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23 agosto 2026

ARTURO ILLIA Y LOS COMANDOS CIVILES: EL PASADO OCULTO DE UN PRESIDENTE La historia detrás de la Revolución Libertadora

 

ARTURO ILLIA Y LOS COMANDOS CIVILES: EL PASADO OCULTO DE UN PRESIDENTE

La historia detrás de la Revolución Libertadora


Por Aurelio Nicolella

Abogado – Escritor e investigador

 

Una faceta poco conocida del hombre que años después sería Presidente de la Nación. Cuando se menciona a Arturo Umberto Illia, la memoria histórica suele asociarlo con la honestidad republicana, la austeridad, la defensa de las instituciones y su breve presidencia entre 1963 y 1966.

Sin embargo, existe otra etapa de su trayectoria política mucho menos conocida: su participación, durante 1955, en el movimiento civil que acompañó el levantamiento militar contra el segundo gobierno constitucional de Juan Domingo Perón.

La cuestión merece ser examinada sin simplificaciones y separando la figura posterior de Illia de la actuación política que tuvo durante la crisis de 1954 y 1955.

La documentación histórica y la investigación académica permiten afirmar que en Córdoba existieron comandos civiles antiperonistas, integrados por distintos sectores políticos y sociales, que mantuvieron vínculos con oficiales militares y que participaron activamente en el derrocamiento de Perón.

Illia aparece vinculado a ese proceso.

Para comprender la aparición de los comandos civiles es necesario situarse en la Argentina de comienzos de la década de 1950.

El primer gobierno de Juan Domingo Perón, iniciado en 1946, había producido una profunda transformación política y social.

El peronismo había consolidado una relación extraordinariamente fuerte con los trabajadores y con importantes sectores populares.

Al mismo tiempo, se había producido una creciente confrontación con sectores de la oposición política, parte de las Fuerzas Armadas y, particularmente desde 1954, con sectores de la Iglesia Católica.

La tensión política fue aumentando, durante el segundo gobierno de Perón, iniciado en 1952, la confrontación alcanzó niveles desconocidos hasta entonces.

La oposición comenzó a organizar diferentes formas de resistencia.

Entre ellas aparecerían los denominados Comandos Civiles Revolucionarios.

¿Qué eran los comandos civiles?, los comandos civiles no constituían una organización única y homogénea.

Existían grupos vinculados con distintas corrientes políticas y sociales: radicales, socialistas, conservadores, nacionalistas católicos, demócratas cristianos y sectores independientes.

La investigación de Mónica Inés Bartolucci los describe como grupos civiles organizados clandestinamente, con estructura celular, armados y vinculados con sectores militares que participaban de la conspiración contra el gobierno de Perón.

Su organización tenía características particulares. Pequeños grupos actuaban de manera relativamente compartimentada. Se utilizaban contactos personales, nombres falsos y mecanismos destinados a preservar la clandestinidad.

La finalidad fundamental era colaborar con la conspiración militar y preparar una eventual acción contra el gobierno.

¿Qué hacían los comandos civiles? Aquí aparece uno de los aspectos menos conocidos de aquella historia.

Los comandos civiles no tenían una única función. Realizaban tareas de: propaganda clandestina; distribución de información; comunicaciones secretas; sabotaje; almacenamiento y traslado de armas; interrupción de comunicaciones; ocupación de determinados edificios; apoyo logístico a los militares sublevados; y, finalmente, acciones armadas durante el levantamiento de septiembre de 1955.

La investigación histórica registra que estos grupos se encontraban vinculados con militares que proporcionaban recursos, armamento y orientación.

En Córdoba esta colaboración alcanzó particular importancia. Es precisamente en la provincia mediterránea el escenario donde Illia adquiere protagonismo

La provincia de Córdoba fue uno de los principales centros del “antiperonismo”. Allí confluyeron sectores radicales, estudiantes universitarios, socialistas, católicos, conservadores y militares.

La investigación académica señala que los comandos civiles cordobeses recibieron entrenamiento de jóvenes oficiales de la Aeronáutica y que participaron en la sublevación del 16 de septiembre de 1955.

En ese escenario aparece Arturo Illia.

Illia pertenecía al radicalismo cordobés y al sector “sabattinista” (1).

Para entonces ya tenía una importante trayectoria política: había sido vicegobernador de Córdoba y diputado nacional. En 1955 se encontraba enfrentado políticamente con el gobierno de Perón y participó de la conspiración antiperonista en Córdoba.

Algunas fuentes periodísticas y testimoniales lo presentan incluso como uno de los principales organizadores de los comandos civiles cordobeses.

Sin embargo, conviene evitar una simplificación: no existe consenso suficiente para presentar a Illia como jefe absoluto de todos los comandos civiles del país.

La organización fue fragmentaria y existieron distintos grupos, jefaturas y vínculos militares.

La función de los comandos durante el levantamiento del 16 de septiembre de 1955 comenzó la sublevación militar que terminaría con el gobierno constitucional de Perón. En Córdoba, los civiles tuvieron una participación particularmente significativa.

Los rebeldes no contaban con suficientes tropas de infantería para controlar todos los puntos estratégicos de la ciudad.

Por eso los comandos civiles adquirieron una función militar auxiliar.

Fuentes históricas describen su participación en la ocupación de lugares estratégicos, entre ellos la sede policial, la CGT, el aeropuerto y otras dependencias.

La Casa Radical también tuvo un papel importante como lugar de reunión y distribución de armas entre civiles comprometidos con la rebelión.

Incluso se difundió una proclama firmada por Arturo Illia llamando a la población a salir a la calle en apoyo del movimiento.

¿Eran simplemente grupos políticos? No. Ese es precisamente uno de los aspectos que deben destacarse.

Aunque sus integrantes provenían de organizaciones políticas diversas, los comandos civiles adquirieron características propias de una organización clandestina de naturaleza insurreccional.

No se limitaban a realizar propaganda. Algunos grupos almacenaban armas y explosivos. Otros recibían entrenamiento. Y durante la insurrección participaron directamente en enfrentamientos armados. La historiografía registra también la existencia de vínculos entre esos civiles y oficiales de las Fuerzas Armadas.

Por ello, hablar simplemente de “militantes opositores” sería insuficiente.

La relación con la Revolución Libertadora del 16 de septiembre de 1955 comenzó el movimiento militar que posteriormente sería denominado Revolución Libertadora. El Archivo Nacional de la Memoria describe el acontecimiento como una sublevación de unidades de las tres Fuerzas Armadas contra la autoridad constitucional, cuyo objetivo fue derrocar al presidente Juan Domingo Perón e imponer un gobierno de facto.

Los comandos civiles constituyeron el componente civil de esa operación. Su importancia fue especialmente visible en Córdoba.

Allí civiles armados colaboraron con los militares rebeldes y participaron en la ocupación de edificios públicos y puntos estratégicos.

En consecuencia, la Revolución Libertadora no fue exclusivamente una operación militar.

Fue una acción cívico-militar, aunque el peso decisivo y el control del nuevo poder quedaron en manos de las Fuerzas Armadas.

¿Qué ocurrió con los comandos después del triunfo? Una característica interesante es que los comandos civiles no permanecieron, en general, como organizaciones clandestinas permanentes.

Una investigación de la Universidad Nacional de la Defensa señala que se trató fundamentalmente de organizaciones transitorias, creadas para una coyuntura específica.

