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26 mayo 2026

DE LA DESCONFIANZA AL DEBATE ÉTICO: CUANDO LA IGLESIA CATÓLICA MIRA CON RECELO LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

 


Por Aurelio Nicolella

 

La historia parece repetirse. Cada vez que una nueva tecnología irrumpe y transforma la vida cotidiana, la Iglesia Católica suele reaccionar primero con prudencia, luego con debate y finalmente con una reflexión más profunda sobre sus implicancias humanas y morales. Hoy la discusión gira en torno a la inteligencia artificial. Hace más de un siglo, el temor tenía otro nombre: cine.

 

El actual pontífice, Papa León XIV, encendió una fuerte discusión global al advertir sobre los riesgos de una inteligencia artificial desarrollada sin límites éticos. En su primera encíclica “Magnifica Humanitas”, alertó sobre el peligro de que el poder tecnológico quede concentrado en pocas manos y sostuvo que quien controle la IA podría terminar imponiendo una visión moral sobre la sociedad. También habló de riesgos de deshumanización, manipulación, pérdida de empleos y usos militares de sistemas autónomos.

 

Sin embargo, León XIV no condena la tecnología en sí misma. Su preocupación apunta al modo en que se utiliza y a quiénes la controlan. El Vaticano incluso creó una comisión específica para estudiar los desafíos éticos de la inteligencia artificial.

 

La reacción recuerda a otro momento histórico: el choque entre la Iglesia y el cinematógrafo a comienzos del siglo XX. Fue Pío X quien, en 1913, prohibió expresamente a los sacerdotes asistir a salas de cine. El nuevo espectáculo generaba desconfianza. Las preocupaciones no estaban tanto en la tecnología misma, sino en los ambientes oscuros donde hombres y mujeres compartían espacios considerados poco adecuados para la moral de la época y en los contenidos que podían influir sobre los fieles.

 

Lo llamativo es que el cine, que inicialmente despertó sospechas y rechazo, terminó siendo una herramienta adoptada por la propia Iglesia. Décadas después, el Vaticano comenzó a reconocer su valor artístico, educativo y cultural. Lo que primero fue visto como amenaza pasó a convertirse en un instrumento de comunicación y evangelización.

 

La comparación deja una pregunta inevitable: ¿la inteligencia artificial recorrerá un camino similar?

 

La diferencia principal es que el cine modificó formas de entretenimiento y expresión cultural; la inteligencia artificial promete alterar el trabajo, la educación, la política, la información y hasta las relaciones humanas. Para León XIV, el problema no es la existencia de la IA, sino la posibilidad de que sustituya criterios humanos o concentre un poder sin control democrático.

 

La historia sugiere que la Iglesia no suele rechazar definitivamente las innovaciones: primero las observa con cautela, luego intenta comprenderlas y finalmente busca integrarlas dentro de un marco moral. Lo hizo con el cine. Hoy parece estar haciendo lo mismo con la inteligencia artificial.

 

Quizás, dentro de algunas décadas, las advertencias actuales sean vistas no como un rechazo a la tecnología, sino como un intento de responder una vieja pregunta frente a cada gran avance: ¿el progreso está al servicio del ser humano o el ser humano terminará al servicio del progreso?


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