Por Aurelio Nicolella

No dejaría de ser un caso más de
las atrocidades cometidas por la dictadura cívico-militar si no fuera porque
toca muy de cerca la historia de Lanús y a varios de sus protagonistas
políticos.
En la noche del 23 de marzo de
1976, víspera del golpe de Estado, en la Secretaría Privada y Técnica de la
Nación, en Casa Rosada, se encontraban reunidos varios diputados nacionales, el
titular de la Secretaría, Julio César González —oriundo y vecino de Lanús— y el
intendente de Lanús, Manuel Quindimil, todos con intenciones, desde horas
tempranas, de hablar con la jefa de Estado, María Estela Martínez de Perón,
previa autorización de su secretario privado, Julio César González.
Lo cierto es que, en las previas
al golpe, Manuel Quindimil fue el último personaje político que habló con la
presidenta. ¿Qué se habló? ¿Llevaba algún mensaje? ¿Sabía algo sobre lo que se
venía? Minutos después, la presidenta y última esposa del líder del peronismo
se subió a un helicóptero para ser trasladada a la residencia presidencial de
Olivos, pero fue secuestrada en el helicóptero y descendida en la zona militar
de Aeroparque. Desde allí, la Sra. de Perón comenzó el camino a la residencia
“Mesidor”, en Neuquén, donde estaría detenida por la dictadura hasta 1981.
Igual destino sufrió su secretario, Julio César González, detenido durante el
golpe militar y liberado recién el 18 de abril de 1983, siendo el último preso
político en recobrar la libertad antes del retorno de la democracia en octubre
de 1983.
Distinta fue la suerte de Manuel
Quindimil. Después del golpe militar del 24 de marzo de ese año, continuó
siendo intendente de Lanús hasta el 3 de mayo de 1976, a diferencia de los
intendentes de Avellaneda o Lomas de Zamora, que fueron inmediatamente desplazados
de sus cargos por las autoridades militares.
Siguiendo con el derrotero,
ingresaron en la casa de la calle Magallanes 1748, donde había funcionado la
unidad básica "Leopoldo Marechal". Los represores capturaron a dos
matrimonios: Esteban Roldán y Aída Rodríguez —padres de Ulises— y a sus tíos,
Miguel Roldán y María Giordano Carrizo, dejando abandonados a los niños:
Ulises, de cinco años; Diego, de tres; y Homero, de uno.
Las otras víctimas de la “Noche
Negra de Escalada” fueron los jóvenes Julia Rosa Dublanski, Nélida del Valle
Santervaz, Carlos Alberto Gil y Hugo Alberto Goyenetche. Salvo Hugo Goyenetche,
que permanece desaparecido, los otros siete secuestrados aparecieron asesinados
tres meses después, con un tiro en la cabeza y arrojados a una fosa masiva en
el cementerio del partido bonaerense de Moreno.
La pregunta era: ¿podía el
intendente de Lanús, de profunda militancia peronista, ignorar lo que sucedía
en Lanús en esos tiempos? Hay vecinos que recuerdan que Manuel Quindimil,
durante la campaña electoral de 1973 y durante toda su gestión antes del golpe,
concurría a casi todas las unidades básicas del Partido Justicialista del
distrito, sabía las orientaciones de cada una de ellas, de sus dirigentes y
pensamientos dentro del peronismo.
Miguel Ángel Deruvo militaba en
el gremio de la carne y era muy amigo de Manuel Quindimil. Deruvo, tío de un
par de desaparecidos de esa noche fatídica, sabía quiénes eran Miguel y Esteban
Roldán y que ambos estaban en la Tendencia de Montoneros.
Lo cierto es que Manuel Quindimil pudo haber intercedido ante el requerimiento de su amigo por la suerte de los militantes de Remedios de Escalada, pero no lo hizo. Se sabe que no era simpatizante de la izquierda peronista; como buen cuadro surgido del ala sindical, consideraba “trotskista” a los peronistas de dicho círculo. No por nada, cuando el kirchnerismo de centroizquierda llegó al poder en 2003, comenzó para Quindimil el penoso camino de la derrota, perdiendo la intendencia en 2007 a manos de un discípulo suyo apadrinado por el kirchnerismo. El matrimonio Kirchner consideraba a Quindimil uno de los barones del conurbano: dirigentes que gobiernan municipios con gran concentración de pobreza y comandan extensos aparatos clientelares por medio de concejales y caudillos barriales o punteros, precisamente lo opuesto a lo que pregonaba el kirchnerismo y que venía a combatir.
Lo llamativo es que, tras el
retorno de la democracia en 1983, no se investigara su accionar durante esas
semanas al frente de la intendencia de Lanús, teniendo en cuenta que en esos
días, los primeros de la dictadura, Lanús tuvo muchos desaparecidos con
Quindimil como intendente.
Hubo un pacto de silencio
político entre los dos partidos mayoritarios: radicales y peronistas tejieron
un manto de olvido sobre esos días. Los caudillos radicales de orientación
derechista colaboraron activamente o con silencio en el Proceso de Reorganización
Nacional; así, intendentes, secretarios y ministros fueron radicales o
peronistas al servicio del Proceso.
Vuelta la democracia,
evidentemente, Quindimil y los caudillos radicales pactaron ese olvido, que le
sirvió para seguir estando en la vida política argentina y local. Por eso es
llamativo cómo el radicalismo, en los años de gestión de Quindimil, cogobernaba
con él: cargos y ordenanzas en el municipio salían sin tantos vericuetos como
nos tienen acostumbrados los políticos. Los radicales lanusenses parecían más
socios que opositores.
Uno de los hijos de los
desaparecidos, Ulises Roldán, quien a sus cinco años fue dejado detenido por
los militares en esa noche negra y por ello cree que Quindimil debía saber: “Yo
no tengo dudas de que, por acción u omisión, es responsable de la desaparición
de mis padres”, relató Ulises Roldán años atrás en un reportaje.
Por ello, es importante que se
abran todos los archivos de la dictadura, incluso los de los primeros años, que
involucran a intendentes y políticos del peronismo y radicalismo que fueron, en
cierta medida, cómplices. Se debe saber la verdad y conseguir justicia, ya que
los políticos tanto del kirchnerismo durante sus 12 años de gobierno como del
macrismo no pudieron —o no quisieron— investigar esa parte de la dictadura
cívico-militar.
Lo que pone al desnudo este
episodio de la “Noche Negra de Escalada” es que hubo una verdadera complicidad
entre el peronismo (en este caso de Quindimil) y el Ejército para que avanzara
el genocidio de Estado. El diputado y referente de izquierda Nicolás del Caño
impulsó un proyecto de ley para que se disponga la apertura de los archivos de
la represión que están en poder de la Secretaría de Inteligencia (ex S.I.D.E.),
ya que la única razón para que estos archivos sigan ocultos es mantener la
impunidad de gran parte de los genocidas civiles, políticos y militares.
Muchos de sus partidarios
consideran a Manuel Quindimil como el “Maestro de los Intendentes”, otros “El
compañero militante leal” etc.. En cambio sus detractores lo tildan de “Perseguidor
de izquierdistas dentro de su propio partido”, o “Uno de los mayores barones
del conurbano”. Lo cierto es que la historia no podrá borrar que fue el primer
intendente de la dictadura cívico-militar, que ejerció el cargo durante la
triste denominada “Noche Negra de Escalada”, luego de esas semanas al frente de
la intendencia durante el Proceso de Reorganización Nacional, se retiró sin
rendir cuentas, volvió a ser intendente y murió sin ser investigado, dejando un
vacío de justicia sobre su responsabilidad en esos hechos.