Por Aurelio Nicolella
Entre ellos, los bombardeos italianos sobre
Tel Aviv y Haifa durante la Segunda Guerra Mundial ocupan un lugar
significativo. Para el movimiento sionista, estos ataques son vistos
retrospectivamente como un punto de inflexión: ante la percepción de abandono
por parte de las autoridades británicas, las comunidades judías comenzaron a
organizar sus propios escuadrones de defensa frente a la posible amenaza de un
desembarco de fuerzas del Eje. Estos primeros grupos de autodefensa se
convirtieron en la base de las futuras Fuerzas de Defensa de Israel, las
primeras fuerzas armadas del naciente Estado, que luego se consolidarían en el
ejército moderno israelí.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Italia llevó adelante una
campaña de bombardeos sobre el Mandato Británico de Palestina entre 1940 y 1941
como parte de su estrategia para desafiar el dominio del Reino Unido en Medio
Oriente. A través de la “Regia Aeronautica”, buscó atacar infraestructuras
clave como el puerto y las refinerías de Haifa, fundamentales para el
abastecimiento energético británico, así como otros centros urbanos como Tel
Aviv.
El primer ataque importante tuvo lugar en julio de 1940,
logrando incendiar depósitos de combustible y afectar temporalmente la
producción petrolera, las bombas italianas provocaron la muerte de 130 civiles,
entre hombres, mujeres y niños e hirieron a otros 83. Lo que demuestra que, a pesar de las
limitaciones logísticas y la distancia desde sus bases en el Mediterráneo,
Italia fue capaz de proyectar poder aéreo de manera efectiva. En septiembre de
ese año, el bombardeo sobre Tel Aviv, aunque trágico por el alto número de
víctimas civiles hasta el día de hoy desconocido la cantidad de muertos y
heridos, evidenció también la capacidad operativa de alcanzar objetivos lejanos
en un teatro de guerra complejo.
Estos bombardeos han sido considerados por algunos como
parte de los primeros ataques aéreos modernos sobre Medio Oriente dentro del
contexto de la guerra global. Además, obligaron a las autoridades británicas a
reforzar las defensas, reorganizar recursos y desplegar nuevas unidades
antiaéreas, lo que indica que la amenaza italiana fue tomada seriamente.
Si bien la campaña no logró un impacto estratégico decisivo, sí tuvo efectos tácticos concretos, como interrupciones en instalaciones petroleras y presión constante sobre posiciones británicas. Las críticas de Winston Churchill, quien despectivamente habló de “aviones de cartón” y pilotos “que son niños remontando barriletes” deben entenderse también en el contexto de la propaganda de guerra, destinada a desacreditar al enemigo.
En Israel, el recuerdo de aquellos ataques aún persiste en
la memoria histórica, evocando tanto entre los mayores que vivieron los
bombardeos y aún siguen vivos para recordarlo, como entre los jóvenes actuales,
quienes conocen la historia. Ellos fueron los primeros en correr a los refugios
antiaéreos al escuchar el sonido de las sirenas que alertaban a la población
civil ante los ataques.
Para los sionistas, estos ataques también marcaron el
nacimiento de sus primeras fuerzas armadas, motivando la organización de
escuadrones de defensa que luego se consolidaron en el Ejército y las Fuerzas
de Defensa de Israel. En contraste, en Italia este episodio, a pesar de haber
sido uno de los logros operativos más destacados de su aviación durante la
guerra,
ha tendido a ser relegado u olvidado con el paso del tiempo.
Con el tiempo, estos hechos quedaron en un segundo plano dentro de la narrativa general del conflicto, eclipsados por otros frentes más decisivos. Sin embargo, vistos en perspectiva, los bombardeos italianos sobre Palestina reflejan un esfuerzo real por parte de Italia de intervenir activamente en un teatro estratégico distante, superando limitaciones técnicas y geográficas para sostener operaciones ofensivas en Medio Oriente.
