ARTURO ILLIA Y LOS COMANDOS CIVILES: EL PASADO OCULTO DE UN PRESIDENTE
La historia detrás de la Revolución Libertadora
Por Aurelio Nicolella
Abogado – Escritor e investigador
Esta es una faceta poco conocida del hombre que años después sería Presidente de la Nación. Cuando se menciona a Arturo Umberto Illia, la memoria histórica suele asociarlo con la honestidad republicana, la austeridad, la defensa de las instituciones y su breve presidencia entre 1963 y 1966.
Sin embargo, existe otra etapa de su trayectoria política mucho menos conocida: su participación, durante 1955, en el movimiento civil que acompañó el levantamiento militar contra el segundo gobierno constitucional de Juan Domingo Perón.
La cuestión merece ser examinada sin simplificaciones y separando la figura posterior de Illia de la actuación política que tuvo durante la crisis de 1954 y 1955.
La Argentina de 1955
Para comprender la aparición de los comandos civiles es necesario situarse en la Argentina de comienzos de la década de 1950.
El primer gobierno de Juan Domingo Perón, iniciado en 1946, había producido una profunda transformación política y social. El peronismo había consolidado una relación extraordinariamente fuerte con los trabajadores y con importantes sectores populares.
Al mismo tiempo, se había producido una creciente confrontación con sectores de la oposición política, parte de las Fuerzas Armadas y, particularmente desde 1954, con sectores de la Iglesia Católica.
Durante el segundo gobierno de Perón, iniciado en 1952, la tensión política aumentó hasta alcanzar niveles desconocidos hasta entonces. La oposición comenzó a organizar diferentes formas de resistencia y, entre ellas, aparecieron los denominados Comandos Civiles Revolucionarios.
¿Qué eran los Comandos Civiles?
Los comandos civiles no constituían una organización única y homogénea. Existían grupos vinculados con distintas corrientes políticas y sociales: radicales, socialistas, conservadores, nacionalistas católicos, demócratas cristianos y sectores independientes.
La investigación de Mónica Inés Bartolucci los describe como grupos civiles organizados clandestinamente, con estructura celular, armados y vinculados con sectores militares que participaban de la conspiración contra el gobierno de Perón.
Su organización tenía características particulares. Pequeños grupos actuaban de manera relativamente compartimentada, utilizando contactos personales, nombres falsos y mecanismos destinados a preservar la clandestinidad.
La finalidad fundamental era colaborar con la conspiración militar y preparar una eventual acción contra el gobierno.
Sus actividades fueron diversas: propaganda clandestina, distribución de información, comunicaciones secretas, sabotaje, almacenamiento y traslado de armas, interrupción de comunicaciones, ocupación de determinados edificios y apoyo logístico a los militares sublevados. Durante el levantamiento de septiembre de 1955, algunos de estos grupos participaron además en acciones armadas.
La investigación histórica registra que se encontraban vinculados con militares que proporcionaban recursos, armamento y orientación.
Por ello, hablar simplemente de “militantes opositores” resulta insuficiente. Se trataba, en determinados casos, de organizaciones clandestinas con una dimensión insurreccional y armada.
Córdoba y la participación de Illia
En Córdoba esta colaboración alcanzó particular importancia. La provincia fue uno de los principales centros del antiperonismo. Allí confluyeron sectores radicales, estudiantes universitarios, socialistas, católicos, conservadores y militares.
La investigación académica señala que los comandos civiles cordobeses recibieron entrenamiento de jóvenes oficiales de la Aeronáutica y que participaron en la sublevación del 16 de septiembre de 1955.
En ese escenario aparece Arturo Illia.
Illia pertenecía al radicalismo cordobés y al sector “sabattinista” (1). Para entonces ya tenía una importante trayectoria política: había sido vicegobernador de Córdoba y diputado nacional. En 1955 se encontraba enfrentado políticamente con el gobierno de Perón y participó de la conspiración antiperonista en Córdoba.