Después del triunfo, muchos de sus integrantes regresaron a sus organizaciones políticas originales y algunos ocuparon posteriormente cargos en distintas instituciones estatales.

Esto permite comprender que los comandos fueron, fundamentalmente, instrumentos de una determinada coyuntura política y militar.

La paradoja histórica de Arturo Umberto Illia, aquí aparece una de las paradojas más interesantes de la historia argentina.

El hombre que años después sería recordado como símbolo de austeridad, honestidad y respeto institucional había participado, en 1955, de una conspiración civil destinada a colaborar con un levantamiento militar contra un gobierno constitucional.

La observación histórica no pretende necesariamente invalidar una trayectoria posterior.

Pero sí permite comprender que los hombres políticos son también productos de su tiempo.

La Argentina de 1955 estaba atravesada por una confrontación política extrema.

El concepto de democracia no era interpretado de la misma manera por todos los actores. Para los sectores antiperonistas, la caída de Perón podía presentarse como una recuperación de las libertades constitucionales.

Para el peronismo y sus simpatizantes, en cambio, se trataba del derrocamiento de un gobierno elegido por el voto popular.

La historia posterior demostraría que la llamada Revolución Libertadora tampoco inauguraría inmediatamente una democracia plena.

Fue así que el movimiento “de facto” terminó proscribiendo al peronismo

El nuevo gobierno militar intervino las instituciones, disolvió el Congreso y prohibió progresivamente la actividad política peronista. La proscripción del peronismo tendría consecuencias durante muchos años.

La paradoja fue evidente: un movimiento que había sido presentado como una revolución destinada a restablecer las libertades políticas terminó estableciendo restricciones sobre una parte sustancial del electorado argentino.

La contradicción marcaría toda la política argentina posterior. El peronismo quedaría excluido de las elecciones durante años. Y esa exclusión tendría consecuencias decisivas en los gobiernos de Frondizi, Guido y del mismo Illia.

También resulta necesario abordar un aspecto incómodo sobre los comandos civiles. Los comandos civiles participaron de acciones violentas. No fueron únicamente organizaciones de propaganda.

El 15 de abril de 1953, mientras una multitud se encontraba reunida en la Plaza de Mayo en un acto sindical convocado por la Confederación General del Trabajo (CGT) en apoyo del gobierno de Juan Domingo Perón, dos bombas fueron detonadas en las inmediaciones de la concentración.

El atentado, perpetrado por un grupo antiperonista, provocó la muerte de seis personas y más de noventa heridos, algunos de ellos con graves mutilaciones. El Archivo Nacional de la Memoria conserva la causa judicial iniciada entonces bajo la carátula “Carranza Roque y otros Sobre Actividades subversivas y terroristas”, que reúne 26 cuerpos de actuaciones judiciales.

Entre los nombres vinculados judicialmente con aquel episodio apareció Roque Carranza, quien años después tendría una extensa trayectoria política y llegaría a integrar el gobierno de Raúl Alfonsín.

Las actuaciones judiciales de la época lo incluyeron entre los investigados por el atentado. La documentación histórica permite afirmar que el episodio constituyó una de las expresiones más graves de la violencia política antiperonista de aquellos años y un antecedente significativo de la escalada de confrontación que culminaría con el bombardeo de Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955 y, tres meses después, con el derrocamiento de Perón.

El episodio resulta particularmente significativo para comprender la historia de los comandos civiles: la oposición había comenzado a abandonar progresivamente los mecanismos exclusivamente electorales para recurrir también a formas clandestinas de conspiración, sabotaje y violencia.

El atentado de 1953 constituye, en ese sentido, una pieza fundamental para comprender el clima político que precedió a la Revolución Libertadora de 1955.

La historia posterior de Carranza agrega una de las paradojas más fuertes de aquel período: quien había sido investigado y procesado por uno de los episodios terroristas más graves de la década de 1950 terminaría décadas después ocupando funciones de alta responsabilidad en la República.

El caso de Manuel Chaves constituye uno de los episodios más graves ocurridos inmediatamente después del triunfo de la Revolución Libertadora. Chaves, secretario general de ATE y de la CGT de Azul y dirigente identificado con el peronismo, fue buscado en su domicilio el 22 de septiembre de 1955 por un operativo integrado por efectivos de la Marina y civiles vinculados a los comandos civiles.

La reconstrucción del episodio permite distinguir responsabilidades: aunque los comandos civiles participaron del operativo, las fuentes que han investigado específicamente el caso atribuyen los disparos que provocaron la muerte de Chaves al teniente de navío Carlos Alberto Heredia.

Por ello, resulta históricamente más preciso hablar de la participación de los comandos civiles en el operativo y no atribuirles, sin más, la autoría material del homicidio, aunque la culpa de participación los condene.

Por eso es por lo que dichos Comandos Civiles realizaron enfrentamientos armados, ocupaciones, sabotajes y acciones contra estructuras vinculadas al gobierno peronista.

En determinados lugares, después del golpe, grupos de civiles armados participaron también en la ocupación de locales sindicales.

La historiografía registra que la violencia política de aquellos años no fue patrimonio exclusivo de un solo sector.

La Argentina atravesaba un proceso de creciente radicalización. Reconocer la existencia de violencia en el campo antiperonista no implica negar la violencia ejercida desde el Estado durante el peronismo.

Por el contrario, permite construir una historia menos partidaria y más compleja.

La historia de Arturo Illia no terminó con la Revolución Libertadora. Continuó participando en la política radical y, finalmente, llegó a la Presidencia de la Nación en 1963.

Su gobierno quedó asociado a una concepción de la función pública caracterizada por la austeridad y la defensa de determinadas instituciones republicanas.

Precisamente por eso resulta interesante recuperar su pasado de 1955.

La historia no debería construirse solamente a partir de las imágenes posteriores de los protagonistas. Debe observar también sus contradicciones.

Pero la conducta de Arturo Umberto Illia da pie a una cuestión que merece discusión. ¿Puede considerarse democrático participar en un movimiento destinado a derrocar a un gobierno constitucional?, ¿Mas aún que dicho movimiento produjo muertos y heridos?

La respuesta histórica exige separar dos cuestiones.

Una cosa es comprender las razones políticas que llevaron a determinados sectores a considerar intolerable al gobierno de Perón.

Otra es determinar la legitimidad constitucional de recurrir a la fuerza para derribar un gobierno elegido mediante elecciones.

Desde el punto de vista institucional, la respuesta es clara: el derrocamiento de un gobierno constitucional mediante la fuerza militar constituye una ruptura del orden constitucional.

Pero comprender esa ruptura no significa desconocer el contexto político que la produjo.

Una mirada desde el presente

La historia de los comandos civiles deja una enseñanza que trasciende el enfrentamiento entre peronismo y antiperonismo. Cuando una sociedad comienza a considerar que el adversario político no es simplemente un adversario sino un enemigo que debe ser eliminado del sistema, las instituciones comienzan a perder su capacidad de resolver los conflictos.

La política deja entonces de ser competencia electoral y por lo tanto se transforma en confrontación.

Y cuando la confrontación política se combina con armas, conspiraciones y participación militar, el resultado suele ser la ruptura institucional.

La experiencia argentina de 1955 constituye uno de los ejemplos más importantes de ese proceso.

La conclusión es que Arturo Umberto Illia fue, sin duda, una figura fundamental de la política argentina del siglo XX.

