memoria de aquella etapa de la vida del futuro presidente argentino.
El peronismo sabía que existía la cuestión patagónica y comprendía, además, una dimensión que iba mucho más allá de la organización administrativa.
Chile observaba con especial atención los territorios argentinos situados al sur, en una región atravesada por históricas disputas de límites y donde la presencia efectiva de ambos Estados resultaba fundamental ².
En ese contexto, mantener durante generaciones a los habitantes de la Patagonia
dentro de un régimen territorial, sin representación política nacional plena y
con una autonomía muy limitada, podía convertirse en un problema de integración
y de soberanía.
No sería correcto afirmar que los patagónicos estuvieran dispuestos a “mirar con cariño a Chile”, porque no existen elementos suficientes para sostener semejante generalización; pero sí puede plantearse una preocupación política de fondo: un Estado que pretende consolidar su soberanía sobre una región fronteriza necesita que sus habitantes se sientan plenamente integrados a la Nación.
La provincialización podía cumplir también
esa función y eso en tiempos del peronismo se entendia.
No por casualidad, la Ley 14.408 de 1955 delimitó
expresamente las nuevas provincias patagónicas teniendo como límite occidental
la frontera con la República de Chile.
La creación provisoria de una “Provincia de Patagonia” en
1955 resulta todavía más significativa. El Decreto 11.429 de ese año le dio ese
nombre a la nueva provincia que comprendía territorios australes, aunque el
proyecto sería posteriormente modificado por el gobierno de facto de la
Revolución Libertadora, surgido en septiembre de 1955.
En definitiva, la provincialización no debe analizarse
solamente como una ampliación de derechos políticos. En la Patagonia también
podía ser entendida como una política de integración territorial: poblar,
institucionalizar, representar y fortalecer el vínculo entre los habitantes y
el Estado argentino en una de las regiones más sensibles de la Nación.
Es así que en 1951 se produjo un cambio histórico: los
Territorios Nacionales del Chaco y La Pampa fueron declarados provincias
mediante la Ley 14.037. La propia ley dispuso además la convocatoria a
convenciones constituyentes y estableció que la elección de los convencionales
se realizaría conforme a la ley nacional de elecciones y sobre la base del
padrón nacional.
Aquello significaba mucho más que modificar un nombre en un
mapa.
Significaba transformar el “status político” de cientos de
miles de personas.
El habitante de un territorio pasaba a ser ciudadano de una
provincia.
Y con la provincia llegaban nuevas instituciones,
autoridades propias y representación política. En 1953 llegó el turno de
Misiones, la Ley 14.294 declaró provincia al antiguo Territorio Nacional de
Misiones. La norma contempló la organización institucional y estableció que,
una vez constituida la administración provincial, cesaría la intervención de
los poderes nacionales en los asuntos de orden provincial. También dispuso la
elección de diputados y senadores nacionales.
La transformación era profunda, la Nación, la Casa Rosada, dejaba de
administrar directamente la vida política provincial.
Nacía una nueva autonomía. En 1955: el gran mapa cambia, en
junio de 1955 el Congreso sancionó la Ley 14.408, que dispuso la
provincialización de otros Territorios Nacionales. La norma declaró provincias
a los territorios de Formosa, Neuquén y Río Negro, y estableció también nuevas
provincias en la Patagonia, incluyendo Chubut y Santa Cruz.
El texto original contemplaba además la Tierra del Fuego,
las islas del Atlántico Sur y el sector antártico argentino, aunque los fueguinos debierón esperar unas décadas.
El mapa político argentino comenzaba a parecerse mucho más
al que conocemos actualmente.
Los antiguos territorios comenzaban a desaparecer.
Y con ellos desaparecía una forma particular de ciudadanía.
De pobladores a ciudadanos
Hay una diferencia conceptual muy importante: "Un territorio pertenecía a la Nación, una provincia formaba parte de la Nación", porque tenía autonomía política propia.
Por eso la provincialización significaba mucho más que
obtener una nueva categoría administrativa.
Significaba tener: autoridades provinciales; constitución
propia; legislatura; justicia provincial; autonomía política; representación
nacional; participación plena en el sistema federal.