Algunas fuentes periodísticas y testimoniales lo presentan incluso como uno de los principales organizadores de los comandos civiles cordobeses. Sin embargo, conviene evitar una simplificación: no existe consenso suficiente para presentar a Illia como jefe absoluto de todos los comandos civiles del país.
Pero tampoco hay elementos para determinar que haya querido evitar la violencia del gurpo. La organización fue fragmentaria y existieron distintos grupos, jefaturas y vínculos militares.
Lo que sí aparece documentado es su vinculación con el movimiento civil que acompañó la rebelión en Córdoba.
El levantamiento de septiembre
El 16 de septiembre de 1955 comenzó la sublevación militar que terminaría con el gobierno constitucional de Perón. En Córdoba, los civiles tuvieron una participación particularmente significativa.
Los rebeldes no contaban con suficientes tropas de infantería para controlar todos los puntos estratégicos de la ciudad. Por eso, los comandos civiles adquirieron una función militar auxiliar.
Fuentes históricas describen su participación en la ocupación de lugares estratégicos, entre ellos la sede policial, la CGT, el aeropuerto y otras dependencias.
La Casa Radical también tuvo un papel importante como lugar de reunión y distribución de armas entre civiles comprometidos con la rebelión.
Incluso se difundió una proclama firmada por Arturo Illia llamando a la población a salir a la calle en apoyo del movimiento.
Una reconstrucción histórica de La Libertadora señala que Illia y otros dirigentes radicales firmaron esa proclama mientras desde la Casa Radical se distribuían armas proporcionadas por la Fuerza Aérea. Los civiles armados tuvieron luego una participación directa en la toma de distintos puntos estratégicos de Córdoba.
En consecuencia, la Revolución Libertadora no fue exclusivamente una operación militar. Fue una acción cívico-militar, aunque el peso decisivo y el control del nuevo poder quedaron en manos de las Fuerzas Armadas.
Después del triunfo
¿Qué ocurrió con los comandos después del triunfo?
Una característica interesante es que, en general, no permanecieron como organizaciones clandestinas permanentes. Una investigación de la Universidad Nacional de la Defensa señala que se trató fundamentalmente de organizaciones transitorias, creadas para una coyuntura específica.
Después del triunfo, muchos de sus integrantes regresaron a sus organizaciones políticas originales y algunos ocuparon posteriormente cargos en distintas instituciones estatales.
Esto permite comprender que los comandos fueron, fundamentalmente, instrumentos de una determinada coyuntura política y militar.
Pero su actuación no terminó con el derrocamiento de Perón. También participaron en hechos de violencia que forman parte de una de las etapas más oscuras de la confrontación política argentina.
La violencia antiperonista
Los comandos civiles participaron de acciones violentas. No fueron únicamente organizaciones de propaganda.
El 15 de abril de 1953, mientras una multitud se encontraba reunida en la Plaza de Mayo en un acto sindical convocado por la Confederación General del Trabajo (CGT) en apoyo del gobierno de Juan Domingo Perón, dos bombas fueron detonadas en las inmediaciones de la concentración.
El atentado, perpetrado por un grupo antiperonista, provocó la muerte de seis personas y más de noventa heridos, algunos de ellos con graves mutilaciones. El Archivo Nacional de la Memoria conserva la causa judicial iniciada entonces bajo la carátula “Carranza Roque y otros Sobre Actividades subversivas y terroristas”, que reúne 26 cuerpos de actuaciones judiciales.
Entre los nombres vinculados judicialmente con aquel episodio apareció Roque Carranza, quien años después tendría una extensa trayectoria política y llegaría a integrar el gobierno de Raúl Alfonsín.