Pero conocer su trayectoria exige también mirar aquellos episodios que no encajan cómodamente en la imagen posterior del “presidente honesto”.

La ironía de la historia volvería a colocar a Illia en el centro de la escena casi tres décadas después.

Tras la derrota argentina en Malvinas y el derrumbe del régimen militar, comenzó a abrirse el camino hacia la transición democrática. En ese contexto, la Multipartidaria Nacional (2) adquirió un papel central en la presión por la normalización institucional.

Raúl Alfonsín, que sostenía una posición particularmente crítica frente al régimen militar, llegó a proponer que el gobierno fuera entregado a un presidente civil de transición, acompañado por un gabinete de salvación nacional, y señaló para esa función a Arturo Umberto Illia.

La propuesta fue formulada antes de la guerra de Malvinas y reiterada en junio de 1982, cuando el gobierno militar perdiera el conflicto con los británicos.

Pero el propio Illia terminó rechazándola públicamente. La paradoja histórica resulta inevitable: el mismo dirigente radical que en 1955 había estado vinculado al entramado civil que acompañó el derrocamiento de Perón aparecía, en 1982, como una de las figuras convocadas para encabezar la recuperación institucional y conducir la transición hacia la democracia.

Para el peronismo, aquel pasado no podía resultar indiferente; sin embargo, no hemos encontrado hasta el momento documentación suficiente para afirmar categóricamente que la oposición peronista a aquella alternativa, si efectivamente la hubo como posición orgánica, se debiera específicamente a su actuación en los comandos civiles. La historia, una vez más, mostraba sus contradicciones: el hombre de 1955 podía convertirse, veintisiete años después, en símbolo de la democracia que debía suceder a la última dictadura militar.

Es así que su participación en el entramado civil antiperonista de Córdoba en 1955 forma parte de esa historia.

Los comandos civiles fueron organizaciones clandestinas y heterogéneas que colaboraron con sectores militares en la conspiración contra el segundo gobierno de Perón.

Realizaron tareas de propaganda, comunicaciones, sabotaje, logística, obtención y utilización de armas y, durante la Revolución Libertadora, participaron directamente en acciones destinadas a controlar puntos estratégicos.

En Córdoba, su presencia fue particularmente importante. La figura de Illia aparece vinculada a esos grupos y existen fuentes que le atribuyen un papel de conducción dentro de los comandos cordobeses, aunque esa
caracterización debe ser presentada con prudencia y diferenciada de la afirmación de que hubiera sido el jefe absoluto de los comandos civiles nacionales.

La historia, cuando pretende ser verdaderamente historia, no debe construir santos ni demonios.

Debe mostrar a los hombres en sus circunstancias, con sus convicciones, sus errores, sus aciertos y también sus contradicciones.

Y quizás allí encontremos una de las mayores enseñanzas de 1955: cuando la política abandona las urnas y comienza a buscar su solución en los cuarteles, las consecuencias terminan alcanzando a toda la República.


NOTAS: 

(1) El sabattinismo fue una corriente interna del radicalismo cordobés surgida alrededor del liderazgo de Amadeo Sabattini, caracterizada por la defensa de las instituciones republicanas, el laicismo, la autonomía provincial y una orientación social dentro de la tradición de la Unión Cívica Radical.

(2) La Multipartidaria Nacional fue una coalición de los principales partidos políticos argentinos creada en 1981 para reclamar el retorno a la democracia. Tras la derrota de Malvinas, adquirió un papel decisivo en la presión política sobre el gobierno militar para acelerar la transición institucional que culminaría con las elecciones de 1983.


EL OTRO ILLIA

Comandos civiles, conspiración y Revolución Libertadora

ARTURO UMBERTO ILLIA

1. CONTEXTO POLÍTICO — 1950/1955

Primer gobierno de Perón
Segundo gobierno de Perón
Creciente confrontación política
Antiperonismo
Confrontación con sectores militares
Conflicto con sectores de la Iglesia

2. COMANDOS CIVILES REVOLUCIONARIOS

Organizaciones civiles clandestinas, heterogéneas y vinculadas con sectores militares.

INTEGRANTES
  • Radicales
  • Socialistas
  • Conservadores
  • Nacionalistas católicos
  • Demócratas cristianos
  • Independientes
CARACTERÍSTICAS
  • Clandestinidad
  • Estructura celular
  • Compartimentación
  • Contactos reservados
  • Vinculación militar
ACTIVIDADES
  • Propaganda
  • Comunicaciones
  • Sabotaje
  • Logística
  • Armas
  • Acciones armadas

3. ARTURO ILLIA EN CÓRDOBA

  • Radicalismo cordobés.
  • Sector sabattinista.
  • Vicegobernador de Córdoba.
  • Diputado nacional.
  • Oposición al gobierno de Perón.
  • Vinculación con la conspiración antiperonista de 1955.
  • Algunas fuentes le atribuyen un papel de conducción dentro de los comandos cordobeses.
⚠ No existe consenso suficiente para considerarlo jefe absoluto de todos los comandos civiles nacionales.

4. REVOLUCIÓN LIBERTADORA — 16 DE SEPTIEMBRE DE 1955

Sublevación militar
Participación civil
Acciones armadas
Ocupación de edificios
Control de puntos estratégicos
ACCIÓN CÍVICO-MILITAR

5. VIOLENCIA POLÍTICA

ATENTADO DE 1953

Bombas durante un acto de la CGT en Plaza de Mayo.

6 muertos y más de 90 heridos.

Causa judicial: “Carranza Roque y otros”.

1955

Bombardeo de Plaza de Mayo.

Escalada de la violencia política.

MANUEL CHAVES

Dirigente de ATE y de la CGT de Azul.

Operativo integrado por marinos y civiles vinculados a los comandos civiles.

Las fuentes atribuyen los disparos mortales al teniente de navío Carlos Alberto Heredia.

6. DESPUÉS DE LA REVOLUCIÓN LIBERTADORA

Ocupación de locales sindicales
Persecución política
Intervención de organizaciones
Proscripción del peronismo
RUPTURA DEL ORDEN CONSTITUCIONAL Y POSTERIOR PROSCRIPCIÓN POLÍTICA

7. ILLIA Y LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA — 1982

Derrota de Malvinas
Crisis del régimen militar
Multipartidaria
Apertura política
RAÚL ALFONSÍN
propone a ARTURO ILLIA para encabezar un gobierno civil de transición.
ILLIA RECHAZA LA PROPUESTA

LA IRONÍA DE LA HISTORIA

1955

Illia aparece vinculado al entramado civil antiperonista que acompañó el derrocamiento de Perón.

1982

Illia es considerado para encabezar la transición hacia la recuperación institucional y democrática.

“Cuando la política abandona las urnas y busca su solución en los cuarteles, las consecuencias terminan alcanzando a toda la República.”

Aurelio Nicolella – Abogado, escritor e investigador

17 agosto 2026

CUANDO LA TELEVISION URUGUAYA CRUZABA EL RIO DE LA PLATA: PROGRAMAS QUE TAMBIEN SIGUIERON LOS ARGENTINOS DEL GRAN BUENOS AIRES

 


CUANDO LA TELEVISION URUGUAYA CRUZABA EL RIO DE LA PLATA: PROGRAMAS QUE TAMBIEN SIGUIERON LOS ARGENTINOS DEL GRAN BUENOS AIRES

Por Aurelio Nicolella

Mucho antes de la televisión por cable, de las plataformas de streaming y de internet, el Río de la Plata no era un obstáculo para la televisión. En numerosas localidades del Área Metropolitana de Buenos Aires y de la costa bonaerense, miles de familias orientaban sus antenas hacia Montevideo para captar las señales de los canales uruguayos.