En otras palabras, significaba incorporarse plenamente al
federalismo argentino.
¿Y qué ocurrió con Tierra del Fuego? ³
La historia todavía tenía un último capítulo.
Aunque la Ley 14.408 de 1955 había previsto la
transformación institucional de los territorios australes, la cuestión de
Tierra del Fuego permaneció durante décadas sin resolverse definitivamente.
La situación se prolongó hasta 1990, en ese año, el Congreso
sancionó la Ley 23.775, mediante la cual se declaró provincia al entonces
Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.
El propio Poder Ejecutivo, al promulgar la ley, calificó la
provincialización como un paso importante para completar la organización
federal de la Nación.
Así llegó a su fin un proceso que había comenzado más de un
siglo antes.
Más de cien años para completar el mapa político
La historia de los Territorios Nacionales comenzó
formalmente en el siglo XIX y terminó recién en las últimas décadas del siglo
XX.
Durante ese extenso período, la Argentina fue construyendo
su presencia institucional sobre enormes espacios.
Primero fueron territorios, después llegaron las
ciudades, luego las instituciones y
finalmente, las provincias.
El proceso puede resumirse en una larga transformación:
territorio → población → organización → ciudadanía →
autonomía → provincia.
Pero durante buena parte de ese camino existió una
diferencia entre vivir en la Argentina y participar políticamente de ella en
igualdad de condiciones.
Una historia que merece ser recordada, hoy resulta difícil
imaginar que una persona pudiera vivir durante décadas en territorio argentino
y no tener los mismos derechos políticos nacionales que un habitante de Buenos
Aires, Córdoba, Santa Fe o cualquier otra provincia.
Sin embargo, esa fue nuestra realidad durante buena parte de
la historia nacional.
Los Territorios Nacionales fueron una solución institucional
para una Argentina que todavía estaba consolidando sus fronteras y organizando
su Estado.
Pero aquella solución transitoria terminó convirtiéndose en
una situación que duró generaciones.
Miles de personas nacieron y murieron siendo habitantes de
un Territorio Nacional.
Sus hijos crecieron allí, sus familias construyeron pueblos
y ciudades, trabajaron la tierra, construyeron caminos, impulsaron comercios y
poblaron regiones enteras.
Y, sin embargo, durante mucho tiempo no tuvieron una
representación política equivalente a la de los ciudadanos de las provincias.
La provincialización corrigió finalmente aquella desigualdad
institucional.
Pero dejó una enseñanza que todavía conserva vigencia: la
ciudadanía no consiste solamente en pertenecer a una Nación. También significa
tener la posibilidad efectiva de participar en las decisiones que determinan su
destino.
La historia de los Territorios Nacionales es, en definitiva,
la historia de una Argentina que tardó más de un siglo en completar su
federalismo.
Y quizás por eso merezca volver a ser contada.
Porque detrás de aquellos viejos mapas no había simplemente
territorios.
Había argentinos.
En la práctica, intervenía en conflictos entre pobladores, cuestiones civiles de menor cuantía, certificaciones y trámites, y podía participar en determinadas actuaciones vinculadas con la policía y el orden local. También cumplía funciones relacionadas con registros, documentos y comunicaciones oficiales, en una época en la que las distancias y la falta de caminos y medios de comunicación hacían que la presencia del Estado fuera muy limitada.
En ese contexto debe entenderse la experiencia de Mario Tomás Perón en Camarones. Su hijo, Juan Domingo, creció siendo niño en una Patagonia muy diferente de la actual: estancias aisladas, trabajadores rurales, comerciantes, pobladores y largas distancias. Ese contacto temprano como se dijo con el mundo rural patagónico formó parte de la infancia del hombre que décadas después llegaría a la Presidencia de la Nación.
