CUANDO LA TELEVISION IMPULSA EL TURISMO: EL FENOMENO TURCO
Por Aurelio Nicolella
El fenómeno audiovisual de las
películas, miniseries y, especialmente, de las telenovelas turcas constituye
uno de los casos más exitosos de utilización de la industria cultural como
herramienta de promoción internacional. Turquía ha logrado convertir a sus
producciones televisivas en un poderoso instrumento de "soft
power", proyectando una imagen atractiva de su historia, su cultura y,
sobre todo, de su principal ciudad: Estambul.
Durante las dos últimas décadas, las denominadas dizi (series turcas) conquistaron los mercados de América Latina, Europa, Medio Oriente, África y Asia. Este éxito no solo generó importantes ingresos por la venta de derechos televisivos, sino que despertó en millones de espectadores el deseo de conocer personalmente los escenarios donde transcurren las historias. Diversas investigaciones académicas confirman que las series turcas incrementan la intención de viajar a Turquía y fortalecen la imagen del país como destino turístico.
Estambul o cualquier ciudad turca
que aparezca en dichas producciones La ciudad nunca aparece como un simple
decorado. La fotografía destaca sus paisajes, su patrimonio arquitectónico y la
convivencia entre tradición y modernidad, despertando la curiosidad del
espectador.
Los especialistas denominan este
fenómeno “film-induced tourism” o turismo cinematográfico, es decir, el
incremento del turismo motivado por películas y series.
Turquía comprendió rápidamente el
potencial de este recurso: las producciones muestran permanentemente paisajes
de enorme belleza;
presentan una gastronomía
atractiva, exhiben costumbres locales, promueven indirectamente el idioma turco
haciendo con ello que fortalezca la imagen internacional del país.
Estudios realizados con turistas
de países árabes, Italia, Egipto e Indonesia concluyen que las series influyen
de manera significativa en la decisión de viajar a Turquía.
Lejos de ser un fenómeno casual, es
una estrategia de estatal, la exportación de producciones audiovisuales forma
parte de una estrategia de posicionamiento internacional.
Hoy Turquía figura entre los
principales exportadores mundiales de ficción televisiva, y sus series
funcionan como verdaderas embajadoras culturales. Las imágenes transmiten un
país moderno, seguro, sofisticado y con una extraordinaria riqueza histórica.
Un
ejemplo de ello es “La apuesta de mi vida” (título original: Hayatımın Aşkı) es
una serie turca que combina comedia, romance y misterio, creada por Deniz Akçay
y disponible en Netflix. Con una temporada de ocho episodios, la producción
ofrece una historia ágil, personajes carismáticos y una cuidada realización,
elementos que caracterizan a muchas de las exitosas ficciones turcas que han
conquistado audiencias en todo el mundo.
Uno
de los mayores atractivos de la serie es su extraordinario despliegue visual.
Además de mostrar algunos de los rincones más emblemáticos de Estambul, la
historia transcurre en idílicos pueblos costeros del mar Egeo y del mar de
Mármara, donde las calles empedradas, los pequeños puertos, las casas
tradicionales de fachadas blancas, los cafés frente al mar y las aguas
cristalinas crean escenarios de gran belleza.
Estos
paisajes, cuidadosamente fotografiados, transmiten una sensación de
tranquilidad y encanto que invita al espectador a descubrir una Turquía
diferente, alejada de las grandes metrópolis.
La
serie confirma, una vez más, cómo el audiovisual turco se ha convertido en una
poderosa herramienta de promoción turística. Sin recurrir a la publicidad
tradicional, cada episodio exhibe la riqueza paisajística, cultural y
arquitectónica del país, despertando el interés por recorrer tanto la vibrante
Estambul como esos pequeños pueblos costeros que parecen detenidos en el tiempo
y que constituyen algunas de las joyas menos conocidas de Turquía.
En América Latina el fenómeno
alcanzó dimensiones extraordinarias, series como: Las mil y una noches, El
Sultán, Fatmagül, Kara Para Aşk, Erkenci Kuş. Obtuvieron niveles de audiencia
comparables con las tradicionales telenovelas latinoamericanas. Como consecuencia,
numerosas agencias comenzaron a ofrecer recorridos por los escenarios donde
fueron filmadas estas producciones, especialmente en Estambul.
La conclusión es que Turquía ha
demostrado que una industria audiovisual sólida puede convertirse en una de las
herramientas de promoción turística más eficaces del siglo XXI. A través de sus
películas y, sobre todo, de sus exitosas series televisivas, ha logrado
transformar a Estambul en un símbolo mundial de belleza, historia y modernidad.
Millones de espectadores
descubren la ciudad primero desde la pantalla y, posteriormente, deciden
recorrer sus calles, navegar el Bósforo o visitar sus monumentos. En este
sentido, las producciones turcas no solo entretienen: construyen una poderosa
imagen internacional del país y convierten a la ficción en un motor del
turismo, la cultura y la economía.