No siempre era sencillo. La calidad de la imagen dependía del clima, de la altura de la antena y de las condiciones de propagación. Pero cuando la recepción era buena, las pantallas argentinas se llenaban de programas, conductores y publicidades llegadas desde la otra orilla.

Los tres grandes canales privados de Montevideo —Canal 4, Canal 10 y  Canal 12 (Teledoce)— fueron protagonistas de aquella época dorada de la televisión uruguaya. Nacidos entre 1956 y 1962, marcaron el desarrollo de la televisión oriental y, con el tiempo, también despertaron el interés de muchos televidentes argentinos.

Aunque la mayor parte del público recuerda a Canal 4, Canal 10 y Teledoce, también Canal 5 SODRE, nacida en 1963, cruzaba el Río de la Plata. Como emisora pública uruguaya, ofrecía una programación diferente, con fuerte presencia de contenidos culturales, educativos, documentales, música, teatro, ciclos históricos y transmisiones oficiales. Para muchos televidentes argentinos, especialmente en el Gran Buenos Aires y la costa bonaerense, sintonizar el Canal 5 era una forma de descubrir otra manera de hacer televisión, más orientada al servicio público que al entretenimiento comercial.

Uno de los fenómenos más recordados fue Telecataplúm, el histórico programa humorístico de Teledoce. Su éxito fue tan grande que cruzó el Río de la Plata y llegó a producirse también para la televisión argentina, convirtiéndose en uno de los primeros grandes éxitos internacionales de la TV uruguaya.

También gozaron de enorme popularidad El Show del Mediodía, conducido durante décadas por Cacho de la Cruz (1937-2025), cuyo nombre verdadero era Arturo de la Cruz Feliciani nacido en Buenos Aires, los noticieros Subrayado y Telemundo, los programas periodísticos de Carlos Giacosa (1936-2015), los ciclos solidarios, deportivos y musicales, además de numerosas series estadounidenses que muchas veces llegaban antes o en horarios distintos a los de la televisión argentina.

Para muchos argentinos, ver televisión uruguaya también significaba descubrir otra manera de hacer televisión. El ritmo era diferente, la publicidad tenía un estilo propio y los conductores transmitían una cercanía que terminó convirtiéndose en una marca registrada de la pantalla oriental.

La televisión también fortaleció el vínculo cultural entre ambos países. Artistas, periodistas y humoristas cruzaban permanentemente el Río de la Plata para trabajar en una y otra orilla, enriqueciendo una relación que trascendía las fronteras.

Hoy, cuando cualquier contenido puede verse desde un teléfono celular, resulta difícil imaginar aquella época en la que una simple antena apuntando hacia Montevideo abría una ventana a otra televisión.

Quizá por eso quienes vivieron aquellos años recuerdan con afecto esas noches en las que, con algo de paciencia y un poco de suerte, la pantalla dejaba de mostrar "lluvia" y aparecía, desde la otra orilla, una imagen que demostraba que el Río de la Plata también podía unir a través de la televisión.

Aquellas imágenes que cruzaban el Río de la Plata demostraban que la televisión podía acercar a dos pueblos separados por un río, pero unidos por una misma cultura rioplatense. Antes de internet y de las plataformas digitales, bastaba una buena antena, un poco de paciencia y una noche de buena propagación para que Montevideo entrara en los hogares argentinos. Para quienes vivieron esa época, no era solo televisión: era la emoción de descubrir otro país sin salir del living de casa.

Misceláneas

  • Durante las décadas de 1960, 1970 y parte de la de 1980, numerosas familias argentinas instalaron antenas de gran altura orientadas hacia Montevideo para captar los canales uruguayos.
  • La calidad de la imagen dependía de las condiciones atmosféricas. En algunas noches la recepción era excelente; en otras, la pantalla aparecía cubierta por la clásica "lluvia".
  • Además de Canal 4, Canal 10 y Teledoce, también podía sintonizarse Canal 5 SODRE, cuya programación cultural y educativa era muy apreciada por muchos televidentes.
  • La publicidad uruguaya, las cortinas musicales, las identificaciones de los canales y el estilo de sus conductores permitían descubrir aspectos de la vida cotidiana del Uruguay.
  • Antes de internet, la televisión fue uno de los principales puentes culturales entre argentinos y uruguayos, acercando a millones de espectadores de ambas orillas del Río de la Plata.
  • 14 agosto 2026

    LA REVOLUCIÓN CUBANA Y LA PROMESA INCUMPLIDA DE LA CONSTITUCIÓN DE 1940

     

    LA REVOLUCIÓN CUBANA Y LA PROMESA INCUMPLIDA DE LA CONSTITUCIÓN DE 1940

    Por Aurelio Nicolella

    Uno de los aspectos menos difundidos sobre los orígenes de la Revolución Cubana es que, en sus primeros años, una de las principales banderas del movimiento encabezado por Fidel Castro Ruz (1926-1916) era la restauración de la Constitución de 1940, considerada por numerosos constitucionalistas como una de las cartas magnas más avanzadas de América Latina para su época.

    Aquella Constitución, de orientación liberal y con un fuerte contenido social, había sido dejada de lado tras el golpe de Estado encabezado por Fulgencio Batista y Zaldívar (1901-1973) el 10 de marzo de 1952. Entre otras disposiciones, contemplaba la reforma agraria, derechos laborales, educación pública y diversas garantías sociales, por lo que simbolizaba para muchos cubanos el retorno al orden constitucional.

    Tras el golpe militar, Batista anuló las elecciones previstas para ese año. Fidel Castro, que se había postulado como candidato a diputado por el Partido Ortodoxo, quedó impedido de acceder al Congreso. A partir de entonces inició una creciente oposición al régimen, que culminó con el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Detenido y posteriormente amnistiado, partió al exilio en México, donde reorganizó el movimiento que finalmente desembarcaría en Cuba a bordo del Granma.

    En su alegato "La Historia me Absolverá" (1953), así como en otros documentos posteriores del Movimiento 26 de Julio, Fidel Castro sostuvo que uno de los objetivos fundamentales de la revolución era restablecer la Constitución de 1940 y convocar a elecciones libres una vez derrocado Batista. Sin embargo, ese compromiso nunca llegó a concretarse.

    En aquellos primeros años, el movimiento revolucionario reunía dirigentes con trayectorias e ideas muy diversas. Junto a Fidel Castro participaron figuras como Camilo Cienfuegos Gorriarán (1932-1959), Frank País García (1934-1957), Abel Santamaría Cuadrado (1927-1953) y Huber Matos Benítez (1918-2014), mientras que Raúl Castro Ruz (1931) y Ernesto "Che" Guevara (1928-1967) mantenían una identificación más cercana con el marxismo. Diversos historiadores sostienen que el rumbo ideológico de la revolución fue modificándose progresivamente tras la toma del poder, especialmente en el contexto de la Guerra Fría y del creciente enfrentamiento con los Estados Unidos.