(2) La Patagonia oriental y una preocupación chilena y argentina. Durante décadas, en los debates políticos y parlamentarios de Chile apareció una preocupación que tenía una fuerte dimensión geopolítica: mientras la Argentina consolidaba su presencia sobre la Patagonia Oriental, miles de trabajadores y familias provenientes del sur de Chile cruzaban la cordillera en busca de trabajo y mejores oportunidades. Para algunos sectores chilenos, aquella migración representaba una paradoja histórica: territorios que Chile consideraba perdidos o disputados estaban siendo poblados por sus propios ciudadanos, pero bajo soberanía argentina. En el Congreso Nacional chileno llegó a advertirse que esos hombres y mujeres, junto con sus hijos y nietos, podían terminar convirtiéndose en argentinos, profundizando así el arraigo definitivo de la población chilena dentro de la Patagonia argentina. Un debate que revela hasta qué punto, más allá de los tratados y las fronteras dibujadas en los mapas, el verdadero poder sobre un territorio también se construye mediante su población y su presencia permanente.
La situación tampoco pasó inadvertida para Buenos Aires. El gobierno central argentino comenzó a comprender que la soberanía no se defendía solamente trazando una frontera sobre un mapa, sino también poblando, comunicando e integrando efectivamente ese territorio al resto del país. La importante presencia de trabajadores y familias provenientes de Chile en distintas zonas patagónicas generó preocupación en sectores del Estado nacional, particularmente cuando las relaciones con el país vecino atravesaban períodos de tensión. De allí surgieron políticas destinadas a “argentinizar” la Patagonia: escuelas, caminos, comunicaciones, organismos nacionales y una mayor presencia del Estado. En definitiva, detrás de aquella preocupación existía una cuestión fundamental: quien poblaba y hacía suyo un territorio contribuía también a consolidar la soberanía sobre él.
(3) El 3 de abril de 1982, un día
después de la recuperación de las islas, la Junta Militar dictó el "Decreto
Secreto" N.º 681/82, mediante el cual se constituyó la Gobernación Militar del
territorio de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, con
vigencia desde las 00:00 de ese mismo día.
El primer y único gobernador
militar durante el conflicto fue el general de brigada Mario Benjamín Menéndez,
quien asumió el cargo el 7 de abril de 1982. La Gobernación tuvo su sede en
Puerto Argentino y quedó bajo una estructura militar destinada a administrar el
territorio recuperado y organizar su defensa frente a la respuesta británica.
Hay además una diferencia
histórica importante: no debe confundirse esta Gobernación Militar de 1982 con
la Comandancia Política y Militar creada en 1829 por Luis Vernet. Aquella fue
una estructura de gobierno argentino establecidas décadas antes de la ocupación
británica de 1833.
La Gobernación Militar de las
Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur no fue disuelta
inmediatamente después de la rendición del 14 de junio de 1982. Continuó
existiendo jurídicamente hasta el 15 de mayo de 1985, cuando el presidente Raúl
Alfonsín dictó el Decreto N.º 879/85, que derogó el decreto que había creado la
Gobernación y reintegró esos territorios al entonces Territorio Nacional de
Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.
(4) El olvidado Territorio del Bermejo, Hubo un tiempo en que la actual provincia de Formosa no se llamaba Formosa. Después de la Guerra de la Triple Alianza, aquella extensa región del norte argentino comenzó a organizarse bajo distintas denominaciones y fue conocida como Territorio o Gobernación del Bermejo, tomando su nombre del gran río que atraviesa el Chaco. La fundación de Formosa, el 8 de abril de 1879, fue un paso decisivo en la presencia efectiva del Estado argentino en la región. Finalmente, la Ley Nacional 1.532, sancionada el 16 de octubre de 1884, organizó los Territorios Nacionales y estableció el Territorio Nacional de Formosa, al norte del río Teuco-Bermejo, separándolo del Territorio Nacional del Chaco. Aquel antiguo nombre, hoy casi olvidado, recuerda una época en la que el Estado argentino buscaba afirmar su presencia, poblar y organizar una de las regiones más remotas del país.
La Ley Nacional N.º 1.532, sancionada el 16 de octubre de 1884, organizó los llamados Territorios Nacionales y estableció el Territorio Nacional de Formosa, separado administrativamente del Territorio Nacional del Chaco. De esta manera comenzó a tomar forma institucional una región que hasta entonces había tenido una presencia estatal mucho más limitada.