Las actuaciones judiciales de la época lo incluyeron entre los investigados por el atentado. La documentación histórica permite afirmar que el episodio constituyó una de las expresiones más graves de la violencia política antiperonista de aquellos años y un antecedente significativo de la escalada de confrontación que culminaría con el bombardeo de Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955 y, tres meses después, con el derrocamiento de Perón.
El episodio resulta significativo para comprender el clima político que precedió a la Revolución Libertadora: la oposición había comenzado a abandonar progresivamente los mecanismos exclusivamente electorales para recurrir también a formas clandestinas de conspiración, sabotaje y violencia.
La historia posterior de Carranza agrega una de las paradojas de aquel período: quien había sido investigado y procesado por uno de los episodios terroristas más graves de la década de 1950 terminaría décadas después ocupando funciones de alta responsabilidad en la República.
El caso Manuel Chaves
El caso de Manuel Chaves constituye otro de los episodios graves ocurridos inmediatamente después del triunfo de la Revolución Libertadora.
Chaves, secretario general de ATE y de la CGT de Azul y dirigente identificado con el peronismo, fue buscado en su domicilio el 22 de septiembre de 1955 por un operativo integrado por efectivos de la Marina y civiles vinculados a los comandos civiles.
La reconstrucción del episodio permite distinguir responsabilidades: aunque los comandos civiles participaron del operativo, las fuentes que han investigado específicamente el caso atribuyen los disparos que provocaron la muerte de Chaves al teniente de navío Carlos Alberto Heredia.
Por ello, resulta históricamente más preciso hablar de la participación de los comandos civiles en el operativo y no atribuirles, sin más, la autoría material del homicidio, aunque su participación en el procedimiento forma parte de la responsabilidad histórica que debe ser examinada.
Estos episodios muestran que aquellos grupos no se limitaron a la propaganda. Hubo enfrentamientos armados, ocupaciones, sabotajes y acciones contra estructuras vinculadas al gobierno peronista. En determinados lugares, después del golpe, grupos de civiles armados participaron también en la ocupación de locales sindicales.
La historiografía registra que la violencia política de aquellos años no fue patrimonio exclusivo de un solo sector. La Argentina atravesaba un proceso de creciente radicalización.
Reconocer la existencia de violencia en el campo antiperonista no implica negar la violencia ejercida desde el Estado durante el peronismo. Por el contrario, permite construir una historia menos partidaria y más compleja.
La paradoja de Illia
Aquí aparece una de las paradojas más interesantes de la historia argentina.
El hombre que años después sería recordado como símbolo de austeridad, honestidad y respeto institucional había participado, en 1955, de una conspiración civil destinada a colaborar con un levantamiento militar contra un gobierno constitucional.
La observación histórica no pretende necesariamente invalidar su trayectoria posterior. Pero sí permite comprender que los hombres políticos son también productos de su tiempo.
La Argentina de 1955 estaba atravesada por una confrontación política extrema. El concepto de democracia no era interpretado de la misma manera por todos los actores. Para los sectores antiperonistas, la caída de Perón podía presentarse como una recuperación de las libertades constitucionales. Para el peronismo y sus simpatizantes, en cambio, se trataba del derrocamiento de un gobierno elegido por el voto popular.
La historia posterior demostraría que la llamada Revolución Libertadora tampoco inauguraría inmediatamente una democracia plena.
El nuevo gobierno militar intervino las instituciones, disolvió el Congreso y prohibió progresivamente la actividad política peronista. La proscripción del peronismo tendría consecuencias durante muchos años.
La paradoja fue evidente: un movimiento presentado como una revolución destinada a restablecer las libertades políticas terminó estableciendo restricciones sobre una parte sustancial del electorado argentino.
La contradicción marcaría toda la política argentina posterior. El peronismo quedaría excluido de las elecciones durante años, y esa exclusión tendría consecuencias decisivas en los gobiernos de Frondizi, Guido y del mismo Illia.
Illia después de 1955
La historia de Arturo Illia no terminó con la Revolución Libertadora. Continuó participando en la política radical y, finalmente, llegó a la Presidencia de la Nación en 1963.