    Durante los primeros meses del nuevo gobierno, Fidel Castro rechazó públicamente las acusaciones de que su revolución fuera comunista. El 19 de abril de 1959 afirmó que "el gobierno revolucionario no es comunista" y, durante su visita a Washington en ese mismo período, insistió en varias oportunidades en que la revolución tenía un carácter nacional y no respondía a doctrinas extremas.

    Asimismo, resulta significativo que en "La Historia me Absolverá" no aparezcan referencias expresas al marxismo, al leninismo, al socialismo o al comunismo, circunstancia que ha dado lugar a diversas interpretaciones sobre la evolución política posterior del proceso revolucionario.

    Con el paso de los años, el gobierno cubano adoptó oficialmente el marxismo-leninismo como doctrina del Estado y consolidó un sistema de partido único. Desde una perspectiva crítica, puede sostenerse que aquel proyecto inicial de restaurar la Constitución de 1940 y convocar a elecciones libres quedó definitivamente desplazado por un modelo político distinto al anunciado durante la lucha contra Batista.

    Más de seis décadas después, el debate continúa abierto entre historiadores y politólogos: para algunos, la revolución modificó su rumbo como consecuencia de las circunstancias internacionales; para otros, esa transformación respondió a una decisión política de su conducción. Lo indiscutible es que la restauración de la Constitución de 1940, presentada como uno de los objetivos iniciales del movimiento revolucionario, nunca llegó a materializarse.

    13 agosto 2026

    LOS ARGENTINOS QUE NO PODÍAN VOTAR - La historia olvidada de los Territorios Nacionales



    LOS ARGENTINOS QUE NO PODÍAN VOTAR - La historia olvidada de los Territorios Nacionales


    Por Aurelio Nicolella

    Hubo una época en la historia argentina en la que ser argentino no significaba necesariamente tener los mismos derechos políticos que otro argentino.

    Podía vivir en el territorio nacional, trabajar, formar una familia, pagar impuestos, tener una profesión, participar de la vida económica y social del país y, sin embargo, no contar con los mismos mecanismos de representación política que un ciudadano de una provincia.

    No se trataba de una colonia extranjera ni de territorios fuera de la soberanía argentina.

    Eran parte de la Argentina.

    Pero jurídicamente tenían un régimen diferente.

    Durante muchas décadas, desde fines del siglo XIX y hasta buena parte del siglo XX, enormes extensiones del territorio argentino fueron organizadas como Territorios Nacionales, bajo una administración fuertemente dependiente del Gobierno Nacional.

    La historia de aquellos territorios constituye uno de los capítulos menos conocidos de nuestro proceso de construcción federal.

    Y también plantea una pregunta que todavía sorprende:

    ¿Cómo podía existir una Argentina en la que miles de argentinos vivieran dentro de sus fronteras sin tener una ciudadanía política plena?

    Argentina fue un país que todavía estaba construyendo sus fronteras, después de la organización nacional, el Estado argentino comenzó a consolidar su presencia efectiva sobre extensas regiones que hasta entonces tenían una débil integración institucional.

    En 1884 se sancionó la Ley 1.532, que estableció la organización de los Territorios Nacionales. La norma fue uno de los instrumentos fundamentales mediante los cuales el Estado Nacional organizó políticamente esos espacios.

    Entre los territorios que se organizaron de esta manera estuvieron, entre otros, Chaco, Formosa, Misiones, La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, pero también existieron otros territorios históricos Territorio Nacional de Los Andes creado en 1899; comprendía sectores de la Puna y fue disuelto en 1943. Sus tierras fueron repartidas principalmente entre Jujuy, Salta y Catamarca.

    Territorio Nacional de la Patagonia, creado en 1878, antes de la organización de los territorios de 1884. Comprendía una enorme extensión patagónica y posteriormente fue dividido en otros territorios.

    Territorio Nacional de Misiones tuvo además una historia particular, porque antes de su organización definitiva como territorio nacional existieron diferentes formas de administración del espacio misionero.

    El mapa fue cambiando con el tiempo. La Ley 1.532 de 1884 es el punto fundamental para la organización de los Territorios Nacionales en la Argentina moderna. Posteriormente algunos fueron provincializados y otros desaparecieron o fueron redistribuidos.

    Cabe mencionar que el conflicto mundial de mitad del Siglo XX alcanzo al mapa de la República Argentina, asi en plena Segunda Guerra Mundial, el Estado argentino reforzó su presencia en la Patagonia. 

    En 1944 fue creada la Gobernación Militar de Comodoro Rivadavia, una jurisdicción que comprendía sectores de los Territorios Nacionales de Chubut y Santa Cruz, con capital en la ciudad de Comodoro Rivadavia. 

    La medida tuvo una fuerte importancia estratégica: la zona concentraba los yacimientos petrolíferos de la Cuenca del Golfo San Jorge y, al mismo tiempo, se encontraba en una región patagónica de especial sensibilidad geopolítica y fronteriza. 

    Durante once años, entre 1944 y 1955, esta Gobernación Militar constituyó una forma excepcional de administración directa del Estado Nacional sobre una parte de la Patagonia. 

    Su existencia demuestra que la cuestión patagónica no se limitaba a la discusión sobre la ciudadanía y la provincialización: también involucraba petróleo, defensa, soberanía, fronteras y control estratégico del territorio

    Con la provincialización de 1955, la Gobernación Militar fue disuelta y los territorios involucrados quedaron nuevamente integrados a las provincias de Chubut y Santa Cruz.

    De aquellos territorios surgieron nueve de las provincias actuales: Chaco, Formosa, Misiones, La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego.

    Además, Los Andes es un caso especial, porque no se convirtió en una provincia sino que su territorio fue distribuido entre provincias ya existentes.

    La idea original tenía un componente transitorio.

    Pero en la Argentina que aprendían los escolares durante esas décadas podían encontrarse en sus manuales de Geografía e Instrucción Cívica con una fórmula que hoy resulta sorprendente: “La República Argentina se compone de catorce provincias, diez Territorios Nacionales y una Capital Federal”. Aquella frase no era una simple enumeración geográfica.

    Detrás de ella existía una diferencia política fundamental: mientras las provincias contaban con autonomía y representación propia, los Territorios Nacionales dependían directamente del Gobierno Federal y sus gobernadores eran designados por el Poder Ejecutivo Nacional.

    De esta manera, generaciones de niños, jóvenes y también quienes realizaban el servicio militar obligatorio aprendían que el mapa argentino incluía grandes extensiones pobladas por argentinos que todavía no tenían el mismo grado de participación política que los habitantes de las provincias. Era una Argentina que todavía estaba completando su organización federal.

    El territorio debía desarrollarse, aumentar su población, consolidar sus instituciones y, llegado determinado momento, transformarse en una provincia.

    Pero aquello que originalmente debía ser una etapa de organización terminó prolongándose durante décadas.

    Y con ello también se prolongó una situación política particular.

    El gobernador no era elegido por los habitantes

    Una de las principales diferencias entre una provincia y un Territorio Nacional estaba en su organización política.

    En una provincia existía una autonomía política propia, con autoridades surgidas de la voluntad de sus habitantes.

    En los Territorios Nacionales, en cambio, el poder central tenía una presencia mucho más fuerte.

    El gobernador dependía del Poder Ejecutivo Nacional.

    Los habitantes del territorio no elegían a su gobernador como lo hacía una provincia.

    Esta situación tenía una explicación histórica: para el Estado Nacional, aquellos territorios todavía no habían alcanzado el grado de desarrollo institucional y demográfico necesario para convertirse en provincias.