El nombre Bermejo quedó así ligado a una etapa de la historia territorial argentina que hoy puede resultar desconocida para muchas generaciones. Aquellos territorios, administrados directamente por el Gobierno Nacional, fueron progresivamente poblados, organizados y comunicados con el resto del país, hasta que décadas más tarde dejaron de ser territorios nacionales para convertirse en provincias. En ese largo proceso se encuentra el origen de la actual provincia de Formosa, pero también la memoria de una Argentina que todavía estaba construyendo sus fronteras interiores y afirmando su presencia sobre enormes extensiones de territorio.
(5) De Confluencia a Neuquén El territorio que hoy conocemos como Neuquén tuvo una historia administrativa particular. La Ley 1.532 de 1884 creó el Territorio Nacional del Neuquén, bajo la autoridad directa del Gobierno Nacional. Su primera capital fue Ñorquín, luego Campana Mahuida y, desde 1888, Chos Malal. Pero el crecimiento de la zona ubicada en la confluencia de los ríos Neuquén y Limay cambiaría definitivamente la historia regional. En 1904, el gobernador Carlos Bouquet Roldán decidió trasladar allí la capital del territorio. El antiguo paraje Confluencia pasó entonces a convertirse en la nueva capital del Neuquén, dando origen a la ciudad que hoy conocemos como Neuquén capital.
CUADRO SINÓPTICO
LOS TERRITORIOS NACIONALES Y LA CONSTRUCCIÓN DEL FEDERALISMO ARGENTINO
Antecedente de la posterior organización de los territorios patagónicos. Comprendió una enorme extensión del sur argentino y posteriormente fue reorganizado.
Organización de los Territorios Nacionales. Dependencia del Gobierno Nacional y gobernadores designados por el Poder Ejecutivo.
Comprendía sectores de la Puna. Fue disuelto en 1943 y no se convirtió en provincia. Su territorio fue distribuido entre Jujuy, Salta y Catamarca.
“La República Argentina se compone de catorce provincias, diez Territorios Nacionales y una Capital Federal.”
La fórmula reflejaba la organización territorial que se enseñaba en los manuales de Geografía e Instrucción Cívica.
Los habitantes de los Territorios Nacionales eran argentinos, pero no tenían la misma participación política nacional que los ciudadanos de las provincias. En determinadas localidades podían existir elecciones municipales.
El voto secreto y obligatorio transformó el sistema electoral nacional, pero los Territorios Nacionales continuaron sin representación nacional equivalente a la de las provincias.
Se crea una jurisdicción integrada por sectores de los Territorios Nacionales de Chubut y Santa Cruz, con capital en Comodoro Rivadavia.
Su importancia estuvo vinculada con el petróleo de la Cuenca del Golfo San Jorge, la defensa, la soberanía y la geopolítica patagónica.
La Patagonia era una región fronteriza y estratégica. La integración política de sus habitantes podía entenderse también como una política de soberanía: población, instituciones, comunicaciones, actividad económica y ciudadanía fortalecían la presencia efectiva del Estado argentino.
No corresponde afirmar que los patagónicos quisieran “mirar con cariño a Chile”, pero la cuestión fronteriza hacía especialmente importante su plena integración nacional.
Chaco → Provincia Presidente Perón
La Pampa → Provincia Eva Perón
Comienza una etapa decisiva de provincialización.
El antiguo Territorio Nacional de Misiones se transforma en provincia.
Se provincializan Formosa, Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz.
La Gobernación Militar de Comodoro Rivadavia es disuelta y los territorios involucrados quedan nuevamente integrados a Chubut y Santa Cruz.
El Decreto 11.429/55 estableció provisoriamente esa denominación para una extensa unidad territorial austral.
Provincia Presidente Perón → Chaco
Provincia Eva Perón → La Pampa
La Ley 23.775 convierte al último Territorio Nacional en provincia:
Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.
La provincialización significó autonomía, autoridades propias, constitución provincial, legislatura, justicia, representación nacional y participación plena en el sistema federal argentino.
Detrás de aquellos viejos mapas no había simplemente territorios: había argentinos.

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