“La libertad de expresión es como la salud: cuando falta se da cuenta uno de lo que perdió. Sin ella, el ser humano pierde la dignidad como tal. Por lo tanto, todos debemos luchar para conservarla y pasarla a nuestros hijos, como la mejor herencia. AURELIO NICOLELLA

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LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y EL POPULISMO PUNITIVO

Por Aurelio Nicolella

Los medios de comunicación desde fines del siglo XX a nuestros días han dado un giro
inesperado en cuanto a noticias e informaciones que proporcionan a la sociedad. Hoy cualquier noticia, siempre que sea importante para acaparar al informado-espectador, es transmitida instantáneamente aunque la misma se haya producido en las antípodas del lugar de residencia del que la recibe. Desde ya entra a tallar los ratings y eso conlleva a generar dinero para los medios que provienen de las propagandas.
Son pocos los medios, hoy en la Argentina Siglo XXI, que puedan merecer el mérito de que informan a sus lectores o espectadores.

Hasta aquí podríamos casi justificar el hecho de que empresas y medios periodísticos utilicen una información para poder subsistir, en un sistema capitalista cada vez más agresivo. En cambio lo que no se puede justificar el mal que hacen a la sociedad toda, cuando presentan la noticia cruda, tal cual la reciben con el único fin de alcanzar un buen rating, que es sinónimo de dinero.
No se trata de que apliquen autocensura, sino de no escandalizar al público, dar la noticia y no hacer un show mediático de la misma.

En la forma que informan hoy la mayoría de los medios de comunicación, diarios, radios y los canales de televisión de noticias principalmente los de cable, confunden a la opinión pública, dando una sensación de incertidumbre, impunidad e inseguridad.
Todo ello acarrea a que el propio pueblo receptor de esas noticias piense que el camino real a esas soluciones es la aplicación de la “mano dura”, aunque con ello se llegue a perder derechos y dignidades que toda comunidad debe privilegiar y no claudicar, porque han llevado décadas de lucha y conquista llegar a ellos.

La sociología jurídica-penal ha acuñado el término “populismo punitivo o penal” para denominar a aquellas tendencias políticas orientadas a ofrecer respuestas “rápidas” y “eficaces” a los problemas de seguridad de una sociedad a través de la ampliación del sistema penal y de un funcionamiento reactivo y represivo de este como respuesta primordial. Es un típico discurso maniqueo que divide a la sociedad entre buenos ciudadanos, decentes y honrados y malos ciudadanos sinónimo de delincuentes.

Es una manera de pedirle a los poderes públicos una mayor eficacia contra el delito, que su característica principal es la continua acción represiva, siempre dirigida contra el diferente, al que no encaja en la sociedad.

Para que exista “populismo represivo o penal” deben participar tres actores fundamentales: la ciudadanía, eternamente insatisfecha porque no vislumbra el final de sus preocupaciones, ve que sus miedos se agigantan y sus ansiedades se acentúan; los medios de comunicación, que ejercen de altavoz atronador de determinados hechos para situarlos a la base de las preocupaciones colectivas, activando la alarma, manipulando las emociones; y por último, los políticos, los institucionales, y los que deben velar para la seguridad ciudadana, que acorralados por los otros dos actores atinan únicamente a aplicar más severidad, mas castigo, escapando a darle una solución profunda a la situación, usan la “teoría de barrer y esconder la basura debajo de la alfombra”.

Lo cierto es que los medios de comunicación colaboran, a veces a incorporar ese pensamiento en la sociedad; es que el populismo punitivo que a veces se pretende implementar, por acción o por omisión, hace creer que la solución es sencilla. Y pensar ello es un fraude además de ser inmoral e irresponsable en tratar de solucionar una situación social que debe ser tomada como una política de estado a largo plazo y no como una política populista y demagógica con el fin de conseguir votos. Se debe partir del hecho que la inseguridad no tiene solución mágica y que no se resolverá de la noche a la mañana.
Acertadamente el filósofo jurista Roberto Gargarella, manifiesta que “…El populismo penal es un virus especialmente nocivo que recorre la Argentina de un extremo a otro, cada vez que algún hecho criminal logra capturar la indignación colectiva…”, así es como se alza la voz popular pretendiendo expresar irritación y pidiendo a gritos que cese la inseguridad que le rodea.

El problema de la inseguridad hay que enfrentarlo con racionalidad, realismo e inteligencia, usando los medios que ofrece el Estado de derecho, del cual deben participar los gobernantes, los medios de comunicación que deben informar y no tratar de deformar las noticias tratando de vender las noticias como si fueran mercadería o “pescado podrido”, y los ciudadanos que deben procesar la información-noticia, opinando con seriedad y con mayor grado de participación ciudadana en las instituciones de la Democracia.

Lo preocupante es que en nuestra sociedad se ha instalado, en ciertas capas sociales una suerte de solicitar “cárcel para todos” como solución a los males nacionales que nos aquejan, espero que sea dicho pensamiento algo pasajero, porque  ello daría paso a los que sociólogos jurídicos llaman el “micropenalismo”: detengamos al niño que ha roto un cristal con su pelota cuando jugaba alegremente con sus amigos, apliquemos la pena con todo su rigor, que aprenda antes de embarcarse en transgresiones mayores y de paso, enviemos a la población un mensaje de eficacia, de mano dura, de que la tolerancia hacia la “delincuencia” ha concluido o al menos la tenemos controlada. 

Crearemos una sociedad atemorizada en donde ya ni los medios de comunicación podrán informar libremente como hoy lo hacen, evitarlo todo ello esta en la obligación de saber ejercer las libertades que nos da la democracia, entre ellas la de la libertad de informar y ser informado.