    Pero el problema era que esa situación podía prolongarse indefinidamente.

    Y eso fue exactamente lo que ocurrió.

    La llegada de la Ley Sáenz Peña no resolvió el problema, en 1912 la Argentina produjo una de sus grandes transformaciones políticas.

    La Ley Sáenz Peña estableció el voto secreto y obligatorio y significó un cambio profundo en el sistema electoral argentino.

    Sin embargo, los habitantes de los Territorios Nacionales quedaron al margen de esa transformación en materia de elecciones nacionales.

    El propio Estado argentino reconoce que la Ley Sáenz Peña no tenía vigencia en los Territorios Nacionales, que además carecían de representación parlamentaria. Sus habitantes tenían derechos políticos restringidos.

    Aquí aparece una de las grandes paradojas de nuestra historia política.

    Mientras en las provincias se avanzaba hacia una ampliación de la participación electoral, existían argentinos que vivían en otras regiones del país y no participaban de la elección nacional de la misma manera.

    No elegían presidente en las mismas condiciones.

    No tenían diputados nacionales elegidos como los de las provincias,  no tenían senadores propios.

    Y, fundamentalmente, no tenían una representación política equivalente.

    Pero decir que “no votaban” requiere una aclaración

    La historia no fue absolutamente blanco o negro.

    En determinados municipios de los Territorios Nacionales existieron mecanismos de participación electoral local.

    La Ley 1.532 contemplaba la organización de municipios en determinadas localidades y permitía la elección de autoridades municipales bajo ciertas condiciones.

    Por eso, decir que “los habitantes de los Territorios Nacionales no podían votar” puede resultar históricamente impreciso si se lo toma en sentido absoluto.

    La cuestión fundamental era otra: no tenían una ciudadanía política nacional plena.

    Podían existir elecciones locales, pero eso no significaba que pudieran participar en igualdad de condiciones en la elección de las autoridades nacionales.

    La diferencia era enorme.

    Un vecino podía elegir una autoridad municipal y, al mismo tiempo, no tener la posibilidad de intervenir políticamente en la elección del presidente de la República eso en derecho político se denomina "ciudadanía restringida".

    La situación puede comprenderse mejor si imaginamos la vida de una familia de la época.

    Un trabajador podía instalarse en Chaco, Formosa, Neuquén , Río Negro, Santa Cruz o Tierra del Fuego.

    Podía levantar una casa. Podía trabajar en el campo, en una explotación forestal, en una actividad comercial o en una empresa.

    Sus hijos podían nacer allí, la familia podía pasar décadas viviendo en el mismo lugar. Pero políticamente seguía formando parte de un territorio administrado desde Buenos Aires.

    El gobernador era designado desde el poder central, o sea desde la Casa Rosada en Buenos Aires, por lo cual la representación política nacional era limitada y la autonomía institucional no era la de una provincia.

    La contradicción era evidente: la población crecía más rápidamente que sus derechos políticos. El país crecía y el sistema comenzaba a quedar chico

    Con el paso de las décadas, los Territorios Nacionales dejaron de ser espacios escasamente poblados.

    Las ciudades crecieron. Aparecieron escuelas, comercios, hospitales, juzgados, caminos, estaciones ferroviarias y nuevas actividades económicas. Se formaron comunidades estables.

    Nacieron generaciones enteras de argentinos que nunca habían conocido otra patria que aquella tierra.

    Ya no se trataba simplemente de poblaciones aisladas.

    Eran sociedades organizadas.

    Y comenzaron a aparecer reclamos para obtener la provincialización.

    La pregunta era inevitable:

    ¿Por qué una comunidad que había alcanzado una determinada madurez social y económica debía continuar dependiendo políticamente del Gobierno Nacional?

    Así comenzo el camino de la provincialización.

    Se debe decir que el proceso de transformación comenzó durante el gobierno de Juan Domingo Perón, mucho antes de convertirse en una de las figuras políticas más importantes de la Argentina, Juan Domingo Perón pasó parte de su infancia en la Patagonia, particularmente en Camarones, provincia del Chubut. 

    Allí llegó junto a su familia debido a las actividades laborales de su padre, Mario Tomás Perón que fue un productor agropecuario y funcionario de la administración de justicia local, llegando a ser Juez de Paz 1 de Camarones, con ello vivió de cerca la vida rural de aquellos territorios australes. 

    El contacto con los pobladores, los trabajadores de las estancias, los paisajes patagónicos y las duras condiciones de vida de aquella época formaron parte de sus primeros años y quedaron como una experiencia que el propio Perón recordaría posteriormente. 

    Camarones, pequeño pueblo frente al Atlántico, conserva hasta hoy la memoria de aquella etapa de la vida del futuro presidente argentino.

    El peronismo sabía que existía la cuestión patagónica y comprendía, además, una dimensión que iba mucho más allá de la organización administrativa. 

    Chile observaba con especial atención los territorios argentinos situados al sur, en una región atravesada por históricas disputas de límites y donde la presencia efectiva de ambos Estados resultaba fundamental ²

    En ese contexto, mantener durante generaciones a los habitantes de la Patagonia dentro de un régimen territorial, sin representación política nacional plena y con una autonomía muy limitada, podía convertirse en un problema de integración y de soberanía.

    No sería correcto afirmar que los patagónicos estuvieran dispuestos a “mirar con cariño a Chile”, porque no existen elementos suficientes para sostener semejante generalización; pero sí puede plantearse una preocupación política de fondo: un Estado que pretende consolidar su soberanía sobre una región fronteriza necesita que sus habitantes se sientan plenamente integrados a la Nación. 

    La provincialización podía cumplir también esa función y eso en tiempos del peronismo se entendia.

    No por casualidad, la Ley 14.408 de 1955 delimitó expresamente las nuevas provincias patagónicas teniendo como límite occidental la frontera con la República de Chile.

    La creación provisoria de una “Provincia de Patagonia” en 1955 resulta todavía más significativa. El Decreto 11.429 de ese año le dio ese nombre a la nueva provincia que comprendía territorios australes, aunque el proyecto sería posteriormente modificado por el gobierno de facto de la Revolución Libertadora, surgido en septiembre de 1955.

    En definitiva, la provincialización no debe analizarse solamente como una ampliación de derechos políticos. En la Patagonia también podía ser entendida como una política de integración territorial: poblar, institucionalizar, representar y fortalecer el vínculo entre los habitantes y el Estado argentino en una de las regiones más sensibles de la Nación.

    Es así que en 1951 se produjo un cambio histórico: los Territorios Nacionales del Chaco y La Pampa fueron declarados provincias mediante la Ley 14.037. La propia ley dispuso además la convocatoria a convenciones constituyentes y estableció que la elección de los convencionales se realizaría conforme a la ley nacional de elecciones y sobre la base del padrón nacional.

    Aquello significaba mucho más que modificar un nombre en un mapa.

    Significaba transformar el “status político” de cientos de miles de personas.

    El habitante de un territorio pasaba a ser ciudadano de una provincia.

    Y con la provincia llegaban nuevas instituciones, autoridades propias y representación política. En 1953 llegó el turno de Misiones, la Ley 14.294 declaró provincia al antiguo Territorio Nacional de Misiones. La norma contempló la organización institucional y estableció que, una vez constituida la administración provincial, cesaría la intervención de los poderes nacionales en los asuntos de orden provincial. También dispuso la elección de diputados y senadores nacionales.