Su gobierno quedó asociado a una concepción de la función pública caracterizada por la austeridad y la defensa de determinadas instituciones republicanas.
Precisamente por eso resulta interesante recuperar su pasado de 1955.
La historia no debería construirse solamente a partir de las imágenes posteriores de los protagonistas. Debe observar también sus contradicciones.
Pero la conducta de Arturo Umberto Illia da pie a una cuestión que merece discusión: ¿puede considerarse democrático participar en un movimiento destinado a derrocar a un gobierno constitucional, más aún cuando dicho movimiento produjo muertos y heridos?
La respuesta histórica exige separar dos cuestiones.
Una cosa es comprender las razones políticas que llevaron a determinados sectores a considerar intolerable al gobierno de Perón.
Otra es determinar la legitimidad constitucional de recurrir a la fuerza para derribar un gobierno elegido mediante elecciones.
Desde el punto de vista institucional, la respuesta es clara: el derrocamiento de un gobierno constitucional mediante la fuerza militar constituye una ruptura del orden constitucional.
Pero comprender esa ruptura no significa desconocer el contexto político que la produjo.
Una paradoja que llega hasta 1982
La ironía de la historia volvería a colocar a Illia en el centro de la escena casi tres décadas después.
Tras la derrota argentina en Malvinas y el derrumbe del régimen militar denominado Proceso de Reorganización Nacional, comenzó a abrirse el camino hacia la transición democrática. En ese contexto, la Multipartidaria Nacional (2) adquirió un papel central en la presión por la normalización institucional.
Raúl Alfonsín, que sostenía una posición particularmente crítica frente al régimen militar, llegó a proponer que el gobierno fuera entregado a un presidente civil de transición, acompañado por un gabinete de salvación nacional, y señaló para esa función a Arturo Umberto Illia.
La propuesta fue formulada antes de la guerra de Malvinas y reiterada en junio de 1982, cuando el gobierno militar perdió el conflicto con los británicos.
Pero el propio Illia terminó rechazándola públicamente.
La paradoja histórica resulta inevitable: el mismo dirigente radical que en 1955 había estado vinculado al entramado civil que acompañó el derrocamiento de Perón aparecía, en 1982, como una de las figuras convocadas para encabezar la recuperación institucional y conducir la transición hacia la democracia.
Para el peronismo, aquel pasado no podía resultar indiferente. Sin embargo, no hemos encontrado hasta el momento documentación suficiente para afirmar categóricamente que la oposición peronista a aquella alternativa, si efectivamente la hubo como posición orgánica, se debiera específicamente a su actuación en los comandos civiles.
La historia, una vez más, mostraba sus contradicciones: el hombre de 1955 podía convertirse, veintisiete años después, en símbolo de la democracia que debía suceder a la última dictadura militar.
Una mirada desde el presente
La historia de los comandos civiles deja una enseñanza que trasciende el enfrentamiento entre peronismo y antiperonismo.
Cuando una sociedad comienza a considerar que el adversario político no es simplemente un adversario, sino un enemigo que debe ser eliminado del sistema, las instituciones comienzan a perder su capacidad de resolver los conflictos.
La política deja entonces de ser competencia electoral y se transforma en confrontación. Y cuando esa confrontación se combina con armas, conspiraciones y participación militar, el resultado suele ser la ruptura institucional.
La experiencia argentina de 1955 constituye uno de los ejemplos más importantes de ese proceso.
Arturo Umberto Illia fue, sin duda, una figura fundamental de la política argentina del siglo XX. Pero conocer su trayectoria exige también mirar aquellos episodios que no encajan cómodamente en la imagen posterior del “presidente honesto”.
