"La libertad es el derecho que tiene todo hombre a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía" José Marti, político liberal, pensador, periodista, filósofo y poeta cubano.

¿QUE RADICALISMO QUEREMOS?



Por Aurelio Nicolella (*)

“El radicalismo tiene que volver a sus fuentes, que siempre estuvieron amparadas por  lo que Yrigoyen define como su idea moral. El partido puede cambiar su esencia sobre la base de la frustración y los desengaños. Se hizo muy fuerte la defensa de sus ideales, tuvo casi un sentido religioso. Por ello, los radicales nos llamamos correligionarios, participantes de una verdadera religión, que es la religión de la ética, de la política limpia, de la política moral. El radicalismo tiene esos principios como base fundamental." - Anselmo Marini (1907-2002), Gobernador bonaerense (1963-1966).

El radicalismo
En un año electoral tan importante como este 2013, un año bisagra (**) para la política argentina, ya que se juegan muchas cosas, el oficialismo  tiene su última carta para al menos instalar en la sociedad el tema de la “re-reelección” y de encontrar así la posibilidad de un nuevo mandato de CFK, que posibilitaría en América Latina el liderazgo popular, ya que Hugo Chávez, el abanderado de la causa de los pueblos del sur del Río Grande ya no reina y ni gobierna. Para Daniel Scioli y Sergio Massa, que remaban en el mismo bote del kirchnerismo hasta hace poco, será la oportunidad de ver hasta dónde pueden llegar en sus aspiraciones políticas para salir de sus respectivos feudos y proyectarse extramuros.
También para el arco opositor  al oficialismo es un año bisagra: el macrismo y los socialistas a su manera se juegan mucho en estas elecciones, ellos  gobiernan dos de los tres únicos distritos del país que no están en manos del oficialismo, la apuesta es grande e importante, el dilema de ellos es sin lugar a dudas, donde poner las fichas.
En cambio, para la U.C.R. es más que un año bisagra, ya que debe demostrar, primeramente ante sus militantes y sus simpatizantes y luego ante la sociedad argentina, que es la alternativa a un gobierno decadente, inoperante y corrupto, que puede ser la opción, que aprendió de sus errores y que precisamente tiene un plan de gobernabilidad para ello.

Para gobernar un país tan complejo como Argentina es necesario saber  qué necesita cada una de las regiones y zonas del país, cada una de las familias, cada hombre y mujer, cada una de las instituciones y organismos que la componen, pero también se necesita modificar las conductas de una sociedad que cada vez se aleja del ideario republicano por, precisamente, la desidia de quienes la gobiernan.
Que el radicalismo se “aggiorne” no lo puede discutir nadie, ni los de dentro ni los de fuera. Es necesario y vital, pero se debe demostrar unidad en ello. El debate es: ¿qué debemos “aggionar”? y ¿cómo hacerlo sin tocar la esencia del radicalismo?, sin perder esa identidad que hizo del partido centenario y policlasista en los momentos difíciles del país la solución de sus problemas asumiendo los costos políticos que ello siempre deparo.   
El  radicalismo precisamente por ser netamente nacionalista en su esencia y sus raíces, no es conveniente al imperialismo y a los centros de poder. Es un partido político donde sus integrantes todo lo debaten, donde todo lo opinan, aunque a veces se exagere, pero eso lo hace un movimiento político democrático y republicano. En síntesis,  no es una institución verticalista en donde una cabeza es la que manda y el resto obedece como tiernos corderitos. Por eso, el verticalismo al imperio y a la oligarquía le sirve tanto, ya que de esa manera el objetivo de dominación del pueblo se centra en someter a una sola persona para que sus intereses espurios se hagan realidad.
La historiografía radical dice que cuando Don Hipólito Yrigoyen, encarcelado después del golpe de estado de 1930 y encontrándose la U.C.R. proscripta y perseguida, Don Marcelo T. de Alvear, dejando de lado las diferencias existentes entre el caudillo y él, ambos compañeros de lucha en la Revolución del Parque de 1890, volvió de su placida vida en Francia y se puso junto con varios correligionarios el partido al hombro, dejando de lado rencillas, diferencias y errores de antaño. Consiguió con la abstención que la U.C.R. no se desintegrara y fuera absorbida por fuerzas oligárquicas, conservadoras y burocráticas. Así, no convalidando la década  más infame de la política Argentina, posibilitó que el radicalismo siguiera con vida. El costo fue grande para Alvear: sufrió prisión y confinamiento, prácticas netamente fascistas, condiciones de lucha que solo quienes militan con pasión pueden entender.  Hoy como ayer, los radicales están llamados a ponerse el partido al hombro dejando las diferencias y tratando de encontrar las coincidencias, dentro de la ética, la política limpia, y la política moral, como lo hizo Marcelo T. de Alvear y sus correligionarios en aquella época de lucha, en donde no había tregua. La Argentina toda lo necesita, un país como el nuestro no puede esperar. Es que los tiempos no dan y la obligación de la U.C.R. toda es dar repuesta a ello, ese es el gran desafío del radicalismo en este año bisagra de la política argentina.

NOTA: (**) Año bisagra: Es una definición usada  generalmente en política, economía y/o  medicina para afirmar y designar que un determinado acontecimiento que se producirá cercanamente,  sea este social, económico, científico o médico, producirá un tránsito o cambio a otra forma de encarar o ver dicha disciplina, una situación social o médico-científica.

(*) Aurelio Nicolella, nació en Lanús, provincia de Buenos Aires, el día 11 de septiembre de 1962, es abogado, ex-docente universitario, escritor, pensador e investigador histórico.