    La transformación era profunda, la Nación, la Casa Rosada, dejaba de administrar directamente la vida política provincial.

    Nacía una nueva autonomía. En 1955: el gran mapa cambia, en junio de 1955 el Congreso sancionó la Ley 14.408, que dispuso la provincialización de otros Territorios Nacionales. La norma declaró provincias a los territorios de Formosa, Neuquén y Río Negro, y estableció también nuevas provincias en la Patagonia, incluyendo Chubut y Santa Cruz.

    El texto original contemplaba además la Tierra del Fuego, las islas del Atlántico Sur y el sector antártico argentino, aunque los fueguinos debierón esperar unas décadas.

    El mapa político argentino comenzaba a parecerse mucho más al que conocemos actualmente.

    Los antiguos territorios comenzaban a desaparecer.

    Y con ellos desaparecía una forma particular de ciudadanía.

    De pobladores a ciudadanos

    Hay una diferencia conceptual muy importante: "Un territorio pertenecía a la Nación, una provincia formaba parte de la Nación", porque tenía autonomía política propia.

    Por eso la provincialización significaba mucho más que obtener una nueva categoría administrativa.

    Significaba tener: autoridades provinciales; constitución propia; legislatura; justicia provincial; autonomía política; representación nacional; participación plena en el sistema federal.

    En otras palabras, significaba incorporarse plenamente al federalismo argentino.

    ¿Y qué ocurrió con Tierra del Fuego? ³

    La historia todavía tenía un último capítulo.

    Aunque la Ley 14.408 de 1955 había previsto la transformación institucional de los territorios australes, la cuestión de Tierra del Fuego permaneció durante décadas sin resolverse definitivamente.

    La situación se prolongó hasta 1990, en ese año, el Congreso sancionó la Ley 23.775, mediante la cual se declaró provincia al entonces Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.

    El propio Poder Ejecutivo, al promulgar la ley, calificó la provincialización como un paso importante para completar la organización federal de la Nación.

    Así llegó a su fin un proceso que había comenzado más de un siglo antes.

    Más de cien años para completar el mapa político

    La historia de los Territorios Nacionales comenzó formalmente en el siglo XIX y terminó recién en las últimas décadas del siglo XX.

    Durante ese extenso período, la Argentina fue construyendo su presencia institucional sobre enormes espacios.

    Primero fueron territorios, después llegaron las ciudades,  luego las instituciones y finalmente, las provincias.

    El proceso puede resumirse en una larga transformación:

    territorio → población → organización → ciudadanía → autonomía → provincia.

    Pero durante buena parte de ese camino existió una diferencia entre vivir en la Argentina y participar políticamente de ella en igualdad de condiciones.

    Una historia que merece ser recordada, hoy resulta difícil imaginar que una persona pudiera vivir durante décadas en territorio argentino y no tener los mismos derechos políticos nacionales que un habitante de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe o cualquier otra provincia.

    Sin embargo, esa fue nuestra realidad durante buena parte de la historia nacional.

    Los Territorios Nacionales fueron una solución institucional para una Argentina que todavía estaba consolidando sus fronteras y organizando su Estado.

    Pero aquella solución transitoria terminó convirtiéndose en una situación que duró generaciones.

    Miles de personas nacieron y murieron siendo habitantes de un Territorio Nacional.

    Sus hijos crecieron allí, sus familias construyeron pueblos y ciudades, trabajaron la tierra, construyeron caminos, impulsaron comercios y poblaron regiones enteras.

    Y, sin embargo, durante mucho tiempo no tuvieron una representación política equivalente a la de los ciudadanos de las provincias.

    La provincialización corrigió finalmente aquella desigualdad institucional.

    Pero dejó una enseñanza que todavía conserva vigencia: la ciudadanía no consiste solamente en pertenecer a una Nación. También significa tener la posibilidad efectiva de participar en las decisiones que determinan su destino.

    La historia de los Territorios Nacionales es, en definitiva, la historia de una Argentina que tardó más de un siglo en completar su federalismo.

    Y quizás por eso merezca volver a ser contada.

    Porque detrás de aquellos viejos mapas no había simplemente territorios.

    Había argentinos.


    NOTAS: 

    (1) A comienzos del siglo XX, ser Juez de Paz en un pueblo patagónico como Camarones era una función mucho más amplia de lo que hoy imaginamos. En localidades pequeñas y alejadas de los grandes centros urbanos, el juez de paz era una de las principales autoridades del lugar y actuaba como una referencia institucional para los vecinos.

    En la práctica, intervenía en conflictos entre pobladores, cuestiones civiles de menor cuantía, certificaciones y trámites, y podía participar en determinadas actuaciones vinculadas con la policía y el orden local. También cumplía funciones relacionadas con registros, documentos y comunicaciones oficiales, en una época en la que las distancias y la falta de caminos y medios de comunicación hacían que la presencia del Estado fuera muy limitada.

    En ese contexto debe entenderse la experiencia de Mario Tomás Perón en Camarones. Su hijo, Juan Domingo, creció siendo niño en una Patagonia muy diferente de la actual: estancias aisladas, trabajadores rurales, comerciantes, pobladores y largas distancias. Ese contacto temprano como se dijo con el mundo rural patagónico formó parte de la infancia del hombre que décadas después llegaría a la Presidencia de la Nación.

    (2) La Patagonia oriental y una preocupación chilena y argentina. Durante décadas, en los debates políticos y parlamentarios de Chile apareció una preocupación que tenía una fuerte dimensión geopolítica: mientras la Argentina consolidaba su presencia sobre la Patagonia Oriental, miles de trabajadores y familias provenientes del sur de Chile cruzaban la cordillera en busca de trabajo y mejores oportunidades. Para algunos sectores chilenos, aquella migración representaba una paradoja histórica: territorios que Chile consideraba perdidos o disputados estaban siendo poblados por sus propios ciudadanos, pero bajo soberanía argentina. En el Congreso Nacional chileno llegó a advertirse que esos hombres y mujeres, junto con sus hijos y nietos, podían terminar convirtiéndose en argentinos, profundizando así el arraigo definitivo de la población chilena dentro de la Patagonia argentina. Un debate que revela hasta qué punto, más allá de los tratados y las fronteras dibujadas en los mapas, el verdadero poder sobre un territorio también se construye mediante su población y su presencia permanente.

    La situación tampoco pasó inadvertida para Buenos Aires. El gobierno central argentino comenzó a comprender que la soberanía no se defendía solamente trazando una frontera sobre un mapa, sino también poblando, comunicando e integrando efectivamente ese territorio al resto del país. La importante presencia de trabajadores y familias provenientes de Chile en distintas zonas patagónicas generó preocupación en sectores del Estado nacional, particularmente cuando las relaciones con el país vecino atravesaban períodos de tensión. De allí surgieron políticas destinadas a “argentinizar” la Patagonia: escuelas, caminos, comunicaciones, organismos nacionales y una mayor presencia del Estado. En definitiva, detrás de aquella preocupación existía una cuestión fundamental: quien poblaba y hacía suyo un territorio contribuía también a consolidar la soberanía sobre él.

    (3) El 3 de abril de 1982, un día después de la recuperación de las islas, la Junta Militar dictó el "Decreto Secreto" N.º 681/82, mediante el cual se constituyó la Gobernación Militar del territorio de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, con vigencia desde las 00:00 de ese mismo día.

