Por Aurelio Nicolella
El clima de tensión que se vivió durante el acto de egreso de 1.547 oficiales de la Policía Bonaerense, el martes pasado 31 de marzo en la Escuela Juan Vucetich en Berazategui, dejó en evidencia una problemática que viene creciendo desde hace tiempo: el profundo malestar dentro de la fuerza policial por sus condiciones laborales y salariales.
Durante la ceremonia, encabezada por el gobernador Axel
Kicillof, familiares de los nuevos efectivos interrumpieron el discurso con
abucheos, silbidos y reclamos.
Lejos de tratarse de un hecho aislado, lo ocurrido expuso
el deterioro que atraviesan muchos integrantes de la Policía Bonaerense y la
misma institución policial. Uno de los principales puntos de conflicto es el
salario.
Según denuncian efectivos y allegados, hay casos en los
que un policía percibe ingresos cercanos a los 600 mil a 800 mil pesos
mensuales, una cifra que consideran insuficiente frente al costo de vida
actual. En ese contexto, muchos se preguntan cómo puede sostenerse esa realidad
cuando, según señalan, los costos asociados a procesos judiciales, como una
excarcelación de un detenido, que es una etapa inicial, pueden superar
ampliamente los tres millones de pesos de honorarios profesional de su abogado.
Procesos judiciales que cuestan millones contrastan con policías que no llegan
a fin de mes. La comparación, repetida entre los reclamos, busca poner en
evidencia lo que consideran una fuerte desigualdad en la asignación de recursos
dentro del sistema.
Pero no se puede dejar pasar que la precariedad salarial
de la Policía Bonaerense se refleja en la vida cotidiana de muchos de sus
integrantes: muchos de ellos se ven obligados a complementar sus ingresos
trabajando como choferes de Uber, o como custodias de empresas o supermercados
hasta incluso hacer trabajos de albañilería o herrería, mientras que sus
esposas o parejas también deben salir a trabajar para sostener el hogar.
Esta doble presión laboral no solo evidencia la
insuficiencia de los sueldos oficiales, sino que también expone cómo la
necesidad económica afecta la calidad de vida y el bienestar familiar de
quienes deberían dedicarse plenamente a la seguridad pública como único
trabajo.
Pero el malestar no se agota en los sueldos; persisten reclamos por la falta de un hospital propio para el personal policial, en un contexto donde, según señalan, se habría caído el convenio de atención con el Hospital Churruca de la Capital Federal.
En la misma línea, surgen críticas hacia la obra social,
a la que acusan de no cumplir adecuadamente con su función de proteger la salud
del uniformado y su grupo familiar, profundizando aún más el malestar dentro de
la institución.
También aparecen cuestionamientos sobre el estado de los
móviles y la gestión de los recursos. Fuentes vinculadas al ámbito policial
aseguran que existirían incentivos perversos en torno al mantenimiento de
patrulleros: según estas versiones, resultaría más conveniente que las unidades
se deterioren rápidamente, debido al negocio asociado a la compra de repuestos
como neumáticos y piezas mecánicas. En esa línea, señalan que no se recurre a
esquemas de leasing, que permitirían renovar la flota de manera más eficiente,
porque, en comparación, el volumen de gasto en reparaciones y mantenimiento
terminaría siendo más alto y, por lo tanto, más rentable para ciertos
circuitos.
Estas denuncias no cuentan con confirmación oficial y,
según distintos sectores, la falta de acceso a información pública dificulta
corroborarlas dentro de la administración encabezada por Axel Kicillof.
Pareciera que, al gobierno provincial, encabezado por
Axel Kicillof se lo vería más centrado en proyectar su figura de cara a la
próxima elección presidencial que en atender la seguridad de los bonaerenses.

6 comentarios:
Excelente nota, considero qe los policias debirian cobrar buenos sueldos
Muy buen análisis de la situación actual, claro y bien explicado.
Muy buen aporte para entender la realidad actual de la familia policial, ser policia hoy en día no solo es peligros sino también arduroso
La nota destaca por su claridad y enfoque, abordando un tema de actualidad y seguridad de forma accesible pero bien fundamentada. Logra explicar los puntos clave sin caer en tecnicismos innecesarios, lo que facilita la comprensión para cualquier lector. Además, aporta una mirada reflexiva que invita a tomar conciencia sobre la importancia del tema, combinando información útil con un análisis bien estructurado que mantiene el interés de principio a fin.
lEl enano de Kicillofa no puede ser ni presdiente de un club de barrio
Interesante, es la verda
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