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CARTA ABIERTA PARA EL SECRETARIO DE SEGURIDAD CIUDADANA DE LANUS

Por Aurelio Nicolella

 

Señor Sebastián Castillo: Me dirijo a usted no solo como hijo, sino como vecino de Lanús, profundamente indignado por la falta de protección y respuesta de la seguridad pública en nuestro distrito.

En la madrugada del jueves 26 de febrero de 2026, mi madre, de 92 años, fue brutalmente golpeada en su propia casa en Remedios de Escalada. Tres delincuentes encapuchados ingresaron, la agredieron hasta romperle la dentadura, la desnudaron, la humillaron y le robaron su jubilación y pertenencias.

Lo que resulta absolutamente inaceptable - y que no puedo dejar de señalar - es que usted, como responsable máximo de Seguridad Ciudadana, no estuvo junto a la víctima ni le brindó acompañamiento, consuelo o asistencia tras el ataque. Ni usted ni la subsecretaria se acercaron a mi madre en ese momento crítico. Esta ausencia no es un detalle menor: es un fracaso directo en su gestión y un abandono de la función más básica de su cargo. Mi madre estaba indefensa, y quienes debían protegerla no aparecieron.

Mientras los delincuentes escapaban, un patrullero se encontraba estacionado en la esquina: visible, pero totalmente inoperante, sin cumplir la función mínima de control y seguridad que debería tener. La presencia institucional estuvo, pero la acción fue nula. Y, Usted no estuvo presente donde debía estar: cerca de la víctima, ejerciendo la seguridad que los vecinos esperan.

No se trata de un descuido menor. Es la demostración clara de un fracaso en la gestión de la seguridad pública. La función que usted ocupa exige más que palabras o patrulleros estacionados: exige acción, intervención inmediata y acompañamiento a quienes sufren la violencia en carne propia. Mi madre estaba indefensa y sola frente a la agresión.  Y, Usted, señor Castillo, no estaba.

Este hecho tuvo tanta repercusión que medios nacionales e internacionales se hicieron eco de la noticia, mostrando al mundo la inseguridad que padecemos y afectando la imagen de Lanús. Mientras tanto, los vecinos de nuestra comunidad estuvieron presentes, acompañando a mi madre, brindando consuelo y apoyo en un momento de extrema vulnerabilidad. A ellos les agradezco profundamente su solidaridad y humanidad.

Lanús no puede seguir tolerando esta falta de compromiso. La seguridad no es un juego político ni un trámite administrativo; es una obligación de quien ocupa un cargo público. Cuando una abuela es atacada en su casa y los funcionarios responsables no aparecen, el mensaje es brutal: la seguridad no importa.

Por respeto a los vecinos, por respeto a la función pública y, sobre todo, por respeto a quienes confiamos en el Estado, le reclamo que usted y su equipo asuman de inmediato la responsabilidad que les corresponde y den un paso al costado.

Si una mujer de 92 años no puede estar segura en su propia casa, entonces ningún vecino de Lanús puede sentirse protegido. La violencia golpea a los más vulnerables, y cuando los responsables del Estado no actúan, la impunidad se instala y amenaza a todos.