    El primer y único gobernador militar durante el conflicto fue el general de brigada Mario Benjamín Menéndez, quien asumió el cargo el 7 de abril de 1982. La Gobernación tuvo su sede en Puerto Argentino y quedó bajo una estructura militar destinada a administrar el territorio recuperado y organizar su defensa frente a la respuesta británica.

    Hay además una diferencia histórica importante: no debe confundirse esta Gobernación Militar de 1982 con la Comandancia Política y Militar creada en 1829 por Luis Vernet. Aquella fue una estructura de gobierno argentino establecidas décadas antes de la ocupación británica de 1833.

    La Gobernación Militar de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur no fue disuelta inmediatamente después de la rendición del 14 de junio de 1982. Continuó existiendo jurídicamente hasta el 15 de mayo de 1985, cuando el presidente Raúl Alfonsín dictó el Decreto N.º 879/85, que derogó el decreto que había creado la Gobernación y reintegró esos territorios al entonces Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.

    (4) El olvidado Territorio del Bermejo, Hubo un tiempo en que la actual provincia de Formosa no se llamaba Formosa. Después de la Guerra de la Triple Alianza, aquella extensa región del norte argentino comenzó a organizarse bajo distintas denominaciones y fue conocida como Territorio o Gobernación del Bermejo, tomando su nombre del gran río que atraviesa el Chaco. La fundación de Formosa, el 8 de abril de 1879, fue un paso decisivo en la presencia efectiva del Estado argentino en la región. Finalmente, la Ley Nacional 1.532, sancionada el 16 de octubre de 1884, organizó los Territorios Nacionales y estableció el Territorio Nacional de Formosa, al norte del río Teuco-Bermejo, separándolo del Territorio Nacional del Chaco. Aquel antiguo nombre, hoy casi olvidado, recuerda una época en la que el Estado argentino buscaba afirmar su presencia, poblar y organizar una de las regiones más remotas del país. 

    La Ley Nacional N.º 1.532, sancionada el 16 de octubre de 1884, organizó los llamados Territorios Nacionales y estableció el Territorio Nacional de Formosa, separado administrativamente del Territorio Nacional del Chaco. De esta manera comenzó a tomar forma institucional una región que hasta entonces había tenido una presencia estatal mucho más limitada.

    El nombre Bermejo quedó así ligado a una etapa de la historia territorial argentina que hoy puede resultar desconocida para muchas generaciones. Aquellos territorios, administrados directamente por el Gobierno Nacional, fueron progresivamente poblados, organizados y comunicados con el resto del país, hasta que décadas más tarde dejaron de ser territorios nacionales para convertirse en provincias. En ese largo proceso se encuentra el origen de la actual provincia de Formosa, pero también la memoria de una Argentina que todavía estaba construyendo sus fronteras interiores y afirmando su presencia sobre enormes extensiones de territorio.

    (5) De Confluencia a Neuquén El territorio que hoy conocemos como Neuquén tuvo una historia administrativa particular. La Ley 1.532 de 1884 creó el Territorio Nacional del Neuquén, bajo la autoridad directa del Gobierno Nacional. Su primera capital fue Ñorquín, luego Campana Mahuida y, desde 1888, Chos Malal. Pero el crecimiento de la zona ubicada en la confluencia de los ríos Neuquén y Limay cambiaría definitivamente la historia regional. En 1904, el gobernador Carlos Bouquet Roldán decidió trasladar allí la capital del territorio. El antiguo paraje Confluencia pasó entonces a convertirse en la nueva capital del Neuquén, dando origen a la ciudad que hoy conocemos como Neuquén capital.


    CUADRO SINÓPTICO

    LOS TERRITORIOS NACIONALES Y LA CONSTRUCCIÓN DEL FEDERALISMO ARGENTINO

    1878 — TERRITORIO NACIONAL DE LA PATAGONIA
    Antecedente de la posterior organización de los territorios patagónicos. Comprendió una enorme extensión del sur argentino y posteriormente fue reorganizado.
    1884 — LEY 1.532
    Organización de los Territorios Nacionales. Dependencia del Gobierno Nacional y gobernadores designados por el Poder Ejecutivo.
    1899 — TERRITORIO NACIONAL DE LOS ANDES
    Comprendía sectores de la Puna. Fue disuelto en 1943 y no se convirtió en provincia. Su territorio fue distribuido entre Jujuy, Salta y Catamarca.
    LA ARGENTINA QUE APRENDÍAN LOS ESCOLARES
    “La República Argentina se compone de catorce provincias, diez Territorios Nacionales y una Capital Federal.”
    La fórmula reflejaba la organización territorial que se enseñaba en los manuales de Geografía e Instrucción Cívica.
    CIUDADANÍA POLÍTICA RESTRINGIDA
    Los habitantes de los Territorios Nacionales eran argentinos, pero no tenían la misma participación política nacional que los ciudadanos de las provincias. En determinadas localidades podían existir elecciones municipales.
    1912 — LEY SÁENZ PEÑA
    El voto secreto y obligatorio transformó el sistema electoral nacional, pero los Territorios Nacionales continuaron sin representación nacional equivalente a la de las provincias.
    1944 — GOBERNACIÓN MILITAR DE COMODORO RIVADAVIA
    Se crea una jurisdicción integrada por sectores de los Territorios Nacionales de Chubut y Santa Cruz, con capital en Comodoro Rivadavia.
    Su importancia estuvo vinculada con el petróleo de la Cuenca del Golfo San Jorge, la defensa, la soberanía y la geopolítica patagónica.
    PATAGONIA, CHILE Y SOBERANÍA
    La Patagonia era una región fronteriza y estratégica. La integración política de sus habitantes podía entenderse también como una política de soberanía: población, instituciones, comunicaciones, actividad económica y ciudadanía fortalecían la presencia efectiva del Estado argentino.

    No corresponde afirmar que los patagónicos quisieran “mirar con cariño a Chile”, pero la cuestión fronteriza hacía especialmente importante su plena integración nacional.
    1951 — CHACO Y LA PAMPA
    Chaco → Provincia Presidente Perón
    La Pampa → Provincia Eva Perón
    Comienza una etapa decisiva de provincialización.
    1953 — MISIONES
    El antiguo Territorio Nacional de Misiones se transforma en provincia.
    1955 — GRAN PROVINCIALIZACIÓN
    Se provincializan Formosa, Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz.
    La Gobernación Militar de Comodoro Rivadavia es disuelta y los territorios involucrados quedan nuevamente integrados a Chubut y Santa Cruz.
    1955 — “PROVINCIA DE PATAGONIA”
    El Decreto 11.429/55 estableció provisoriamente esa denominación para una extensa unidad territorial austral.
    DESPUÉS DE 1955
    Provincia Presidente Perón → Chaco
    Provincia Eva Perón → La Pampa
    1990 — TIERRA DEL FUEGO
    La Ley 23.775 convierte al último Territorio Nacional en provincia:
    Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.
    DE POBLADORES A CIUDADANOS
    La provincialización significó autonomía, autoridades propias, constitución provincial, legislatura, justicia, representación nacional y participación plena en el sistema federal argentino.
    TERRITORIO → POBLACIÓN → INSTITUCIONES → CIUDADANÍA → AUTONOMÍA → PROVINCIA

    Detrás de aquellos viejos mapas no había simplemente territorios: había argentinos.