Su participación en el entramado civil antiperonista de Córdoba en 1955 forma parte de esa historia. Existen fuentes que le atribuyen un papel de conducción dentro de los comandos cordobeses, aunque esa caracterización debe ser presentada con prudencia y diferenciada de la afirmación de que hubiera sido el jefe absoluto de los comandos civiles nacionales.
La historia, cuando pretende ser verdaderamente historia, no debe construir santos ni demonios.
Debe mostrar a los hombres en sus circunstancias, con sus convicciones, sus errores, sus aciertos y también sus contradicciones.
Y quizás allí encontremos una de las mayores enseñanzas de 1955: cuando la política abandona las urnas y comienza a buscar su solución en los cuarteles, las consecuencias terminan alcanzando a toda la República.
NOTAS:
(1) El sabattinismo fue una corriente interna del radicalismo cordobés surgida alrededor del liderazgo de Amadeo Sabattini, caracterizada por la defensa de las instituciones republicanas, el laicismo, la autonomía provincial y una orientación social dentro de la tradición de la Unión Cívica Radical.
(2) La Multipartidaria Nacional fue una coalición de los principales partidos políticos argentinos creada en 1981 para reclamar el retorno a la democracia. Tras la derrota de Malvinas, adquirió un papel decisivo en la presión política sobre el gobierno militar para acelerar la transición institucional que culminaría con las elecciones de 1983.
EL OTRO ILLIA
Comandos civiles, conspiración y Revolución Libertadora
1. CONTEXTO POLÍTICO — 1950/1955
2. COMANDOS CIVILES REVOLUCIONARIOS
Organizaciones civiles clandestinas, heterogéneas y vinculadas con sectores militares.
- Radicales
- Socialistas
- Conservadores
- Nacionalistas católicos
- Demócratas cristianos
- Independientes
- Clandestinidad
- Estructura celular
- Compartimentación
- Contactos reservados
- Vinculación militar
- Propaganda
- Comunicaciones
- Sabotaje
- Logística
- Armas
- Acciones armadas
3. ARTURO ILLIA EN CÓRDOBA
- Radicalismo cordobés.
- Sector sabattinista.
- Vicegobernador de Córdoba.
- Diputado nacional.
- Oposición al gobierno de Perón.
- Vinculación con la conspiración antiperonista de 1955.
- Algunas fuentes le atribuyen un papel de conducción dentro de los comandos cordobeses.
4. REVOLUCIÓN LIBERTADORA — 16 DE SEPTIEMBRE DE 1955
5. VIOLENCIA POLÍTICA
ATENTADO DE 1953
Bombas durante un acto de la CGT en Plaza de Mayo.
6 muertos y más de 90 heridos.
Causa judicial: “Carranza Roque y otros”.
1955
Bombardeo de Plaza de Mayo.
Escalada de la violencia política.
MANUEL CHAVES
Dirigente de ATE y de la CGT de Azul.
Operativo integrado por marinos y civiles vinculados a los comandos civiles.
Las fuentes atribuyen los disparos mortales al teniente de navío Carlos Alberto Heredia.
6. DESPUÉS DE LA REVOLUCIÓN LIBERTADORA
7. ILLIA Y LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA — 1982
propone a ARTURO ILLIA para encabezar un gobierno civil de transición.
LA IRONÍA DE LA HISTORIA
1955
Illia aparece vinculado al entramado civil antiperonista que acompañó el derrocamiento de Perón.
1982
Illia es considerado para encabezar la transición hacia la recuperación institucional y democrática.
Aurelio Nicolella – Abogado, escritor e investigador

1 comentario:
Excelente nota escrita con gran poder de síntesis. Puedo aportar que los militares rebeldes juntamente con los comandos civiles, solían "tomar", las estaciones de radio, las plantas transmisoras (donde están las antenas), las centrales de telefonía (ENTEL). Las oficinas de Correo, (ENCOTEL) y Oficinas del Telégrafo de la Provincia de Buenos Aires y ocasionalmente la estaciones de trenes importantes.
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