Por Aurelio Nicolella
Como vengo denunciando desde
hace semanas a través de este medio, la inseguridad dejó de ser una sensación
para convertirse en una realidad cotidiana en Lanús. Todos los lanusenses
conocemos y vivimos robos a plena luz del día, entraderas en zonas
residenciales y ataques a comerciantes; forman parte de una secuencia que ya no
sorprende, pero sí alarma.
No se trata de hechos
aislados ni recientes. Estos episodios ya han sido denunciados en reiteradas
oportunidades en distintas notas periodísticas y medios nacionales e
internacionales, donde se expusieron con claridad las modalidades delictivas,
las zonas más afectadas y la creciente preocupación vecinal. Sin embargo, las
respuestas siguen sin estar a la altura de la gravedad del problema.
El caso más reciente y
conmocionante expone con crudeza la situación: un efectivo de la Policía Federal
Argentina, de apenas 34 años, con toda una vida por delante para vivir y servir
a la comunidad, fue asesinado en Lanús Oeste durante un intento de robo. Fue
interceptado por al menos cuatro motochorros que lo atacaron a balazos para
robarle la moto, a plena luz del día y frente a un supermercado. Gravemente
herido, fue trasladado al hospital, donde finalmente falleció.
Este hecho es un
recordatorio brutal: la delincuencia en Lanús no respeta nada ni a nadie, ni
siquiera a la autoridad constituida. Mata, intimida y actúa con impunidad,
dejando en evidencia que las estrategias actuales no logran contener su avance
ni garantizar la seguridad de los ciudadanos.El dato no es menor: ya no se
trata solamente de vecinos o comerciantes. La violencia del delito alcanza
incluso a miembros de fuerzas de seguridad, las cuales se encuentran
desbordadas, evidenciando un nivel de impunidad y agresividad que debería
encender todas las alarmas.
Mientras tanto, los vecinos
siguen adaptando sus vidas al miedo: persianas que bajan más temprano, calles
vacías por la noche y grupos de alerta organizados ante la falta de respuestas
efectivas. Como dicen algunos vecinos: “ya no es vida”.
Frente a este panorama, la respuesta
del Estado no puede ser tibia. Se necesitan decisiones firmes, conducción clara
y conocimiento real del territorio.
En este punto, resulta
inevitable señalar que, si continúan al frente de la Secretaría de Seguridad
Ciudadana y Ordenamiento Urbano las actuales autoridades designadas por el
Ejecutivo municipal, difícilmente pueda esperarse un resultado distinto. Los
hechos son contundentes: las políticas implementadas hasta ahora no han logrado
frenar la escalada delictiva. Persistir en el mismo esquema es sostener una
estrategia que ya ha fracasado.
Es cierto que la seguridad pública es una responsabilidad primaria de la Provincia de Buenos Aires. Pero no es menos cierto que el municipio cumple un rol central: es el nexo directo con el territorio, el que conoce cada barrio, cada conflicto y cada punto crítico. Cuando ese rol no se ejerce con eficacia, la distancia entre el problema y la solución se agranda peligrosamente.
En este contexto, cobra fuerza la propuesta de poder contar con referentes
en materia de seguridad, a quienes consultar y aprovechar sus experiencias
operativas y conocimientos del territorio. No se trata de nombramientos
políticos, sino de sumar criterios técnicos y decisiones eficaces. Es momento
de dejar de lado banderías políticas o ideologías: lo que necesita el vecino es
seguridad efectiva.
Lanús necesita recuperar la
tranquilidad. Pero para eso hace falta algo más que diagnósticos: hace falta
cambiar lo que no funciona.
El tiempo de las excusas ya
pasó. Es momento de decisiones.
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